Un Instituto apoya a los políticos católicos “en las trincheras”

Promoviendo la dignidad humana y la voz cristiana en el ámbito público

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Por Edward Pentin

ROMA, domingo 3 de abril de 2011 (ZENIT.org). - Ya que la cristianofobia continúa expandiéndose y la enseñanza de la Iglesia se está convirtiendo en tabú en la política de Occidente ¿Cómo pueden los políticos cristianos atreverse a hablar en defensa de la fe?

La respuesta puede estar en el Instituto Dignitatis Humanae. Fundado hace exactamente dos años por un pequeño grupo de parlamentarios y políticos europeos católicos, este organismo se compone de varios grupos de trabajo de varios parlamentos, que se dedican a difundir su punto de vista por todo el mundo.

Su objetivo, según Benjamin Harnwell, presidente y fundador del Instituto, es convertirse en una plataforma a través de la cual los políticos cristianos puedan presentar de mejor manera respuestas coherentes, moderadas y centradas al creciente número de laicos radicales y extremistas de la vida pública.

“La asociación entre estos grupos de trabajo no es una federación o una confederación, sino más bien un convoy o flotilla”, dijo Harnwell. “La manera en la que los militantes laicos trabajan es reclutando a las personas clave a través de una mezcla de difamación, intimidación y acoso, por lo que nosotros estamos reuniendo a personas que se sienten conscientemente parte de este convoy para que no se sientan aisladas y expuestas a este tipo de ataques de francotiradores”.

Actualmente el Instituto está estableciendo una oficina internacional en Roma, además de su sede en el Parlamento Europeo, que ayudará a coordinar estos grupos de trabajos. Los principios básicos de este Instituto están establecidos en su “Declaración Universal de la Dignidad Humana”, ideada originalmente por Harnwell, un miembro del Parlamento Irlandés, Gay Mitchell y un miembro del Parlamento Británico, Nirj Deva.

La Declaración consta de tres principios fundamentales: que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios; que esta imagen y semejanza es inherente a cada ser humano sin excepción, desde su concepción hasta su muerte natural; y que la forma más efectiva de salvaguardar este reconocimiento es a través de la participación de la fe cristiana en público.

Un factor clave de motivación para el Instituto es que en ámbito público se espera de los cristianos que mantengan su fe en privado aunque no se espera esto de ningún otro. “Nadie sugeriría a un ateo, masón, socialista o capitalista que escondiese sus principios más importantes”, dice Harnwell, “ya que a diferencia de los cristianos – y otras comunidades de creyentes – no se espera de ellos que se conviertan en 'actores neutrales'”.

El presidente del Instituto también lamenta que los gobiernos, por ejemplo, se esfuercen en hablar de la contribución positiva que los musulmanes hacen a la sociedad, pero raramente hablan del bien que los cristianos ofrecen. Y afirma que este intolerancia ideológica en grado sumo, específicamente contra los cristianos, está creciendo. Citó en particular, el caso de los propietarios cristianos de un Bed&Breakfast que negaron una habitación a una pareja homosexual. “Esto no habría sucedido nunca hace 10 años”, dijo Harnwell, nativo de Leicestershire, Inglaterra. “Estos casos de prueba que comenzaron en la periferia de la curva de la campana, después de una generación, están en su mismo centro”.

Los creyentes no necesitan imponerse

A Harnwell se le ocurrió originalmente la idea de crear el instituto después de que el político italiano, Rocco Buttiglione, fue obligado a rechazar su nombramiento como nuevo comisionado de Justicia, Libertad y Seguridad de la Unión Europea, por expresar sus opiniones católicas sobre la homosexualidad y las mujeres.

“Fue rechazado, dicho por un socialista británico miembro del Parlamento, no por lo que él dijo, sino por decirlo como católico”, dijo Harnwell. “Por primera vez, me di cuenta del requisito exigido a las figuras públicas de despojarse de su condición de cristianos con el fin de ser aceptadas en un entorno laico militante”

Harnwell conservó esa idea en el fondo de su mente mientras trabajaba como asistente de Deva en Reino Unido. “Cuando, después de algunos años, me trasladé a Bruselas, sentí que estaba en posición de hacer algo al respecto, pero no sabía qué”, recuerda. Fue la mujer de Deva, Indra, quien lo animó a hacer algo relacionado con la Iglesia y el Cristianismo.

Más tarde se dedicó a crear una especie de foro destinado a “cristianos activos en la vida pública”, y una de las cosas que se pretendía era que el asunto de Buttiglione no volviera a suceder. “Entonces fue cuando mi jefe, Nirj Deva, me aconsejó hablar con Gay Mitchell, ex ministro europeo y un muy respetado miembro irlandés del Parlamento, con quien habíamos trabajado en el Comité de Desarrollo, para pedirle que tomase el liderazgo político de esta iniciativa”, dice. Junto a Mitchell y Deva, Harnwell estableció un estatuto para el grupo de trabajo del Parlamento Europeo sobre la dignidad humana que después se convertiría en la Declaración del Instituto.

Nirj Deva, que es el presidente del Comité Internacional del Instituto de la Dignidad Humana, tiene muchas esperanzas en este nuevo organismo. “Mi filosofía política se formó mientras se peleaba la Guerra Fría, y todavía me siento afectado por lo inhumano de los regímenes ideológicos que niegan la dignidad humana en el individuo, en favor del colectivo”, dijo. “No es casualidad que los experimentos totalitarios del siglo XX hayan sido decidida y resueltamente opuestos a la fe cristiana. Por lo tanto, considero la Declaración Universal de la Dignidad Humana, esencial para la promoción de la paz y de la prosperidad en el s.XXI.

Hasta ahora, el instituto ha recibido una respuesta positiva, pero sus fundadores no se hacen ilusiones, ya que el camino será largo y tendrá muchos retos. “Llevará una generación y sólo estamos en el segundo año”, dice Harnwell. Pero espera que a medida que los grupos parlamentarios se ponen en marcha en las legislaturas de todo el mundo, su efectividad crecerá.

Una serie de importantes políticos cristianos estuvieron muy contentos de colocar su nombre en esta nueva empresa: el cardenal Renato Martino, ex presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, el es presidente honorífico. Rocco Buttiglione y Otto de Habsburgo son patrocinadores.

Mientras tanto, los grupos de trabajo ya están en marcha en diversos países e instituciones inclusive Italia y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. El respetado activista pro-vida Lord Alton de Liverpool creó el grupo de trabajo de Reino Unido, en el que Alveda King fue orador invitado, y el político católico británico, Iain Duncan Smith, fue invitado de honor. El organismo espera crear un grupo de trabajo en los Estados Unidos a finales de este año, bajo la dirección del Congresista Chris Smith.

Era de escépticos

Hablando con ZENIT, el cardenal Martino dijo que “estaba muy ilusionado” por la inminente apertura de la nueva oficina internacional del Instituto en Roma.

“Es importante, de hecho diría necesario, promover el reconocimiento de la infinita dignidad del hombre basada el el hecho de que el ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios”, dijo. Esto es lo que la Declaración Universal de la Dignidad Humana, base intelectual de nuestro trabajo, establece muy bien. He dicho en otros sitios que debemos dar gracias a Dios por este regalo, por habernos hecho a imagen y semejanza suya. Porque este gran don va directo al corazón de nuestra fe”.

Pero el cardenal que también es muy importante que los católicos tengan credibilidad en esta era de escépticos, “para dar tantos frutos, de acuerdo a este principio, como sea posible”. Por tanto, dijo que esperaba pasar su jubilación gastando sus energías como presidente honorífico “concentrado en el lado humanitario de la promoción de la dignidad humana, especialmente en los derechos de los niños de este mundo en desarrollo”.

Los fundadores del Instituto han insistido en que su objetivo no es el proselitismo, ni de cualquier forma subversiva, sino que se ha creado debido al crecimiento de la intolerancia laica hacia los cristianos de todas las confesiones. “Sólo pedimos un mayor espíritu de respeto y tolerancia, que es el que se da a aquellos con puntos de vista radicalmente diferentes a los nuestros”, dice Harnwell.

Sin embargo, a pesar de que políticos cristianos que no tengan miedo, serán clave para detener esta corriente de cristianofobia, el Instituto tiene una aspiración más grande. “La cultura necesita volver a ser cristiana de nuevo porque de esta manera será la propia cultura la que limitará a sus propios extremismos”, dice Harnwell. “Un pequeño grupo de miembros del Parlamento no puede hacer eso, y si lo intentamos podría ser contraproducente. Lo que se necesita es una reevangelización de la cultura”.

Todo el que quiera, puede ayudar al Instituto a través de su firma en la Declaración Universal en la web del Instituto: (http://www.dignitatishumanae.com).

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Edward Pentin es un escritor independiente que vive en Roma. Se puede contactar con él en: epentin@zenit.org


[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]