Un Congreso Internacional para ser «testigos de la Misericordia»

Convocado en Bogotá (Colombia), del 14 al 16 de octubre

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BOGOTÁ, viernes, 13 octubre 2006 (ZENIT.org).- El Congreso Internacional de la Misericordia, que acogerá este fin de semana la capital colombiana, dará inicio a un trienio de reflexión para ser «testigos de la Misericordia».



El episcopado colombiano se ha hecho eco de esta iniciativa, confirmando que se espera la participación de más de un centenar de invitados internacionales procedentes de distintos puntos de Latinoamérica y de los Estados Unidos.

Este año tendrá lugar en Bogotá del 14 al 16 de octubre. El programa incluye ponencias, talleres, predicaciones, oración, alabanza, celebración eucarística y tiempo compartir fraternal.

Durante el Congreso, monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, obispo de la diócesis colombiana de Engativá, encenderá el «Fuego de la Misericordia» en Colombia.

Éste fue encendido por primera vez en diciembre del 2003 en el Vaticano por Juan Pablo II; sostenía la llama en sus manos monseñor Jan Zajac, obispo auxiliar de Cracovia, a cuyo santuario de la Divina Misericordia -donde se mantiene encendido perpetuamente- lo llevó con permisos especiales en aeropuertos y aerolíneas.

De allí el «Fuego de la Misericordia» fue llevado a Costa Rica para ser encendido en Latinoamérica y posteriormente en Colombia.

La llama busca recordar las palabras de Juan Pablo II al consagrar el templo y el mundo a la Divina Misericordia: «Es preciso transmitir este fuego de la misericordia…».

Estos próximos tres días –explica «Casa de la Misericordia», asociación de fieles laicos de la Iglesia católica- «nos encontraremos delegaciones de varios países de América para celebrar el misterio de la Divina Misericordia contenido en las fuentes de la Revelación, e iluminados por la experiencia de vida de Santa Faustina».

Se espera que la convocatoria «nos permita despertar, por el contacto con la Palabra del único Maestro, las actitudes necesarias para construir un auténtico y responsable Discipulado de la Misericordia», añade.

El gesto de encender el «Fuego de la Misericordia» en Colombia se busca como «signo de la presencia de Dios que quiere ejercer transformaciones en nuestra vida y sociedad», apunta la asociación.


Con la participación de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de diferentes movimientos, comunidades e instituciones, el encuentro en el Congreso Internacional de la Misericordia permitirá empezar allí una reflexión de tres años «que nos permitirá avanzar» para ser finalmente «Discípulos, Testigos de la Misericordia».

Las conclusiones que brindarán los participantes del Congreso, junto a la reflexión que realicen las comunidades de la «Casa de la Misericordia», serán enviadas como una aportación más a la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Brasil, 2007), que contará con la presencia del Papa.

En el convento cercano al Santuario de la Divina Misericordia (en Lagiewniki), santa Faustina Kowalska recibió un mensaje de confianza para la humanidad, el mensaje de la Misericordia Divina, al que Juan Pablo II hizo eco y del que se convirtió en su intérprete, recordó Benedicto XVI en su viaje del pasado mayo a Polonia.

«Es un mensaje realmente central para nuestro tiempo -añadió-: la Misericordia como fuerza de Dios, como límite divino contra el mal del mundo».

Pocas semanas antes, Benedicto XVI había recordado en la Divina Misericordia la «síntesis» del magisterio de Juan Pablo II (Zenit, 23 abril 2006).

La «Casa de la Misericordia» (http://www.casadelamisericordia.org) asume y difunde el mensaje de la Divina Misericordia con el fin de renovar la vida de los fieles, suscitando actitudes de Confianza hacia Dios y Misericordia hacia el prójimo.