Tras la entrega de las reliquias, se reanudará el diálogo teológico católico-ortodoxo

Según anuncia un archimandrita de la Iglesia de Grecia

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 25 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Al entregar las reliquias de los santos Gregorio Nacianceno y Juan Cristóstomo, doctores de la Iglesia de Oriente, al patriarca ecuménico Bartolomé I, Juan Pablo II se relanzará el diálogo teológico entre las Iglesias ortodoxas y la católica, afirma un representante ortodoxo.



El archimandrita Ignatios Sotiriadis de la Iglesia ortodoxa griega reconoció este jueves en declaraciones a «Radio Vaticano» que «para nosotros el significado de este acontecimiento es muy grande, pues la entrega de estas reliquias significa que se crea un puente más entre las Iglesias hermanas de Constantinopla y Roma, entre la Iglesia católica y la ortodoxa».

El patriarca ecuménico de Constantinopla, «primus inter pares» entre las Iglesias ortodoxas, llegará este viernes a Roma en visita de dos días de duración.

La entrega de las reliquias tendrá lugar en una ceremonia ecuménica en la basílica de San Pedro el sábado.

Un comunicado, publicado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha revelado que este gesto tiene lugar después de que el patriarca se entrevistara con Juan Pablo II el 29 de junio de este año en Roma y le invitara a visitar Estambul.

Bartolomé I preguntó al mismo tiempo al Papa si las reliquias de los Santos que se encuentran en la basílica vaticana podían regresar a la sede de Constantinopla. Al encuentro siguió un intercambio de correspondencia cuyo resultado ha culminado con este acontecimiento ecuménico.

«La entrega de las reliquias --indica el comunicado vaticano-- es un signo profundo que anima a recorrer el camino de la unidad: los restos mortales de los dos santos patriarcas de Constantinopla que trabajaron por salvaguardar la unidad entre Oriente y Occidente, venerados en su tierra de origen, acogidos con gran honor en la Iglesia de Roma, que durante muchos siglos los ha conservado y venerado con amor, se encaminan de nuevo hacia Oriente, gracias a un gesto de división espiritual que nutre y fortifica la comunión entre las sedes de Roma y de Constantinopla».

Juan Pablo II ha pedido que las reliquias se coloquen en dos urnas de cristal custodiadas en dos relicarios de alabastro. Cuando lleguen a Estambul serán depositadas en una capilla del patriarcado y en la festividad de San Andrés se instalarán definitivamente en la iglesia patriarcal de San Jorge.

En el regreso a Estambul para celebrar la fiesta de San Andrés (30 de noviembre), patrono del patriarcado ecuménico, Bartolomé I estará acompañado por una delegación de la Santa Sede de la que forman parte el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el obispo Brian Farrel LC, secretario del mismo dicasterio, el arzobispo Edmond Farhat, nuncio apostólico en Turquía y monseñor Johan J. Bonny.

Por lo que se refiere a las relaciones entre católicos y ortodoxos, el archimandrita Sotiriadis afirma: «el problema que queda por superar es el “uniatismo”». Con esta expresión se refiere a los católicos de rito oriental que viven en tierras de Europa del Este de mayoría ortodoxa.

«Este problema hay que superarlo, pero se ha decidido que el diálogo ecuménico, como diálogo teológico, recomenzará tras la entrega de estas insignes reliquias al patriarca ecuménico y tras la fiesta de san Andrés».

«Las discusiones comenzarán con el ministerio petrino [o del Papa, ndr.] y después se verán las demás cuestiones», subraya.

«Yo creo que nuestros jefes religiosos, eclesiásticos, nuestros superiores de las Iglesias todavía no se han sentado en torno a una mesa redonda, quizá a puertas cerradas, para discutir sobre un proceso veloz de reacercamiento de las Iglesias».

«Desde mi punto de vista, se han dado grandes gestos, se han sacado fotos, y se han intercambiado regalos. Ahora se necesita valor y también un ecumenismo más espiritual, es decir, un ecumenismo de base. Ahora tienen que hablar los pueblos, los sacerdotes, las parroquias, las personas entre sí. Es necesario convertirse en amigos y no hablar como diplomáticos, sino como hermanos».

El archimandrita cree que el futuro de la unidad pasa por la senda trazada «por todos nuestros teólogos ortodoxos y por todos nuestros historiadores, así como por insignes teólogos de Occidente, de la Iglesia católica, como el cardenal Joseph Ratzinger, quien habla de una unidad o una reunificación según los modelos históricos del primer milenio».