Transformad vuestra cruz en sacrificio libre y responsable, invitó el papa

Audiencia general en el Aula Pablo VI del Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 11 enero 2012 (ZENIT.org).- La audiencia general de este miércoles 11 de enero tuvo lugar a las 10,30 de la mañana en el Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se encontró con grupos de fieles y peregrinos provenientes de Italia y del mundo. En el discurso en italiano, retomando el ciclo de cetquesis sobre la oración, el papa centró su meditación en la oración de Jesús en la Última Cena (Mt 26,26-28).

Tras resumir su catequesis en varias lenguas, Benedicto XVI saludó especialmente a algunos grupos de fieles presentes. A audiencia general concluyó con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica. Ofrecemos a los lectores la traducción al español de la catequesis del papa.

El papa se detuvo hoy a hacer una reflexión sobre la oración de Jesús, presentada en los Evangelios, en la Última Cena, con la perspectiva de la muerte, que siente ya cerca.

“¿Cuál es el meollo de esta cena?”, se preguntó Benedicto XVI. “Lo son aquellos gestos de la fracción del pan --respondió--, de distribuirlo a los suyos y de compartir el cáliz del vino con las palabras que los acompañan, y en el contexto de la oración en la que se insertan: es la institución de la Eucaristía, es la gran oración de Jesús y de la Iglesia”.

Pero invitó a los presentes a ver más de cerca este momento. “Es la gran oración de acción de gracias y bendición de la tradición de Israel, que marcaba el inicio de las grandes fiestas”. “Esta oración de alabanza y acción de gracias que se eleva a Dios, vuelve como una bendición, que viene de Dios sobre el don y lo enriquece. Dar gracias, alabar a Dios se vuelve así una bendición y la ofrenda dada a Dios retorna al hombre bendecida por el Todopoderoso. Las palabras de la institución de la Eucaristía se sitúan en este contexto de oración”, explicó el papa.

Siguió el pontífice explicando la institución en la Eucaristía en este contexto de oración: “Con el don del pan y del vino que ofrece en la Última Cena, Jesús anticipa su muerte y resurrección realizando aquello que había dicho en el discurso del Buen Pastor”, “por lo tanto Él ofrece de antemano la vida que le será quitada y de este modo transforma su muerte violenta en un acto libre de donación de sí para los demás y a los demás. La violencia se convierte en un sacrificio activo, libre y redentor”.

Se detuvo a considerar que el evangelista Lucas ha conservado un valioso elemento adicional de los acontecimientos de la Última Cena, “que nos permite ver la profundidad conmovedora de la oración de Jesús por los suyos aquella noche, la atención por cada uno”. “La oración de Jesús cuando se acerca la prueba también para sus discípulos, los sostiene en su debilidad, en sus esfuerzos por comprender que el camino de Dios pasa a través del Misterio pascual de la muerte y resurrección, anticipado en la ofrenda del pan y del vino. La Eucaristía es el alimento de los peregrinos que se convierte en fuerza también para el que está cansado, agotado y desorientado”.

“Participando de la Eucaristía –recordó el papa--, vivimos de una manera extraordinaria la oración que Jesús ha hecho y hace continuamente por cada uno, a fin de que el mal, que todos enfrentamos en la vida, no logre vencer, y actúe así en nosotros el poder transformador de la muerte y resurrección de Cristo”.

Y concluyó invitando a los presentes a pedir al Señor que, “después de habernos preparado debidamente, también con el Sacramento de la Penitencia, nuestra participación en su Eucaristía, que es esencial para la vida cristiana, sea siempre el punto más alto de todas nuestras oraciones”. Y también a pedir que, “unidos profundamente en su propia ofrenda al Padre, también nosotros podamos transformar nuestras cruces en sacrificio, libre y responsable, del amor a Dios y a los hermanos”.

Para leer el discurso completo del papa, enlazar aquí: http://www.zenit.org/article-41256?l=spanish.

Al terminar estas palabras, Benedicto XVI se dirigió a los diversos grupos lingüísticos. A los peregrinos en español, les resumió su discurso de esta manera: “Quisiera hablar hoy sobre la oración de Jesús en la Última Cena, en la que Él celebra su Pascua, anticipa su Cruz y su Resurrección, se entrega a sí mismo a sus discípulos e instituye el sacramento de la Eucaristía”.

“La gran oración del Señor, que se expresa con sus gestos y palabras sobre el pan y el vino, comprende una doble dimensión --añadió--. El agradecimiento y la alabanza que sube al Padre, es también bendición. La ofrenda presentada baja hasta el hombre santificada por el Omnipotente. La Iglesia, por mandato de Jesús, repite esta oración en las palabras de la consagración con las que el pan y del vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Así, cada uno de nosotros, participando en la Eucaristía, alimentándonos de esas especies, unimos nuestra oración a la de Cristo, para que nuestra vida no se pierda, y no obstante nuestra debilidad, se vea totalmente transformada”.

Por último saludó grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invitó a todos a participar con fe y devoción en la Eucaristía, “a unirse más profundamente a la ofrenda de alabanza y bendición de Jesús al Padre, y así poder transformar vuestra cruz en sacrificio libre y responsable, en amor a Dios y a los hermanos”.