Terminado el borrador de la Carta europea de Derechos Humanos

Francia no quiso reconocer los valores «religiosos» comunes

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BRUSELAS, 29 sep (ZENIT.org).- Los «padres fundadores» de la que podría ser la futura constitución europea --la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión-- acabaron el pasado día 26 de septiembre su tarea de redacción, tras meses de encuentros.



La palabra pasa ahora a los políticos que deberán dar a finales de año en Niza su visto bueno al documento de 53 artículos, verdadera «piedra angular» de los valores sobre los que deberá basarse la construcción europea.

Han trabajado duro los «padres fundadores», reunidos en la llamada «Convención» que reúne a exponentes de los parlamentos nacionales, representantes personales de los jefes de Estado o de Gobierno y a funcionarios de la Comisión Europea.

En la cumbre de Colonia, en junio de 1999, fue lanzada la idea de trabajar en la compilación de una Carta de Derechos Fundamentales para dar más visibilidad a la protección de los derechos en la Unión Europea (UE) y para «poner de relieve su excepcional valor en la vida de los ciudadanos europeos».

Llevada sucesivamente a la cumbre europea extraordinaria de Tampere, el 15-16 de octubre de 1999, que por primera vez afrontó cuestiones relativas al sector de Justicia e Interior, la idea se ha concretado en la creación de una estructura encargada de elaborar un proyecto de Carta. Nació así la llamada «Convención», compuesta por 15 representantes de jefes de Estado y de Gobierno, de un representante del presidente de la Comisión Europea Romano Prodi (se trata del comisario de Justicia e Interior de la UE, el portugués Antonio Vitorino), de 16 diputados europeos y de 30 diputados nacionales. La Convención se puso inmediatamente a trabajar. Eligió a su presidente, el ex presidente de la República Federal Alemana, Roman Herzog, y a partir de enero de 2000, ha organizado una serie de audiencias públicas involucrando a la sociedad civil europea.

Las reuniones de la Convención han sido abiertas al público y los documentos elaborados han sido puestos en Internet (http://db.consilium.eu.int/df/default.asp?lang=es), dentro de una postura de máxima transparencia. Entre las audiencias públicas, la más importante tuvo lugar el 26 de abril pasado con organizaciones no gubernamentales (unas 70) entre ellas las de carácter confesional y religioso, las de defensa de los derechos humanos y organizaciones civiles de todo tipo.

El 28 de julio surgió el primer borrador compuesto de 52 artículos, subdivididos en siete capítulos y precedidos de un preámbulo. Surgió un obstáculo. Francia no quería que en el preámbulo se hiciese referencia a la herencia religiosa de los pueblos europeos. «Inspirándose en su herencia cultural, humanística y religiosa --se leía en el texto-- la Unión se funda sobre principios indivisibles y universales de dignidad de la persona». Se ha logrado un arreglo eliminando la palabra «religiosa» y sustituyéndola con la expresión «patrimonio espiritual y moral».

Según comenta hoy el diario de la Conferencia Episcopal Italiana «Avvenire», la redacción actual de la carta «es fruto de un arreglo entre las muchas almas y las diversas culturas de la Europea de los Quince» países pero esto, en su opinión, «no debe ocultar el alcance innovador de esta piedra angular», especialmente en el momento en el que Europa afronta el delicado proceso de ampliación hacia el Este.