Top manager versus super woman: de cuando la realización femenina consistió en hacer lo que hacían los hombres

A propósito de libro ''Involúcrate'', de Sheryl Sandberg

Roma, (Zenit.org) Jorge Enrique Mujica | 1279 hits

El libro se llama Involúcrate (Lean In) y la autora es una de las banderas del feminismo joven en los Estados Unidos: Sheryl Sandberg, número dos de Facebook. El libro apunta a que las mujeres se tomen más en serio sus carreras y no pierdan la ambición de ir cada vez a puestos más altos. Como bien subraya Aceprensa («Mujeres directivas: ¿falta de ambición o de tiempo?», 03.04.2013), «a las pinceladas de psicología femenina se añaden datos estadísticos y explicaciones de algunos otros estereotipos».

La directora de operaciones de Facebook no es la única que en el primer cuatrimestre de 2013 lidera la bandera del feminismo estadounidense. Marissa Meyer es CEO de Yahoo y su nombre ha recorrido la prensa a raíz de su decisión de hacer volver a las oficinas –a partir de junio de 2013– a los trabajadores de Yahoo que lo hacían desde sus casas. Como bien dijo Francesco Tortora en Il Corriere della Sera del 12 de marzo: «Una verdadera tragedia para las mujeres que tienen hijos pequeños y no saben a quién dejárselos».

Más allá de los errores estadísticos del libro de Sandberg (la directora de TIME Ideas, Ruth Davis Konigsberg, ha evidenciado que las equiparaciones salariales entre hombres y mujeres que hace la número dos de Facebook no coinciden con los reales, proporcionados por el US Bureau of Statistics), y con los comentarios acerca del diagnóstico equivocado en Involúcrate (por ejemplo el de directivas como Jody Greenstone Miller, fundadora y ejecutiva del Bussines Talent Group), la principal “contestación” ha venido de una ex top manager.

Erin Callan fue directora financiera de Lehman Brothers y en The New York Times publicó un artículo ("Is there life after work?", 10.03.2013) donde abiertamente invita a las mujeres a no desperdiciar todas sus energías por la carrera laboral porque ni vale la pena ni hace mejor la vida.

«Desde que dejé el trabajo en Lehman tuve todo el tiempo para reflexionar sobre la proporción de tiempo dedicada al trabajo respecto a la dedicada a mi vida. Algunas veces encuentro a chicas jóvenes que dicen admirarme por lo que logré. Trabajé duramente por 20 años y ahora puedo pasar los próximos 20 años haciendo otras cosas. Pero esto no es equilibrio. No se lo deseo a nadie. Hasta hace poco tiempo pensaba que centrarme en la carrera era la cosa más importante para tener éxito. Pero ahora estoy comenzando a entender que desperdicié lo mejor de mi vida. Tenía talento, era inteligente y estaba llena de energía. No debí ser así de extrema», escribe Callan en The New York Times.

Y añade: «Lo más importante es que perdí la ocasión de tener un hijo completamente mío». Y es que actualmente está recurriendo a un tratamiento de fecundación in vitro –moralmente reprobable– para conseguir lo que ahora, a su edad, la naturaleza le niega.

Más allá de una dialéctica de posiciones, lo que verdaderamente está en el centro de la cuestión es la estabilidad y realización específica de la mujer en el trabajo partiendo de su condición concreta de mujer. Lo decía muy bien Sheelah Kolhatkar en The Business Week: «Por muchos siglos ha sido siempre el hombre quien trabajaba hasta morir. Quizá es un perverso triunfo del feminismo que las mujeres se sientan libres haciendo la misma cosa».