Un buen sacerdote es un tesoro

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 27 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Un buen sacerdote es un tesoro".



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El Papa Benedicto XVI, profundamente consternado y preocupado por el abuso de niños y jóvenes indefensos por miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos, ha escrito una carta a los católicos de ese país, en que comparte la desazón y el sentimiento de traición que ellos experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales. No duda en calificarlos de crímenes atroces, que han herido el cuerpo de Cristo y han arrojado vergüenza y deshonor. Escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia, afirma que, junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.  

Comparte el sentimiento de quienes se han sentido profundamente indignados y conmocionados, escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, decepcionados, desconcertados y encolerizados. Invita al arrepentimiento, la enmienda, asumir la responsabilidad de los pecados cometidos, someterse a las exigencias de la justicia, incluso ante los tribunales, y emprender un camino de curación, renovación y reparación, con un sólido programa de renovación de la Iglesia. Sin embargo, alienta a no perder la esperanza, pues desea que llegue una época de renacimiento y renovación espiritual, a partir de una relación personal con Jesucristo dentro de la comunión de su Iglesia, porque El nunca traicionará vuestra confianza. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. 

Con dolor y tristeza por lo sucedido, acosados por quienes informan de manera parcial y tendenciosa, como queriendo socavar la confianza que la mayoría del pueblo aún tiene en nuestra Iglesia, ordené a un nuevo sacerdote, aumentando así a 89 el número de presbíteros con que cuenta nuestra diócesis, para atender a más de un millón y medio de habitantes, dispersos en 36,821 kilómetros cuadrados. Debemos recobrar la serenidad y valorar a los sacerdotes, imprescindibles para continuar la misión que Jesús confió a sus apóstoles. 

JUZGAR

El Papa, en esta carta, nos invita a redescubrir la belleza e importancia del ministerio presbiteral: "En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. ‘El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes'. El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: ‘Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina'". 

ACTUAR

Que las fallas de algunos sacerdotes no te aparten de Jesucristo y de su Iglesia. El es el único Salvador, el Camino definitivo, la Verdad total, la fuente plena de tu Vida. Nosotros somos sólo ministros suyos, por cuya humanidad El quiso continuar predicando su Palabra, actuando su salvación en los signos sacramentales, presidiendo la fraternidad entre los creyentes y promoviendo la solidaridad con los que sufren. 

Aprecia y agradece a tus sacerdotes que han dedicado toda su existencia a servir a Dios y a su pueblo. No lo han hecho por dinero, por ocupar puestos de honor, sino por amor generoso, por servir al Reino de Dios. Ayúdales a superar sus defectos y corrígeles fraternalmente, si es el caso. No desconfíes por sistema, pensando que muchos puedan estar contaminados por comportamientos indebidos. Haz oración por ellos, para que sean dignos de su vocación y fieles a lo que Dios y el pueblo espera de ellos. Pide al Señor que nos conceda más vocaciones sacerdotales y religiosas, para que la fe del pueblo se sostenga y fortalezca, pues hoy se requieren sacerdotes santos, hombres de oración, solidarios con los pobres, misericordiosos con los que sufren, cercanos a los dolores de la humanidad, respetuosos de quienes a ellos se confían.