Un cardenal sudafricano, heraldo del Evangelio y del final de apartheid

Primeras reacciones del purpurado designado Wilfried Fox Napier

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CIUDAD DEL VATICANO, 4 febrero 2001 (ZENIT.org).- El próximo 21 de febrero Juan Pablo II creará cardenal al arzobispo sudafricano de Durban, monseñor Wilfried Fox Napier. Al hacer público su nombre en el inesperado segundo anuncio, que tuvo lugar el 28 de enero pasado, el primer sorprendido fue él mismo, como confiesa en esta entrevista.



Monseñor Napier, arzobispo de la diócesis de Durban, es un franciscano quien como presidente de la Conferencia Episcopal de ese país en los primeros años de la década de los noventa dio una contribución decisiva a la revolución pacífica de Nelson Mandela que traería el final del apartheid.

Después de haber estudiado en Europa (descubrió la vocación religiosa en Irlanda, donde entró al noviciado franciscano) y en Bélgica (Universidad de Lovaina), regresó a su país, Sudáfrica, para ser ordenado sacerdote en 1970. Durante ocho años fue misionero, aprendiendo lenguas que desconocía, hasta que fue nombrado obispo de Kokstad en 1981.

De 1987 a 1994 se convirtió en el presidente del episcopado católico del país ofreciendo una contribución decisiva al respeto de los derechos humanos y a la evangelización, especialmente entre los más desfavorecidos. Es obispo de la arquidiócesis de Durban desde 1992. En 1998, Juan Pablo II le nombró consultor de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos.

En esta entrevista concedida a «Radio Vaticano» confiesa sus primeras impresiones tras el anuncio papal.

--¿Cómo recibió la noticia de su nombramiento de cardenal?

--Monseñor Wilfried Fox Napier: Me pilló verdaderamente de sorpresa, pues pensaba que, dado el número de nuevos cardenales anunciado el domingo precedente, el Papa ya había nombrado a todos los que tenía en mente. Me quedé realmente sorprendido cuando escuché que había otra lista y que mi nombre estaba en ella.

--¿Cómo ha sido la reacción de sus diocesanos?

--Monseñor Wilfried Fox Napier: Diría que ha sido realmente de júbilo. En el momento de esta entrevista, no estoy en mi diócesis (el obispo se encontraba en la sede de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica), pero recibo mensajes de felicitación de todas las partes. Cuando esta mañana llamé por teléfono a mi secretaria me dijo: «Son las ocho de la mañana pero parece que el teléfono se ha vuelto loco. Hay una llamada tras otra».

--¿Qué es lo que significa este nombramiento para la Iglesia en su arquidiócesis? ¿Qué impacto tendrá para la vida de la Iglesia?

--Monseñor Wilfried Fox Napier: Para comenzar hay que decir que la mayor parte de mis diocesanos tiene miedo de que esto pueda significar el que yo deje la diócesis: parece que ésta fue una de las primeras reacciones. «Dado que le han hecho cardenal, tendrá que irse a Roma», piensan. He tratado de tranquilizarles, recordando que el cardenal McCan estuvo en Ciudad del Cabo durante toda su vida, así como el cardenal arzobispo de Maputo, en Mozambique. Por tanto, no es una consecuencia necesaria el que tenga que ir a Roma. Pero creo que para mi diócesis es un motivo de orgullo el tener como jefe a un cardenal,, que además es uno de ellos...