Un papa latinoamericano da protagonismo a la región y comporta responsabilidades

El secretario de la Pontificia Comisión para América Latina Guzmán Carriquiry subraya los desafíos que se plantean

Roma, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1156 hits

En el momento en que Latinoamérica está pasando un período bastante positivo por lo que se refiere a democracia y economía, un cardenal argentino fue elegido papa y la región toma aún más relevancia, pero también enfrenta el desafío de dar una contribución propia a la Iglesia, con la que se sentirá más identificada, partiendo de la misión continental y e incorporando en sí, toda la riqueza de la tradición católica.

Lo indicó el secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), Guzmán Carriquiry, en un desayuno de trabajo que se realizó ayer en el hotel NH Giustiniani, organizado por la española Fundación Promoción Social de la Cultura, con varios embajadores de la región y no sólo. Criticó también “las comodidades de quienes entre nosotros pretenden seguir viviendo de rentas de un patrimonio cristiano sometido a fuerte erosión” en vez de salir a evangelizar.

“Estamos --expresó Carriquiry-- ante un hecho inédito, un papa latinoamericano, que nos exige ir más allá de esta novedad y del entusiasmo que nos provoca como latinoamericanos, para plantearnos su significación y repercusiones en América Latina”.

Como también “el significado que tiene un papa latinoamericano para toda la Iglesia universal”, porque a un papa no se lo elige con un criterio geopolítico, o sea porque es de Argentina o de otro país, “sino porque es una persona que tiene las competencias, cualidades, experiencias y capacidades para responder como pastor universal a las exigencias y desafíos del momento”.

La circunstancia de ser latinoamericano no es un hecho indiferente y tiene el orgullo de identificarse como tal, y por formación Bergoglio ha tenido siempre esa visión de la patria grande.

Recordó también otro hecho: “La presencia del cardenal brasileño Claudio Hummes junto a Francisco en su primera salida, no solo por la amistad declarada, sino para mostrar esa imagen, eje Argentina-Brasil que evoca a toda América Latina hispano y luso hablante”.

El número dos de la PCAL reiteró que más del 45% de los católicos del mundo son latinoamericanos, y si se suman a los hispanos de Estados Unidos son más del 50%. Y que dentro de unos diez años la mitad de los estadounidenses serán católicos.

Recordó por ello las palabras de Benedicto XVI que interrogado sobre eurocentrismo indicó: “Estoy convencido que aquí eln América Latina se decide una parte fundamental del futuro de la Iglesia”.

Añadió que a pesar de diversas contradicciones existentes, “América Latina pasa por un buen momento, desde el punto de vista económico, reducción de la pobreza. Y como región emergente es mediación singular entre los mundos hiperdesarrollados, los pueblos pobres y las naciones periféricas o dependientes”. Y con “fuertes vínculos incluso con los países asiáticos. Un extremo occidente mestizo”.

Y el profesor subrayó: “Un papa latinoamericano despierta no solamente un sano orgullo sino también acrecidas responsabilidades”. Y la Providencia pone a la Iglesia y al pueblo de Dios del continente delante de un salto cualitativo de desafío. La primera responsabilidad “es dar resalto a la misión continental”, que tuvo su expresión máxima en Aparecida.

El papa Francisco --indicó Carriquiry-- está atrayendo a personas que se habían alejado de la Iglesia, ha llamado a superar la auto-referencialidad y encierro eclesiástico, e invitó a salir a evangelizar. A esto se suma la Jornada Mundial de la Juventud de Río 2013 en junio próximo, en la que participarán algunos millones de jóvenes latinoamericanos.

Rechazó además la interpretación de medios informativos que vieron a Francisco como reacción a las sectas, relativismo o secularismo. “El papa Francisco está mostrando con su ejemplo y palabras lo que quiere de todos los pastores, como cercanía misericordiosa y evangelizadora a su propio pueblo, así como la que quiere de todos los bautizados”, por ello “invitando a compartir la belleza de la experiencia cristiana”.

Criticó también “las comodidades de quienes entre nosotros pretenden seguir viviendo de rentas de un patrimonio cristiano sometido a fuerte erosión”.

Previó por ello que el actual pontificado “despertará a muchos cristianos dormidos entre nosotros, quedará más alimentada la religiosidad popular y sus manifestaciones, crecerá el sentido de pertenencia a la Iglesia en América Latina, pondrá a la Iglesia y pueblos latinoamericanos en movimiento”.

La segunda cuestión que se plantea la Iglesia en América Latina --añadió Carriquiry-- es nada menos la de saber reasumir, recapitular e incorporar a sí, toda la riqueza de la tradición católica: su santidad, su doctrina, su cultura, su calidad, su misión”. Esto para “dar un salto de calidad en la conciencia y formación de los pastores, en la fidelidad de los consagrados”

El actual pontificado dejará atrás la imagen residual de la Iglesia latinoamericana como “periférica”, más de Iglesia reflejo que de Iglesia fuente.

Reconoció que el pontificado de Francisco “conllevará el peso de una mayor presencia en la vida pública de los países latinoamericanos hacia metas de mayor justicia, equidad y bien común”. Mayor libertad evangélica, porque protagonista y no sometida a regímenes de turno y abrirá nuevas vías y modelos de convivencia “tras el derrumbe de regímenes de socialismo real que han dejado devastaciones humanas, y los paradigmas liberales idólatras de la riqueza que han ya mostrado sus secuela de impotencia e iniquidad”.

Reivindicó además el derecho de “alentar a los pueblos a ser sujetos de su propio desarrollo, en fraternidad y solidaridad, y no como clientelas asistidas o masas de maniobra asimiladas por el poder de turno”.

El desafío será mostrar “que el Evangelio es la mejor respuesta, la más adecuada y satisfactoria a la sed de felicidad y justicia que late en el corazón de los latinoamericanos y en la cultura de sus pueblos”.

“No creo --concluyó el uruguayo Carriquiry- que pueda construirse nada de auténticamente popular, nacional y latinoamericano dejando de lado la presencia y contribución de la Iglesia católica”. Desperdiciar este tiempo providencial sería una consecuencia muy nefasta para los pueblos y para toda la catolicidad. Parece un desafío desproporcionado pero nunca falta su gracia para sostenernos.

Volviendo al tema de cultos nuevos o religiones diversas, recordó la gran experiencia del papa Francisco, de gran confluencia en el diálogo que no lo lleva a verlas como adversidad sino como una oportunidad positiva. Recordó que Bergoglio una vez por mes se reunía con los mejores pastores de las comunidades evangélicas y neopentecostales, y que cuando tomaba una posición pública sobre un tema de interés nacional, dichos pastores le apoyaban.