Tratar los casos de una manera humana, no académica

Pedido de Francisco en la misa de este miércoles

Roma, (Zenit.org) Redacción | 1331 hits

Lamentarse de los propios sufrimientos delante de Dios no es un pecado, sino una oración del corazón que llega al Señor: esta fue la idea principal de lo que dijo el papa en la misa matutina de este miércoles en Santa Marta.

Según informa Radio Vaticana, estaban presentes algunos miembros de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Concelebraron, entre otros, el cardenal Antonio Cañizares Llovera, presidente del dicasterio de la liturgia.

La oración del que sufre

La historia de Tobit y Sara, narrada en la primera lectura del día, ha sido el tema central de la homilía del papa: dos personas justas que viven situaciones dramáticas. El primero es ciego a pesar de que realiza buenas obras, aún a riesgo de su vida; la segunda se casa con siete hombres que mueren antes de su noche de bodas. Ambas, en su profundo dolor, oran a Dios para que les deje morir. "Se trata de personas en situaciones extremas --observa el papa--, situaciones que son propias de lo más bajo de la existencia, y buscan una salida". Se quejan, pero "no blasfeman".

"Y quejarse ante Dios no es un pecado. Un presbítero que conozco le dijo una vez a una mujer que se quejaba ante Dios por su calamidad: 'Pero señora, aquella es una forma de oración. Siga adelante'. El Señor oye, escucha nuestros lamentos. Pensemos en los grandes, en Job, cuando en el capítulo III (dice): 'Maldito sea el día en que vine al mundo'. Y Jeremías, en el capítulo XX (se lee): 'Maldito el día ...'. Se quejan incluso con una maldición, no al Señor, sino a esa situación, ¿verdad? Esto es humano".

Casos humanos, no académicos

Hay muchas personas que viven casos límites, subrayó el papa: niños desnutridos, refugiados, enfermos terminales. En el evangelio del día --observa--, aparecen los saduceos que presentan a Jesús el caso límite de una mujer, viuda de siete hombres. No hablaban de este asunto desde el corazón: "Los saduceos estaban hablando de esta mujer como si fuera un laboratorio, todo aséptico, todo... Esto era una caso de moral. Nosotros, cuando pensamos en estas personas que sufren tanto, pensamos como si se tratara de un caso de moral, puras ideas, 'pero en este caso..., o aquel caso'...". ¿O pensamos con el corazón, con nuestra carne, también? No me gusta cuando se trata de estas situaciones de una manera académica y no humana, a veces con las estadísticas... pero solo allí. En la Iglesia hay muchas personas en esta situación".

En estos casos --insistió el papa--, tenemos que hacer lo que dice Jesús, orar: "Oremos por ellos. Deben entrar en mi corazón, deben ser una inquietud para mí: mi hermano está sufriendo, mi hermana sufre. He aquí... el misterio de la comunión de los santos: orar al Señor: 'Pero, Señor, mira a aquel: llora, sufre'. Orar, permítanme decirlo, con la carne: que nuestra carne ore. No con ideas, sino orar con el corazón".

Y las oraciones de Tobit y Sara, que pese a que piden morir se dirigen al Señor, nos dan esperanza --dijo el papa--, ya que son acogidos por Dios a su manera, que no los hace morir, sino que cura a Tobit y le da finalmente un marido a Sara: "La oración --explica--, siempre llega a la gloria de Dios, siempre, cuando es una oración del corazón". En cambio, "cuando se trata de un caso de moral, como lo que estaban hablando los saduceos, nunca llega, porque nunca pasa de nosotros mismos: no nos importa. Es un juego intelectual".

Finalmente, Francisco invitó a orar por aquellos que viven situaciones dramáticas y sufren tanto, y quienes como Jesús en la cruz gritan: "Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?". Oremos --concluyó--, "para que nuestra oración llegue y nos de un poco de esperanza a todos nosotros."

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.