'Traigo aportes sobre la misa dominical y la piedad popular en nuestra América'

Entrevista a monseñor Salvador Piñeiro, padre sinodal por la Conferencia Episcopal Peruana

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Por José Antonio Varela Vidal

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 4 octubre 2012 (ZENIT.org).- Van llegando uno por uno al Vaticano los padres sinodales, todos provenientes de las diferentes Iglesias locales que peregrinan en el mundo. Acuden a tiempo como respuesta a la convocatoria del papa Benedicto XVI para trabajar desde este domingo 7, y durante tres semanas, en la XIII Asamblea General Ordinaria de los Obispos, cuyo temá será: “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.

A fin de conocer la metodología de trabajo y algunos de las angustias y esperanzas que traen al Sínodo los obispos de América Latina, ZENIT conversó con uno de los padres sinodales, monseñor Salvador Piñeiro García-Calderón, arzobispo de Ayacucho y presidente del Episcopado peruano.

Monseñor Salvador Piñeiro nació en Lima, el 27 de enero de 1949. Realizó sus estudios escolares en el Colegio “La Salle”. Cursó sus estudios de Filosofía y de Teología en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Obtuvo la Maestría en Educación y Licenciatura en Teología. Ingresó al Seminario Mayor de Santo Toribio en 1965. Recibió la ordenación sacerdotal, el 6 de mayo de 1973 de manos del cardenal Juan Landázuri Ricketts. 

En su ministerio pastoral desempeñó diversos cargos hasta que fue nombrado obispo por el Papa Juan Pablo II. Tras asumir el Obispado Castrense del Perú, en 2001, en 2003 fue nombrado obispo auxiliar de Lurín. El 8 de agosto de 2011, Benedicto XVI lo nombró como nuevo arzobispo metropolitano de Ayacucho. El 2 de octubre de ese año, tomo posesión de su cargo.

¿Cuáles son sus expectativas ante la pronta inauguración de la Asamblea Sinodal?

--Mons. Salvador Piñeiro: Siempre llegar a Roma, es un signo de mucha expectativa, porque nos encontramos con el padre de la Iglesia Universal, el papa, quien con tanta lucidez en su magisterio nos exhorta a la Nueva Evangelización, a ser discípulos de Jesús, a ser testigos convincentes de ese amor que tanto necesita el mundo. Y también es el encuentro con obispos de todo el mundo. Para mí es una experiencia de mucha ilusion y mucho gozo, porque puedo representar al Perú, que tiene sus tareas y encargos, y así compartir esa exigencia de la misión, de vivir la colegialidad episcopal. Serán días de mucha esperanza.

¿Cómo está conformada la representación del Perú?

--Mons. Salvador Piñeiro: Nosotros somos 48 obispos en la Conferencia Episcopal. Entonces según las normas sinodales, teníamos que elegir a 2. Han elegido a monseñor Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo y a mi. Y me parece que si me habían nombrado presidente este año, era lógico que representara a mis hermanos, y también a monseñor Cabrejos, quien había trabajado el tema preparatorio y lo conocía.

¿En qué van a consistir las intervenciones de los padres sinodales?

--Mons. Salvador Piñeiro: Nos darán la posibilidad de intervenir cinco minutos a cada uno, a fin de dar alguna impresión, o sugerir algún tema que quisiéramos que se subrayase más.

¿Usted trae algo específico?

--Mons. Salvador Piñeiro: Yo he preparado mi intervención sobre lo que significa la liturgia, celebrar la fe. Recordemos que el gran sistema educativo de la Iglesia es el domingo durante el año litúrgico. Y también traigo algo referente a la piedad popular, que está tan marcada en nuestra América, donde hay tantas formas de devoción a la cruz, a la Virgen, a los santos, pero a veces no los acompañamos debidamente.

¿Qué otro tema tendría que dedicarle una atención especial el Sínodo?

--Mons. Salvador Piñeiro: A los medios modernos de la comunicación, al internet por ejemplo. A veces se satanizan estos medios ya que desunen o dan la verdad a medias, o porque fomentan cosas que están reñidas con una moral cristiana. Pero también hay que ver la otra parte, entre las maravillas del mundo, decía el Vaticano II, están los medios de comunicación social. Y qué bien lo recordaba Pablo VI, de que el púlpito moderno es el micrófono del periodista…, ¡a cuántos puedo llegar! Por eso la comunicación social debe ser una de las preocupaciones.

¿Tiene alguna otra cosa que le preocupa?

--Mons. Salvador Piñeiro: Otro tema sería la familia. Qué bien lo dice el papa, que ella es “patrimonio de la humanidad”. Hoy no se quiere hablar de familia, y sin embargo es el lugar donde recibimos la fe. Yo aprendí a rezar gracias a que me lo enseñaron mis padres. Y uno crece contento cuando hay un hogar unido, y uno se relaciona con los demás cuando las puertas de la casa se abren para llevar esperanza a otros. Por eso, un lugar privilegiado de la evangelización es la familia, pero hoy lamentablemente hay un ataque artero a la institución familiar, por lo que hay que revalorarla.

Me parece que quiere añadir un tema más…

--Mons. Salvador Piñeiro: Sí, sería lo referido a mis hermanos sacerdotes. Somos los primeros responsables en esta misión que Jesús nos ha dado de anunciar el Evangelio. Y a veces tenemos temores y no queremos salir de lo que alguna vez aprendimos... Por eso hay que animarlos a responder a esta llamada, con nuevas formas. Y no hay que temer, el Señor nos iluminará, su Espíritu guía a la Iglesia para que no nos acostumbremos a un solo tipo de trabajo, sino que seamos apóstoles, testigos, misioneros en un mundo que nos interpela.

Los fieles tienen mucha expectativa sobre este Sínodo. ¿Qué se concluirá a nivel objetivo?

--Mons. Salvador Piñeiro: Que no podemos vivir de las rentas, que tenemos que profundizar. Todavía muchos temas del Vaticano II se han quedado en el tintero. Por eso qué bellos son estos dos signos que nos descubre el papa en el Año de la fe y a las puertas del Sínodo: el Catecismo de la Iglesia Universal, y los documentos conciliares. Allí tenemos dos fuentes que debemos seguir estudiando, porque son de una gran riqueza, con unas posibilidades grandes. Es interesante cómo este regalo tan hermoso que nos dejó el beato Juan Pablo II, el Catecismo, justo se lo había encargado a que lo trabaje el cardenal Ratzinger. Y cómo son las cosas de Dios, ahora es el papa que nos guía actualmente y nos ofrece ese intrumento de trabajo.

Finalmente, ¿cómo recibe la proclamación de san Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia?

--Mons. Salvador Piñeiro: A nosotros siempre nos alegraba conocer cómo el patrono del clero español --modelo de sacerdote diocesano-, en las horas más difíciles de la amenaza de la pretendida reforma protestante, desde el interior de la Iglesia, él llama a una reflexión, a una fidelidad, a un trabajo constante. Por eso nos alegra mucho que alguien del habla castellana, que nos ha regalado tan valiosos documentos sea proclamado solemnemente por el santo padre como “Doctor de la Iglesia”. Y así darnos a entender la actualidad de su mensaje, la profundidad de su doctrina y que todos los sacerdotes diocesanos siempre lo tengamos como modelo.

Una enseñanza que recuerde ahora de él…

--Mons. Salvador Piñeiro: A mí me gusta mucho cuando leemos en su vida lo que decía, de que frente al púlpito tiene que estar la Cruz, porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino predicamos a ese Jesús que nos abre el cielo y nos perdona.