Un padre de familia convertido en un héroe cristiano

El nieto de Odoardo Focherini cuenta las virtudes y la santidad de su abuelo, que dentro de diez días será beatificado

Roma, (Zenit.org) Luca Marcolivio | 1088 hits

Faltan diez días para la beatificación de Odoardo Focherini (1907 -1944), el activista de Acción Católica, mártir de la violencia nazi. Por haber salvado a un centenar de judíos, Focherini se ha ganado el título de Justo entre las Naciones, concedido por el Estado de Israel.
Para la ocasión, ZENIT ha estado con Francesco Manicardi, hijo de Gianna, quinta hija de Odoardo Focherini. Periodista como el abuelo, Manicardi ha contado varios aspectos de la humanidad del futuro beato, un hombre que, partiendo del esfuerzo por la propia santificación en la normalidad de la vida cotidiana, familiar y laboral, ha llegado, sobre el ejemplo de Jesucristo, a "dar la vida por los propios amigos".

Usted no ha conocido personalmente a su abuelo Odoardo: ¿de qué forma sus familiares le han transmitido su figura y su enseñanza?

--Francesco Manicardi: Todos los nietos, que somos 15, e hijos de Odoardo Focherini, hemos conocido la figura del abuelo Odoardo, a través de las fotografías del archivo de la memoria custodiado por mi tía más anciana, Olga, y por las historias de la abuela María, que hemos conocido bien: un mujer pequeña pero fuerte, vestida de negro, que ha llevado luto durante 45 años, que ha dividido su existencia entre la casa, donde ha acogido a los hijos y a los nietos y la iglesia, donde recibía la eucaristía diaria.

Hemos recibido la imagen de un abuelo vivaz, cordial, sociable, abierto a los otros, cuya casa estaba abietta a todos, no sólo a los amigos (procedente no sólo de Carpi sino del Trentino y del resto de Italia) sino a las personas que tenían más necesidad: el vecino más pobre, la joven madre necesitada, las chicas y las niñas de mama Nina, un santa loca, que eran acogidas en la educación. Odoardo y María Focherini tienen una paternidad y maternidad alargada también a los hijos de los otros. Quizá es precisamente este fue el entrenamiento de atención y formación a los jóvenes que constituye la basa por la que Odoardo Focherini, a un cierto punto, acoge también a los perseguidos, viendo en ellos hermanos (como en el caso de los judíos), pero también hijos. A la abuela María le decía: "Nuestros hijos están seguros, tienen una casa, ellos no la tienen: ve a ayudarlos".

Odoardo Focherini está en la lista de los Justos entre las Naciones. ¿cómo de actual es esta figura en una época en la que el diálogo interreligioso resulta todavía difícil?

--Francesco Manicardi: El hecho que Odoardo Focherini, a final de los años 60, recibiera el reconocimiento de Justo entre las Naciones, como no judío que ha arriesgado la propia vida para salvar a los judíos, se añade a la beatificación y a los reconocimientos, como el del presidente de la República Napolitano que en 2007 le concedió la medalla de oro a la memoria por el mérito civil. Odoardo ha sido reconocido a nivel civil, a nivel de Iglesia universal, a nivel de estado de Israel: creo por tanto que pueda ser realmente un ejemplo de dialogo interreligioso pero sobre todo de acogida del otro que significa el pobre, el pequeño que necesita educación, pero también del extranjero, del que era percibido como extranjero entre nosotros: entonces el judío, quizá hoy el extracomunitario. Este espíritu de apertura y acogida lo han experimentado personalmente Odoardo, en el pequeño mundo eclesial de Carpi, y después don Zeno Saltini de Nomadelfia y de otras figuras importantes y siervos de Dios.

Algo significativo: en Carpi la escuela llamada Odoardo Focherini, ha representado un comedia sobre la vida de mi abuelo y el protagonista era una chico musulmán que ha estudiado la vida de Odoardo Focherini, un católico, y lo ha interpretado: si esto no es un puente construido hacia el diálogo entre las religiones, ¡no sé que otro ejemplo podemos encontrar!

¿Qué tipo de periodista era Odoardo Focherini? ¿Como cristiano, de qué forma vivía su profesión?

--Francesco Manicardi: De niño, en el oratorio, junto a Zeno Saltino,  después ordenado sacerdote; mi abuelo aprendió a usar las máquinas de impresión y a imprimir un periódico de unión para los chicos católicos de Italia. Después trabajó como corresponsal local del Avvenire d’Italia y con L'Osservatore Romano. Después le llamaron como administrador del periódico pero no deja de interesarse por la comunión y los medios que obviamente, en aquella época, estaban bajo el control del régimen. En sus artículos Odoardo no habla sólo de temas importantes como la religión y la fe sino que subraya la humanidad de las personas con las que habla: la figura de un nuevo obispo, las figuras de los congresos eucarísticos, el papel de los sacerdotes eminentes, como el padre Agostino Gemelli: en todas partes pone este toque de humanidad característica. Él no es un escritor excelso pero es muy concreto. También como administrador del periódico se opone a la voluntad del régimen, llegando, después del 8 de septiembre a interrumpir la publicación del periódico, a fin de no respaldar este nuevo curso nazi.

Su abuelo fue también asegurador...

--Francesco Manicardi: Cuando llevo el testimonio del abuelo a las escuelas digo: "Si se puede hacer santo un asegurador, todos podemos ser santos…". El prejuicio sobre el asegurador es el de una persona que quiere ganar dinero a toda costa. En realidad la ética de la profesión de Odoardo está ejemplificada en un libro que él, como inspector, preparó para sus agentes y sus subordinados, en el que dice: tenéis que tener máximo respeto por las otras compañías y por vuestros competidores, pero tenéis que conocerles bien, tener un poco de ambición, ser correctos y finalmente interpretar vuestro rol profesional como una misión, para que al final lleváis a vuestras familias los ahorros, con las pólizas de vida y con las aseguraciones, el pensamiento para el mañana. Teniendo mujer y siete hijos, claramente Odoardo ha razonado sobre su futuro. Un detalle que pocos conocen es que en 1963 él redacta un testamento en el que sobre todo pide perdón a todos los subordinados y superiores por los posibles errores cometidos, profesa su fe incondicional en la Iglesia y después hace una lista de personas y de realidades que eran más cercanas a su corazón: entre ellos los pobres del país del Trentino, del que procedían él y la mujer, el Avvenire d’Italia, Acción Católica, la San Vincenzo y la Unitalsi, todas realidades que había contribuido a crear.