Tomar las riendas de Justicia y Paz

El cardenal Turkson habla sobre el futuro del dicasterio

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Por Edward Pentin



ROMA, viernes, 29 enero 2010 (ZENIT.org).- El cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson es el más veterano oficial africano en la Curia romana.

La pasada semana, el ex arzobispo de Cape Coast, Ghana, de 61 años, recibió las riendas como presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz del cardenal Renato Martino, que renunció a su puesto por razones de edad.

Hablando con él el martes en su despacho, en el distrito del Trastevere de Roma, subraya que es demasiado pronto para comunicar sus planes precisos para el dicasterio, pero ofrece un par de comentarios sobre su probable dirección futura.

Inspirándose en su substrato africano, espera aportar el “gran aprecio por la solidaridad” del continente para el trabajo del consejo. Un tema principal en el sínodo para África del año pasado –en el que fue relator general- fue “un sentido común de la fraternidad de la humanidad” que, cree, “será un largo camino para crear comprensión y la prosecución de lo que es bueno”

Espera que su segunda mayor contribución sea un agudo sentido de justicia, agudizado a través de su experiencia de vida en África donde los países han caído desde hace tiempo víctimas de gobiernos injustos o de la explotación extranjera. “Si miráramos a esto, si esto pudiera ser mejorado, habría un largo camino para establecer la paz porque hay mucha gente en África que lo espera”.

Pero no desea dar a conocer ningún plan ulterior, prefiriendo en cambio asumir su liderazgo de Benedicto XVI. Una de las primeras tareas que se ha impuesto es tener una audiencia privada con el Santo Padre para preguntarle sobre su visión para el consejo. “Reconozco que él es la cabeza, y todos los dicasterios están para ayudarle a desempeñar la misión y ministerio de la Iglesia –afirma--.

De manera que no desearía tener ninguna agenda que fuera una variación de lo que el hace”. Se propone visitar a todos los presidentes de dicasterios con su segundo, el obispo Mario Toso, que es también relativamente nuevo en el dicasterio.

En síntesis, espera construir sobre lo que el cardenal Martino ya ha logrado: “Si los africanos quisieran excusar mi expresión, ¡no deseo ser como un jefe de Estado africano!, bromea. “Cuando llega un nuevo gobierno, se lleva por delante todo lo que se hizo antes, acusándole de corrupción. En cambio, deseo mantener un sentido de continuidad, para descubrir lo que ha sucedido, y cuánto tiempo tiene”.

Nacido, de madre metodista y padre católico, en Wassaw Nsuta, en Ghana occidental, el cardenal Turkson estudió en el seminario St. Anthony-on-Hudson en Nueva York antes de ser ordenado sacerdote de Cape Coast en 1975. Fue a hacer el doctorado en el Instituto Pontificio Bíblico de Roma antes de ser nombrado arzobispo de Cape Coast, en 1992. Juan Pablo II le hizo cardenal en 2003, a la edad de 55 años, siendo entonces uno de los más jóvenes miembros del colegio de cardenales.

Su nombramiento como relator general del Sínodo para África el año pasado le señaló como alguien en ascenso. Algunos incluso hablaron de él como un serio competidor al papado y un posible primer papa negro. Ríe por la alusión, y repite lo que dijo en una rueda de prensa durante el sínodo: que cuando un sacerdote acepta su vocación, también debe aceptar la posibilidad de llegar un día a ser obispo o cardenal. Si esto lleva a que un sacerdote africano llegue a ser Papa, pregunta, “¿por qué no?”. Pero no cree que sea necesariamente probable, consciente de que el mundo es todavía “bastante sensible” al color. “Como Elí dijo en el libro de Samuel –añade--, Dios es Dios, hará lo que agrada a sus ojos, por tanto dejémoslo a El”.

Dos temas concretos probablemente preocuparán al dicasterio del cardenal Turkson en los años venideros. El primero es cómo los gobiernos y el mundo financiero responden a la crisis económica, y en qué medida la encíclica social de Benedicto XVI  Caritas in Veritate está siendo seguida por los líderes mundiales (el documento pone el acento en la raíz de la actual crisis como una ausencia de moralidad, ética y verdad).

Aunque dice que es demasiado pronto para decir si la reforma en torno a las líneas de la Caritas in Veritate se están siendo emprendiendo, el cardenal Turkson cree que la gente está escuchando. “Lo que puedo decir seguro es que el interés de los gobiernos del mundo por prestar atención a lo que el Papa dice se ha hecho más fuerte que antes –afirma--. Este interés es, para mí, quizás lo más positivo, alguien finalmente está escuchando”. Reconoce que si ellos actúan o no de acuerdo a las palabras del Santo Padre es otra cosa, pero se alegra de la atención que está generando.

Un segundo tema principal será el medio ambiente, un asunto de gran preocupacioón para Benedicto XVI. Es escéptico sobre que el punto de vista del Santo Padre esté  generando “una nueva teología” del medio ambiente, como alguno ha sugerido. “Se trata más bien de aceptar una conciencia del medio ambiente”, afirma. El cardenal subraya que la palabra clave que une la Caritas in Veritate y su Mensaje del Día Mundial de la Paz, que conecta el cuidado del medio ambiente con la paz, es “solidaridad”.

Hasta ahora, ha sido normal referirse a un sentido del hombre de cuidado de la creación, que ha sido el modo religioso, teológico de presentarlo –explica--. Ahora es su solidaridad: que nuestra vida en la tierra depende tanto de la tierra como de nosotros. Por tanto, es como un tipo de relación simbiótica lo que necesitamos apreciar más ahora que nunca”.

El cardenal Turkson rechaza cualquier noción de que la justicia social sea una preocupación predominantemente de la izquierda, viendo esta percepción como un residuo de la teología de la liberación de los años 60 y 70. “Siguiendo la intuición del Concilio Vaticano II para este dicasterio, su tarea es reflejar y traducir la doctrina de la Iglesia en temas sociales –dice--. Pienso que es una preocupación muy válida, lo que esta oficina trata de implementar, y en este sentido no veo esto como una agenda de izquierdas”. Pero cree que es necesario “estar alertas y vigilantes de que no sea secuestrada” por ideologías políticas.

Esto nos lleva a una de las pesadillas del cardenal: la pobre catequética en África, tanto de los laicos como de los fieles, que tiende a empeñar la mente pero no el corazón, conduciendo por tanto a la superficialidad. El cristianismo, subraya, tiene que ver con un acontecimiento, una experiencia y en último término conversión. Demasiado a menudo, dice, la catequesis ha sido enseñada de un modo que limitaba a Jesús a información e ideas, en lugar de enseñanza y experiencia de Él. La fe es a menudo enseñada de memoria y esto, teme, tiene consecuencias.

“Podemos concluir que tenemos gente en los seminarios que nunca ha tenido una experiencia real de Jesús, sólo una noción de cualquier tipo de Jesús, y esto se está perpetuando –se lamenta--. No puedes dar lo que no tienes”.

Le comento que esto es quizás también un problema en Occidente. “¡No quería decir eso! –ríe--, pero puede muy bien ser la fuente de la crisis de fe aquí”. Los católicos que no han experimentado a Jesús de este modo, sino que se centran meramente en la razón,  tienen más probabilidad de ser persuadidos por otra persona “que parece más convencida y más lógica”, dice.

Su firme agarre en la fe y la razón, y su reconocimiento de la necesidad de solidaridad, es un buen augurio para su futura colaboración con el Santo Padre.

Añádase a esto su apertura, franqueza y buen humor, y el cardenal Turkson está lleno de promesas como nuevo presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz.

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Edward Pentin es un escritor independiente que vive en Roma. Se puede comunicar con él en: epentin@zenit.org.

[Traducción del inglés por Nieves San Martín]