¿Tras los Buda de Afganistán, las estatuas cristianas de Pakistán?

El miedo se apodera de representantes católicos del país vecino

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LAHORE, 16 mar 2001 (ZENIT.org-FIDES).- Tras la destrucción de las estatuas de Buda en Afganistán, los cristianos pakistaníes temen que algo parecido pueda suceder en su país.



«Estamos preocupados por todas las estatuas de las iglesias, templos o museos», reconoce en declaraciones a la agencia misionera de la Santa Sede, Fides, el padre Emmanuel Yousaf, director de la comisión Justicia y Paz.

Según el padre Peter Jacob, secretario de esa misma Comisión, «este suceso crea un precedente peligroso: los integristas podrían lanzar campañas similares en Pakistán», país vecino. Jacob pide más tolerancia y espera que el gobierno pakistaní condene la violencia cultural de los talibán.

La destrucción de las estatuas de Buda ha provocado un serio debate entre musulmanes conservadores y progresistas. Según Anwar Ahmad, editorialista del diario pakistaní «The News», «con este gesto, los talibán ponen en peligro a las minorías musulmanas en otros países. ¿Qué sucedería si los budistas en Japón, Tailandia, Camboya o Sri Lanka comenzasen a destruir las mezquitas?».

Teólogos islámicos de Egipto e Irán han condenado públicamente el gesto de los talibán. En una entrevista a Fides, Mostafa Boroujerdi, embajador de Irán ante la Santa Sede, define el acto como «un verdadero crimen cultural».

Según la agencia de información «Afghan Islamic Press» (AIP), el 12 de marzo las dos imponentes estatuas de Buda de Bamiyan, de 53 y 35 metros de altura, fueron reducidas a escombros con bombas, por orden de los talibán. Ni la UNESCO, organismo de la ONU para la tutela de la cultura, ni la Organización de la Conferencia Islámica consiguieron convencer a los talibán para que librasen de la destrucción a los Budas, esculpidos en el tercer siglo después de Cristo, por tanto antes de que el Islam se implantara en aquella zona.

Muttawakil, ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de los talibán, ha declarado: «La comunidad internacional ha exagerado. La cuestión es un asunto interno de Afganistán».