Un teólogo analiza la presencia de las sectas en los medios de comunicación

Intervención de Alfonso Carrasco Rouco, de la Facultad de Teología «San Dámaso» (Madrid)

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MADRID, miércoles, 17 marzo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de don Alfonso Carrasco Rouco, decano de la Facultad de Teología «San Dámaso» (Madrid) pronunciada en la videconferencia mundial de teología organizada por la Congregación para el Clero (http://www.clerus.org) sobre «La Iglesia, la Nueva Era y las sectas», el 29 de febrero.



La presencia de las sectas en los medios de comunicación



Aunque los medios de comunicación de países como, por ejemplo, España, parecen tomar paulatinamente conciencia del problema sectario, su tratamiento suele caracterizarse por ser ligero y superficial, en tonos muy críticos o alarmistas. Esto hace que los artículos que publican periódicos diarios o semanales, o los pocos espacios que de vez en cuando se dedican a las sectas en la radio o la televisión, no llegan a transmitir un conocimiento adecuado de su realidad. En este sentido, podría decirse que los mass-media constituyen un instrumento informativo y educativo de grandes posibilidades, pero infrautilizadas.

Por el contrario, importantes corrientes sectarias o de "nuevos movimientos religiosos" han sabido integrarse plenamente en el mundo de los medios de comunicación. Cabe mencionar, a este respecto, la corriente "New Age", con clara presencia en los medios audiovisuales también del llamado primer mundo. Puede elencarse su uso de la literatura, así como de numerosas revistas periódicas. Es particularmente significativa su penetración en el mundo de la música, en diversas tendencias (étnica, electrónica, ecológica, etc.), con las que se busca favorecer determinadas experiencias religiosas; ello ha permitido la existencia en televisión de programas específicos de música "New Age". Un fenómeno semejante ocurre con la cinematografía. En general, la presencia en el terreno de la producción audiovisual termina en la difusión a través de programas radiofónicos o televisivos, puestos así al servicio de las propuestas y temas propios de esta corriente (parasicológicos, ocultistas, mágicos, dietéticos, de comunión con extraterrestres, etc.). Otros grupos de carácter sectario no tienen todavía o tienen sólo una presencia muy incipiente en los medios (sobre todo en la televisión) en el primer mundo. No entramos ahora en la cuestión de la posible influencia que buscarían conseguir grupos –sobre todo de tendencia satánica– a través de determinadas canciones y músicas.

En el mundo americano se encuentran, en cambio, sectas fundamentalistas o sectas de tipo pentecostalista protestante con grandes capacidades técnicas en los medios de comunicación. Puede hablarse también de verdaderas "empresas" religiosas (Moon, por ejemplo) que hacen grandes campañas proselitistas a través de radio y televisión. A veces se trata de verdaderas multinacionales de la propaganda religiosa en los medios de difusión, de verdaderos imperios económicos, con base normalmente en Norteamérica, pero trasplantados ya a América Latina –a veces incluso con apoyo político.

Puede mencionarse a este respecto a las llamadas "Iglesias electrónicas", especializadas en la manipulación de lenguajes y símbolos religiosos. En sus programas, los milagros y curaciones, el éxito económico y la superación de problemas o sufrimientos, parecen al alcance de cualquier televidente por un módico precio. Así, por ejemplo, el pentecostalismo ha crecido masivamente en América Latina gracias en parte a las millonarias campañas de los predicadores norteamericanos y ya también autóctonos (Billy Graham, Jimmy Swaggart, Yiye Avila, Rex Humbard, etc.)

No se trata sólo de criticar el mensaje espiritualista, destinado a producir un efecto también político sobre todo en gentes necesitadas y ambientes populares. El horizonte fascinante de conversiones y sanaciones inmediatas tiene el gran riesgo de desarraigar a las personas de su tradición propia –se da siempre una crítica desmesurada que busca desprestigiar lo católico–, reduciendo su capacidad de pensamiento y su empeño en la realidad. Ello confluye y es favorecido por una mentalidad dominante en todo el mundo occidental: el rechazo de la realidad como dato objetivo, la voluntad de vivir en una realidad construida por uno mismo, que ahorre el verdadero desafío de la vida; casi como si la verdadera realidad fuese la televisiva y, quizás un día, la virtual.

En cambio, la conversión verdadera introduce siempre a un ejercicio auténtico de la razón y de la libertad, a la capacidad de abrazar la realidad con fe y con esperanza, viviendo en medio del mundo y con los hermanos, en primera persona y conscientemente, la misión encomendada por el Señor.