Un nuncio debe ser ante todo un buen sacerdote, dice el Papa

“Lealtad, coherencia y profunda humanidad”, rasgos de los “diplomáticos pontificios”

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 10 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Lealtad, coherencia y profunda humanidad son los rasgos que deben caracterizar a cuantos trabajan en la llamada “diplomacia pontificia”, afirmó hoy el Papa Benedicto XVI, durante una audiencia a los alumnos y responsables de la Pontificia Academia Eclesiástica.

Esta diplomacia pontificia “tiene una larguísima tradición y su actividad ha contribuido de manera relevante a plasmar, en la edad moderna, la fisonomía misma de las relaciones diplomáticas entre los Estados”.

El Papa recordó que en la concepción tradicional, el embajador es “el que ha sido nombrado para la encargo de llevar de manera autorizada la palabra del Soberano, y por esto, puede representarlo y negociar en su nombre”.

La acogida que se dispensa a un embajador, explicó el Papa, “acoger, por tanto, un enviado como interlocutor, recibir la palabra, significa poner las bases de la posibilidad de una coexistencia pacífica”.

“Se trata de un papel delicado”, reconoció, subrayando que requiere, por parte del enviado, “la capacidad de ampliar tal palabra de manera que sea al mismo tiempo fiel, lo más respetuosa posible por la sensibilidad y por la opinión de los demás, y eficaz”.

“Aquí está la verdadera habilidad del diplomático y no, como ahora se cree erróneamente, en la astucia o estos comportamientos que representan sobre todo las degeneraciones de la práctica diplomática”.

“Lealtad, coherencia, y profunda humanidad son las virtudes fundamentales de cualquier enviado, que está llamado a colocar no sólo su propio trabajo y sus propias cualidades, sino, de algún modo, la persona en su conjunto, al servicio de una palabra que no es suya”.

Identidad sacerdotal

Benedicto XVI afirmó a los futuros embajadores que las rápidas transformaciones de la era actual “han reconfigurado profundamente la figura y el papel de los representantes diplomáticos”.

Sin embargo, subrayó, su misión sigue siendo la misma, “la de ser el medio de una correcta comunicación entre los que ejercitan la función de gobierno y, por consiguiente, instrumento de construcción de la comunión posible entre los pueblos y de la consolidación entre ellos de relaciones pacíficas y solidarias”.

Dentro de esto, el diplomático de la Santa Sede – así como su acción – presenta “aspectos muy particulares”.

En primer lugar, es “un sacerdote, un obispo”, que “ha sido dotado, como todo sacerdote, de una misión que no puede ser realizada a tiempo parcial, sino que le exige ser, con toda su vida, un eco del mensaje que le ha sido confiado, el del Evangelio”.

“Es propiamente sobre la base de esta identidad sacerdotal, muy clara y vivida de modo profundo, donde se inserta, con cierta naturalidad, el deber específico de hacerse portador de la palabra del Papa, del horizonte universal de su ministerio y de su caridad pastoral, con respecto a las Iglesias particulares y frente a las instituciones en las que se ejercita legítimamente la soberanía en el ámbito estatal o de las organizaciones internacionales”.

Ante “un ministerio tan delicado”, “la atención por la propia vida espiritual, la práctica de las virtudes humanas y la formación de una sólida cultura” son aspectos a tener en cuenta, y todos ellos “van de la mano y se apoyan mutuamente”.

“Son dimensiones que permiten mantener un profundo equilibrio interior, en un trabajo que exige, entre otras cosas, la capacidad de apertura al otro, la ecuanimidad en el juicio, distancia crítica de las opiniones personales, sacrificio, paciencia, constancia y a veces, también, firmeza en el diálogo hacia todos”, indicó el Papa.

Por último, subrayó que el servicio a la persona del Sucesor de Pedro “permite vivir en una constante y profunda referencia a la catolicidad de la Iglesia”.

“Allí donde hay apertura a la objetividad de la catolicidad, allí está también el principio de una auténtica personalización: la vida empleada en el servicio al Papa y en la comunión eclesial es, bajo este perfil, extremadamente enriquecedora”, concluyó.