Tayikistán: una Iglesia joven que sigue creciendo

Declaraciones del superior de esta Misión 'sui iuris', padre Carlos Ávila

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Por Nieves San Martín

DUSHANBE, 1 octubre 2012 (ZENIT.org).- La Misión sui iuris erigida el 29 de septiembre de 1997 por el papa Juan Pablo II en Tayikistán celebra su XV aniversario. Poco a poco, esta Iglesia joven que existe en el territorio desde hace unos cuarenta años se va consolidando y creciendo. La misión fue encomendada al Instituto del Verbo Encarnado (IVE) y fue nombrado superior eclesiástico de la misma el padre Carlos Ávila, de origen argentino, como el mismo Instituto.

Las misiones sui iuris son aquellos territorios de Misión que no forman parte de algún Vicariato o de alguna Prefectura Apostólica. Dichos territorios son conducidos por un superior eclesiástico del cual dependen las estaciones misioneras y el personal misionero del territorio.

“Hoy en Tayikistán –explica el padre Carlos Ávila a ZENIT- existen tres parroquias bajo las advocaciones de San José, San Roque y Santa Teresa del Niño Jesús. En el territorio trabajan cuatro sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado, tres religiosas del Instituto del Señor y de la Virgen de Matará, también de origen argentino, y cuatro de las misioneras de la caridad de la Madre Teresa de Calcuta”.

“Además, en estos quince años --añade--, Dios nos ha bendecido con algunas vocaciones de jóvenes del mismo Tayikistán, entre los cuales se cuentan tres seminaristas y tres religiosas”.

La Iglesia católica en Tayikistán existe aproximadamente desde hace unos 40 años. Sin embargo, a partir del año 1974 comienza a desarrollarse y tener una estructura más sólida cuando los fieles católicos construyen los primeros templos en la ciudad de Dushanbe y en el sur, en la ciudad de Kurgan Tubie.

Los primeros católicos, en su mayoría de nacionalidad alemana, llegaron de Rusia, Ucrania y Lituania, en las deportaciones de la época de la Unión Soviética. “Fueron ellos los pioneros que trajeron la semilla de la fe católica”, recuerda el padre Ávila.

La comunidad católica en Tayikistán estuvo durante muchos años aislada de la Iglesia católica del resto del mundo y de su centro en Roma debido al régimen comunista, y esta circunstancia contribuyó a la identificación de la Iglesia católica con una suerte de “Iglesia alemana” y así era denominada por la gente del lugar, porque la mayoría de los católicos eran de nacionalidad alemana y el alemán era la lengua usada en la liturgia.

Durante muchos años la comunidad católica fue creciendo y llegó a ser una de las más numerosas de la Unión Soviética.

A partir de la trágica guerra civil de 1992-1993, comienza el gran éxodo no solo de los fieles católicos, sino también de una gran mayoría de otras etnias, que deciden abandonar el país por una situación difícil de sostener.

“Los templos católicos empezaron a quedarse vacíos y hubo algún tiempo en que ni siquiera hubo sacerdotes. La comunidad católica se sostuvo gracias al esfuerzo de los pocos fieles que quedaron y a la valiosa asistencia espiritual y material que brindaron las misioneras de la caridad de la Madre Teresa de Calcuta, que no permitió la total dispersión de la comunidad”, recuerda el superior de la Misión.

En esos años comenzaron a llegarsacerdotes de manera periódica, de la cercana república de Kazajistán, para atender las necesidades más apremiantes de los fieles.

“De este modo –concluye el padre Carlos Ávila--, la Iglesia Católica a pesar de los difíciles momentos por los cuales tuvo que atravesar se mantiene de pie. La caída de la Unión Soviética fue problemática en todos los aspectos, a eso hay que sumarle lo trágico de una guerra civil, que fue causa de que muchos fieles tuviesen que abandonar el país. A pesar de todo, la Iglesia católica en Tayikistán no dejó de existir, al contrario, comienza a crecer, a renacer una nueva comunidad, con características propias, que ya no es identificada con la antigua denominación de la 'Iglesia alemana' sino con la Iglesia Católica Apostólica Romana”.