Un sacerdote y un rabino debaten sobre el sentido sufrimiento

El dolor del ser humano no deja indiferente a Dios, recuerdan

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MADRID, domingo, 11 mayo 2008 (ZENIT.org).- El sentido del sufrimiento fue el argumento que ha congregó a un rabino y a un sacerdote católico, así como a estudiantes universitarios de Madrid.

El encuentro fue acogido por la Universidad Francisco de Vitoria acogió el 7 de mayo e intervinieron el rabino Moshé Bendahan y el sacerdote Florencio Sánchez L.C. en el marco de las Horas Newman dedicadas por este centro universitario a sesiones dedicadas a la reflexión sobre fe y razón.

El rabino Moshé comenzó su exposición comentando la teoría del Rabino Rabá, quien afirma que la vida de la persona no depende de la conducta sino del destino.

Para matizar este presupuesto, explicó que existen tres caminos diferentes para los acontecimientos de la vida: decretos fijos, pruebas y libertad de elección. Tres vías que explicarían la existencia del sufrimiento.

Por una parte, los decretos fijos son aquellas marcas con las que el ser humano ya nace. Según la Cábala, a la que aludió el Rabino Moshé, esto se puede explicar por la reencarnación. La vida del hombre necesita reparación por el pasado y por ello sufre.

El segundo camino serían las pruebas, aquellas que precisa el alma para perfeccionarse. El sufrimiento sería, así, un método por el que el hombre se eleva. Por último, la libertad de elección, aquellas deliberaciones de la persona que conllevan un sufrimiento para ella o para otro.  

«Los acontecimientos no son casuales --concluyó el Rabino-- hay una razón por la que el sufrimiento toca a una persona. Pero para eso hay que saber vivir con fe, con la fe que da el convencimiento de que nadie nos ama más que Dios, ni nadie sabe mejor que Él lo que nos conviene; además, Él nunca se equivoca», afirmó.

Por su parte, la intervención del padre Florencio Sánchez comenzó con una premisa: el sufrimiento no es un tema de debate, no es algo abstracto, es «suelo sagrado», es aquello que le ocurre a una persona concreta.

Por eso, la reflexión de cada persona ante el dolor es la base de su actitud ante la vida. Después, retomando las últimas palabras del Rabino, expuso que «Dios no se equivoca, no se equivoca al darnos la vida, una vida con deseo de plenitud, de belleza. Sin embargo, la vida siempre está amenazada de oscuridades. Pero si no se mira al sufrimiento cara a cara se está muerto ya en vida, esperando, en el fondo, que no nos pasen muchas cosas malas».

Al igual que el rabino, el sacerdote hizo una enumeración, esta vez, no de las causas del sufrimiento, sino de las actitudes ante él. Por una parte, la angustia y el enfado; por otra, la huida; y en tercer lugar, la fe.

Para plasmar cada una, utilizó un fragmento de la obra de Dostoiewski Los hermanos Karamazov, en la que uno de los protagonistas afirma que no puede negar la existencia de Dios puesto que la vida está llena de momentos bellos, pero que el sufrimiento de los niños le provoca una absoluta incomprensión con esa obra divina y que, por tanto, devuelve la «entrada» de la vida.

Ante esta actitud de derrota, según el padre Florencio, está la pregunta del ser humano, aquella que despierta su humanidad, el grito del hombre que interroga a Dios, pero que también está dispuesto a escuchar la respuesta.

«El por qué sufrimos, si es que lo pudiéramos saber --concretó el sacerdote--, no es suficiente, no nos consuela. Lo que tenemos que saber es que a Dios sí le importa nuestro sufrimiento porque decidió experimentarlo Él mismo. Ahora sólo queda verificar en nuestra vida si es posible encontrarle un sentido».

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