Tras la “primavera árabe”, jóvenes alejados del nacionalismo islámico

Presentado en Roma “El caos árabe, investigaciones y disensión en Oriente Medio”

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ROMA, lunes 13 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Ya no existe la lógica del dualismo de la Guerra Fría, no existen los viejos esquemas pro o contra Occidente, no hay un movimiento estructurado sino una generación de jóvenes conectados a Internet tras la “primavera árabe”, donde el lema “nosotros o el caos” ya no funciona, pero cuyo resultado no se da por descontado.

Estos han sido algunos de los puntos que se trataron el pasado 10 de junio durante la presentación del libro “El caos árabe, investigaciones y disensión en Oriente Medio”, escrito por Riccardo Cristiano y que contiene una colección de artículos de periodistas árabes publicados antes de que explotasen las protestas en el norte de África y Oriente Medio.

Durante la presentación realizada en Roma, en la sede de la Comunidad de San Egidio en el Palazzo Leopardi, intervinieron: el embajador italiano en del Ministerio de Asuntos Exteriores, Gabriele Checchia; el erudito bíblico Paolo Garuti; el responsable para las relaciones internacionales de San Egidio, Mario Giro; y el vaticanista de Il Riformista, Francesco Peloso. El encuentro fue moderado por el redactor jefe de Famiglia Cristiana, Alberto Bobbio.

“El motivo que me empujó a traducir estos artículos – dijo el autor – fue el de dar la posibilidad de trasladar las observaciones de los países. Las cosas han cambiado. Esta visión ha cambiado porque ha terminado la Guerra Fría”, aunque el problema es distinto y a diferencia deSolidarność, “ahora no hablamos de una organización sino de un movimiento de jóvenes”.

Actualmente ya no existe “el esquema del 'bien contra el mal' – continuó –, no se puede seguir diciendo que se defienden los derechos de los palestinos negando los derechos de los árabes. Ahora ya no vale ser filo o anti-occidental, para poder negar los derechos humanos, porque antes que nada los jóvenes de hoy reivindican sus propios derechos”.

Riccardo Cristiano destacó después que “es necesario evitar el error de indicar una discriminación sólo contra los cristianos, porque esto islamiza el problema”. De hecho, “no se discrimina sólo a los cristianos sino a todas las minorías”.

Por su parte Alberto Bobbio precisó que “el libro une diversas reflexiones de nuestros colegas árabes, allí donde se arriesga la vida y se paga con la vida. Baste pensar que el libro contiene una lista de los periodistas que han sido asesinados”.

Gabriele Checchia dijo que el volumen demuestra que hay una apuesta sobre esta visión nueva del mundo árabe, una “apuesta que no tiene un resultado seguro”.

Sin embargo, prosiguió el embajador que estuvo varios años en Beirut, el Líbano permanece “como una paradigma, como una referencia de un mundo árabe posible y que además revela su complejidad. Es la expresión de un mundo árabe tolerante, abierto, aunque también con episodios violentos”.

A título personal, consideró que “el Líbano demuestra que se puede apostar por el sunnismo (no el turco) quizás en alianza con componentes cristianos moderados y con el chiísmo moderado”, “una alianza con el Islam moderado, presente en la gran mayoría del mundo intelectual” y que el embajador espera que “se difunda a muchas gentes”.

Checchia recordó como Italia invirtió mucho en evitar la sensación de aislamiento de la comunidad palestina, con diversos programas de integración en los que “la presencial cristiana es como el átomo de oxígeno en la partícula de agua”.

El sacerdote y erudito en la Biblia, Paolo Garuti definió el libro como “una cámara de vídeo dentro de una olla a presión antes de que esta explote”, y explicó que la explosión se ha debido a las “válvulas de escape obturadas”.

La primera, es la del Islam radical que coloca su lógica contra Occidente, porque hoy “el antioccidentalismo no es necesariamente un componente y Occidente no está ya considerado como equivalente a globalización”.

“Ni siquiera Israel – prosiguió – está considerado por los jóvenes como el enemigo exterior” y por tanto “no se puede jugar con eso”. Ni siquiera sirve la “inevitabilidad de la corrupción donde hay una jerarquía porque en el fondo es el derecho del más fuerte”. Mientras que la última válvula obturada ha sido el debilitamiento de la familia como valor social”.

Todo esto porque “el modelo de comunicación que el mundo propone, y en particular la Red, ha cambiado mucho la mentalidad de los más jóvenes. También porque las dificultades de los gobiernos locales de controlar las dos emisoras que transmiten en todo el Norte de África, y sobre todo, la gran cantidad de jóvenes conectados para enterarse de las noticias y para ver el mundo”.

Según el padre Garuti “será difícil engañar a esta generación con el nacionalismo islámico”.

Al tomar la palabra, Mario Giro afirmó que algo se ha roto y algo está naciendo: “los jóvenes ya no tienen miedo, quieren su futuro. No es un complot político violento y por esto no se han oído eslóganes contra Estados Unidos, Occidente o Israel”.

Una situación en equilibrio que el autor llama “caos” y que refleja un mundo fosilizado, además de enseñarnos que todos esto ha sucedido “sin que nosotros los europeos hayamos hecho nada”. Porque “Occidente ha razonado con el miedo de los soviéticos, después de los islámicos”.

“¿Qué tipo de democracia nacerá? Seguramente no la nuestra”, respondió Giro. Y consideró después que “el proceso no volverá hacia atrás, aunque haya retrocesos y coletazos” en mundo donde el 70% de la población está por debajo de los 30 años, y por tanto se trata de países sin un determinismo sobre el futuro”.

El vaticanista Francesco Peloso habló, sin embargo, de una toma de posición prudente por parte de la Santa Sede ante la guerra de Libia y la primavera árabe, y se ha preguntado si no ha habido una falta de análisis y de comprensión de la complejidad de los sucesos.

Desde su punto de vista, este libro “desislamiza un poco nuestra visión. La visión de esta última década, viciada por un paradigma ideológico, tras el cual existe un mundo real, no sólo hecho de violaciones de derechos humanos y de sangre, y donde emerge una sociedad imprevisible que se enfrente con quien no sabe de qué parte estar”.

“Últimamente algo está cambiando gracias a la visión de algunos episcopados locales que dicen basta 'a los regímenes y gobernantes corruptos en el poder'. Un proceso que todavía está en curso”, concluyó.