Tres «imperativos» para superar el clima actual de miedo, según el Papa

«Sí a la vida», respeto del derecho y solidaridad

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 enero 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ofreció a la comunidad internacional este lunes tres «imperativos» para superar «el sentimiento de miedo que atenaza frecuentemente el corazón de nuestros contemporáneos»: respeto de la vida, respeto del derecho y solidaridad.



Al indagar en las causas de este sentimiento de temor, junto a los embajadores del mundo acreditados ante la Santa Sede, citó, en particular, «el terrorismo pertinaz que puede atacar en cualquier momento o lugar; el problema no resuelto de Oriente Medio, con Tierra Santa e Irak; los vaivenes que conmueven Sudamérica, particularmente Argentina, Colombia y Venezuela».

Entre las causas, mencionó asimismo «los conflictos que impiden a numerosos países africanos dedicarse a su propio desarrollo; las enfermedades que propagan contagio y muerte; el grave problema del hambre, sobre todo en África; las conductas irresponsables que contribuyen al empobrecimiento de los recursos del planeta».

«Pero todo puede cambiar. Depende de cada uno de nosotros», aseguró. Para ello enunció los «imperativos» que, según el Santo Padre, son necesarios, «si se quiere evitar que pueblos enteros, y quizás también la humanidad misma, no se hundan en el abismo».

Ante todo, el Papa consideró que es necesario que en particular los responsables de las naciones pronuncien un «Sí a la vida».

«Respetar la vida y las vidas --explicó--: todo empieza aquí, puesto que el más fundamental de los derechos humanos es ciertamente el derecho a la vida».

«El aborto, la eutanasia o la clonación humana, por ejemplo, amenazan con reducir la persona humana a un simple objeto --denunció--: en cierto modo, ¡la vida y la muerte por encargo!».

«Cuando carece de todo criterio moral --siguió diciendo--, la investigación científica referente a las fuentes de la vida es una negación del ser y de la dignidad de la persona. La guerra misma atenta contra la vida humana, pues conlleva el sufrimiento y la muerte. ¡La lucha por la paz es siempre una lucha por la vida!».

En segundo lugar, el Papa exigió el «respeto del derecho», pues «la vida en sociedad --en particular en el ámbito internacional-- presupone principios comunes e intangibles cuyo objetivo es garantizar la seguridad y la libertad de los ciudadanos y de las naciones. Estas normas de conducta son la base de la estabilidad nacional e internacional.

«Hoy en día --aseguró--, los responsables políticos disponen de textos e instituciones muy apropiados. Basta con llevarlos a la práctica. ¡El mundo sería totalmente diferente si se comenzaran a aplicar sinceramente los acuerdos firmados!».

En tercer lugar, el sucesor de Pedro recalcó el «deber de solidaridad». «En un mundo sobradamente informado pero en el que, paradójicamente, se comunica con gran dificultad, en el que las condiciones de vida son escandalosamente desiguales, es importante no dejar nada por intentado para que todos se sientan responsables del crecimiento y el bienestar de todos. En ello se juega nuestro futuro».

«Un joven sin trabajo, una persona minusválida marginada, personas ancianas abandonadas, países atenazados por el hambre y la miseria, hacen que demasiado a menudo el hombre desespere y sucumba ante la tentación de encerrarse en sí mismo o ceda a la violencia», concluyó.