Un «nuevo humanismo» para que el progreso no sea instrumento de muerte

Una fe que no se hace cultura no es auténtica fe, constata Juan Pablo II

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CIUDAD DEL VATICANO, 5 octubre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha propuesto un «nuevo humanismo» para evitar que la investigación científica acabe arrojando contra el hombre «las inmensas y tremendas posibilidades que el progreso científico y tecnológico ha alcanzado en nuestro tiempo».



El pontífice hace este llamamiento en un mensaje enviado el viernes al VI Encuentro italiano de profesores universitarios católicos, que se ha celebrado en la Universidad del Sagrado Corazón, en Roma.

«Al igual que en los inicios de la humanidad, cuando hoy día el hombre quiere disponer según su propio albedrío de los frutos del árbol del conocimiento, acaba convirtiéndose en triste agente de miedo, enfrentamiento y muerte», constata.

El pontífice no pone ejemplos, pero las nuevas fronteras de la investigación genética o las nueva armas tecnológicas son buena prueba de las capacidades y peligros que estos avances conllevan.

Frente a una investigación sin ética, el pontífice plantea un «nuevo humanismo». «La libertad de investigación --explica--, tan importante, no pude significar neutralidad indiferente ante la verdad».

«La Universidad --añadió-- está llamada a convertirse cada vez más en un laboratorio en el que se cultiva y se desarrolla un humanismo universal, abierto a la dimensión espiritual de la verdad».

De hecho, según el Papa, la fe no «se parece en nada a la rigidez ideológica»; por el contario, «es luz clara de verdad, que no se contrapone a la riqueza del ingenio, sino sólo a la oscuridad del error».

«La fe cristiana ilumina y aclara la existencia en todos sus ámbitos --sigue proponiendo--. Animado por esta riqueza interior, el cristiano la difunde con valor y la testimonia con coherencia».

Este nuevo humanismo que propone Juan Pablo II se concreta en una «síntesis entre cultura y fe», que según él, «no es sólo una exigencia de la cultura, sino de la misma fe».

«Una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido acogida en su plenitud, que no ha sido totalmente reflexionada, ni fielmente vivida», concluye.