Turquía: Un Año de San Pablo para despertar el sentido de identidad cristiana

Habla monseñor Luigi Padovese, vicario apostólico de Anatolia

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ANKARA, lunes, 11 febrero 2008 (ZENIT.org).- En una entrevista concedida a Zenit, monseñor Luigi Padovese, vicario apostólico de Anatolia y presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía (CET), explica el programa y objetivos del Año de San Pablo (28 junio 2008-29 junio 2009), convocado por Benedicto XVI.

Monseñor Padovese revela que «hay mucho movimiento para organizar los viajes de los peregrinos y del turismo en los lugares paulinos, pero prima el factor religioso. La finalidad es despertar en los cristianos de Turquía y del mundo la conciencia de la propia identidad».

El vicario apostólico de Anatolia, que es también un gran estudioso de la Iglesia primitiva, subraya que san Pablo «dio una dimensión universal a la realidad cristiana y puso de manifiesto que el cristianismo es novedad más que continuidad».

«Porque --añade el prelado--, como decía Tertuliano, "uno no nace cristiano sino que llega a serlo" y Pablo nos ayuda a comprender dónde estamos y quiénes somos. Pablo recuerda la identidad cristiana».

«No se trata sólo de la continuidad de la religión judía --añade el presidente de la CET-- el nexo existe y hay que reconocerlo, pero la encarnación es un salto cualitativo enorme», así como va más allá de toda imaginación «el escándalo de la Cruz y la Resurrección».

Según monseñor Padovese, el jubileo paulino «es una oportunidad para dar a conocer a los cristianos de todo el mundo la importancia del apóstol Pablo», con especial referencia a la historia de su misión en Turquía.

«En aquellos tiempos --recuerda el vicario apostólico-- esta zona era más floreciente y rica, punto de encuentro de culturas, pueblos y religiones que permitió la inculturación y la expansión del cristianismo».

El Año Paulino tiene también un gran valor ecuménico. En este sentido, el presidente de la CET relata a Zenit el encuentro celebrado en Tarso el 25 de enero pasado.

En la misa solemne que tuvo lugar en la iglesia transformada en museo, concelebraron junto a monseñor Padovese el obispo de Papua (Italia), monseñor Antonio Mattiazzo, monseñor Gregorios Melki Urek, obispo siríaco de Adiyaman, y monseñor Joseph Amis Abi Aad, obispo maronita de Alepo (Siria). Asistieron también sacerdotes, religiosos y un grupo numeroso de fieles.

Por la tarde, se celebró una oración ecuménica por la unidad de los cristianos a la que se unieron sacerdotes de la Iglesia ortodoxa, el pastor evangélico de Adana, y un amplio grupo de fieles provenientes de Mersin, Adana e Iskenderun.

Con el fin de dar un ulterior impulso al diálogo ecuménico, la CET ha querido implicar también a las otras Iglesias en la preparación del Año Paulino. En este contexto, monseñor Padovese se entrevistó con el patriarca Bartolomé I, el patriarca armenio Mutayfan y el metropolita siro-ortodoxo de Estambul.

Las autoridades turcas se han mostrado muy interesadas en el Año Paulino «aunque --subraya el vicario apostólico--, no han respondido a la petición de construir una iglesia en Tarso dedicada a San Pablo».

La petición hecha por primera vez por el arzobispo de Colonia, el cardenal Joachim Meisner, fue reiterada por monseñor Padovese pero las autoridades no se han pronunciado todavía.

El vicario apostólico preanuncia la apertura del Jubileo de San Pablo en un encuentro que tendrá lugar en Tarso, el 21 de junio, en el que participarán las autoridades civiles de Ankara, el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y los dirigentes de las Iglesias ortodoxas.

Con motivo del bimilenario de san Pablo, la CET ha publicado una carta pastoral en la que se dice: «Antes de ser católicos, ortodoxos, sirios, armenios, caldeos, protestantes, somos cristianos. Sobre esta base se funda nuestro deber de ser testigos. No dejemos que nuestras diferencias generen desconfianzas y perjudiquen la unidad de la fe; no permitamos que quien no es cristiano se aleje de Cristo por causa de nuestras divisiones».

Además se volverán a publicar las Cartas de San Pablo en turco, con la intención de realizar un estudio en profundidad útil a los cristianos y a los católicos en especial.

Monseñor Padovese revela la intención de publicar un pequeño catecismo paulino que explique cómo afrontaba san Pablo los diversos temas de la identidad cristiana.

Hay ya muchas peticiones desde Francia, Alemania e Italia, de peregrinaciones a los lugares paulinos, es decir Antioquía, Tarso, Antioquía de Pisidia, Éfeso, Mileto, Galacia y Colosas. A este respecto, el vicario apostólico afirma estar convencido de que habrá un flujo continuo de peregrinos.

Desde el punto de vista arqueológico e histórico, monseñor Padovese afirma que con el paso de los años «el cristianismo ha sido borrado muchísimo» pero si se rasca bajo la superficie «se puede encontrar todavía mucho de la presencia cristiana».

«En las grandes ciudades --indica el presidente de la CET-- muchas iglesias se han perdido y otras muchas han sido transformadas en mezquitas». En Tarso, por ejemplo, «había una bellísima iglesia de planta basilical que actualmente es una mezquita».

«Pero en la periferia son visibles todavía las huellas del cristianismo --subraya el prelado--. En Antioquía de Pisidia, por ejemplo, se ha encontrado una iglesia dedicada a san Pablo, donde el apóstol pronunció el discurso sobre la misión».

En Éfeso, una arqueóloga austríaca ha dado a conocer una gruta con grafitos y frescos que recuerdan el ciclo de los hechos apócrifos de Pablo y Tecla.

«De hecho --recuerda monseñor Padovese--, en Turquía san Pablo desempeñó preferentemente su apostolado. Los estudiosos sostienen que de un total de diez mil millas que habría recorrido Pablo, buena parte las hizo en Turquía. Y bastaría coger los Hechos de los Apóstoles para darse hasta qué punto Pablo vivió y recorrió las tierras de la actual Turquía».

Entre las muchas iniciativas, el vicario apostólico de Anatolia menciona también la idea de organizar una peregrinación nacional de los católicos de Turquía en el mes de octubre.

Por  Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín