Tras la excomunión, Pekín prepara una nueva ordenación episcopal ilícita

Esta vez la ordenación sería para la diócesis de Harbin

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 19 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Las autoridades chinas han anunciado que las ordenaciones ilícitas de obispos, sin mandato del Papa, continuarán, a pesar de que el 16 de julio la Santa Sede haya confirmado la excomunión del último obispo ordenado en estas circunstancias.

Después de las tres ordenaciones ilegales de los últimos tres meses, un nuevo obispo ilegítimo “oficial” – reconocido por la Asociación Patriótica de los católicos chinos – debería ser ordenado en los próximos días en la diócesis de Harbin, cuyo territorio cubre la provincia de Heilongjiang, en el norte del país, según ha informado “Églises d'Asie”.

En esta provincia ya existe un obispo “no oficial”, monseñor Wei Jingyi, pastor de la diócesis de Qiqihar, figura conocida entre la comunidad “clandestina” por sus esfuerzos de reconciliación con los obispos “oficiales”, sigue informando la agencia de las Misiones Extranjeras de París.

El candidato elegido para la ordenación ilícita parece ser, según esta fuente, el padre Yue Fusheng, de 47 años, “administrador” de la diócesis desde hace varios años.

En diciembre pasado, en la reunión celebrada en Pekín, fue elegido como uno de los vicepresidentes de la Asociación Patriótica y recientemente había sido elegido obispo de Harbin, en una de esas elecciones cuyos resultados son conocidos con antelación por las autoridades comunistas. Roma le ha comunicado que su candidatura al episcopado no es aprobada por el Papa.

“Según diferentes observadores, esta nueva ordenación ilícita será la oportunidad para ver hasta dónde están dispuestas a llegar las autoridades chinas para obligar a los obispos que cuentan tanto con el reconocimiento de Roma como de Pekín para participar en la ceremonia”, escribe “Églises d'Asie”.

La última ordenación en Shantou, del 14 de julio, había dado lugar a escenas rocambolescas en las que se ha visto a la policía buscar con la fuerza de las armas a obispos que se habían escondido para esapar de las autoridades.

En el documento de la Santa Sede, declarando excomulgado al obispo iletígimo, se reconocen como “meritorios ante Dios” estos actos de resistencia, que merecen el “aprecio de toda la Iglesia”. “La misma consideración se aplica también a los sacerdotes, personas consagradas y a los cristianos que han defendido a sus pastores, acompañándoles en estos difíciles momentos mediante la oración y compartiendo su íntimo sufrimiento”, afirmaba el comunicado vaticano.