Tres años después, Cuba sigue sin escuchar las propuestas del Papa

Editorial de la revista católica de La Habana «Palabra Nueva»

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LA HABANA, 26 enero 2001 (ZENIT.org).- Tres años después de la histórica visita de Juan Pablo II a Cuba (21-25 enero de 1998), la Iglesia de Cuba reconoce que el gobierno cubano ha desatendido las peticiones el Papa.



Lo constata Orlando Márquez, portavoz de la arquidiócesis de La Habana, en un artículo que acaba de aparecer en la revista «Palabra Nueva» (enero, 2001) con un título significativo: «Al nuevo milenio realidades nuevas».

«Durante su visita a Cuba, hace ya tres años, el Papa Juan Pablo II nos dijo que los cubanos somos y debemos ser los protagonistas de nuestra propia historia personal y social», recuerda Márquez, quien es también director de «Palabra Nueva», una de las pocas revistas realmente independientes en la isla.

Ahora bien, reconoce, «se nos hace difícil ser protagonistas de nuestra historia personal y social si no asumimos el lugar que nos corresponde, lo que es distinto al lugar que nos quieran dar. Tampoco podremos serlo si se nos impide o no se crean las condiciones para serlo».

«Es esto lo que sucede con los cristianos católicos», añade el artículo y recuerda el grito que lanzó el arzobispo de la capital cubana, el cardenal Jaime Ortega, en diciembre pasado, al clausurar el congreso eucarístico de esa arquidiócesis dirigiéndose a los responsables del país: «no sientan temor, abran a la Iglesia en Cuba la posibilidad de cumplir en este nuevo milenio, sin trabas ni dificultades, el programa perenne que el Señor Jesús nos ha confiado: amar y servir a nuestro pueblo para anunciarle así a Jesucristo».

El editorial de Márquez se convierte, de este modo, en un grito que resuena en la isla «a no tener miedo a la fe, a no impedir que otros se abran a la fe, y también a no tener miedo de nuestros semejantes».

«Tres años después de la visita del Papa habrían sido innecesarias esas palabras, pero aún esperamos el diálogo fructífero --añade este padre de familia portavoz de la arquidiócesis--. Las procesiones públicas o el feriado de Navidad no reflejan de modo absoluto la realidad. Se trata de las trabas y dificultades, en el espíritu que condiciona los actos».

«¿Dónde está el problema?», se pregunta Márquez. Según él, la causa de la marginación actual de la Iglesia se radica en el programa que asumió la Revolución castrista de 1959, basado en el modelo soviético. Un modelo que al releer los textos de Vladimir Ilich Lenin puede constatarse que se «copió erróneamente» en Cuba, «porque no es realista ni coherente, ni siquiera se corresponde con "el proletariado" cubano de hoy, ni con lo dicho antes, durante y en los días inmediatos a la visita del Papa a Cuba».

«Se hace necesario disponer las voluntades, abandonar las desconfianzas, dejar los temores --concluye el editorial de «Palabra Nueva»--. Las responsabilidades del Estado no deben ser asumidas por la Iglesia, o viceversa. Ser protagonista, para la Iglesia y quienes la integramos representa, de acuerdo con el significado etimológico de la palabra, aceptar ser "primeros en la agonía": actuar por vencer dificultades: amar y servir, congregar, atraer, proteger, reconciliar».