Una cultura que prima al individuo sobre la familia frustra el deseo de los jóvenes

Mons. Paglia presenta las actas de la Jornada Mundial de la Familia 2012

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1500 hits

“De Milán a Filadelfia, las perspectivas del Pontificio Consejo de la Familia. Presentación de las actas de Milán 2012”. Este es el título de la conferencia de prensa que se realizó hoy en la Sala de Prensa del Vaticano. Intervinieron el obispo Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo de la Familia (PCF) y los cónyuges responsables del Servicio para las Familias de la archidiócesis de Milán, Francesca Dossi y Alfonso Colzani.

Un encuentro que además de las actas de Milán permitió al número uno del PCF responder a una serie de preguntas de los periodistas presentes, como uniones de hecho, manifestación en París sobre el matrimonio entre homosexuales, explotación en el trabajo, estudio de la falta de fe como nulidad matrimonial, así como las dificultades culturales que hoy encuentra.

“La manifestación de Milán --inició monseñor Paglia- representó una etapa importante sea en la reflexión que en el testimonio sobre el matrimonio y la familia” y cuyas actas “son una veta de indicaciones”.

“La familia está y es sólida, en Milán tuvimos la demostración, a pesar de que la gran mayoría vive dificultades, pero está”, enfatizó el prelado. Un encuentro el de Milán “que mostró la fuerza vital que las familias representan en la Iglesia y en la misma sociedad”, desmintiendo a los 'profetas de desventuras que preveían, o peor, que auguraban la extinción de la familia”.

Sin negar por lo tanto “los muchos problemas que se refieren al matrimonio y a la familia, no debemos olvidar, que ésta es aún el 'recurso' fundamental de nuestra sociedad”.

“Una institución que se coloca ante todo como lugar de seguridad, de refugio, de apoyo a la propia vida, y en la cumbre de los deseos de la gran mayoría de los jóvenes”. E indicando estadísticas el obispo italiano dijo que en su país “el 80% de los jóvenes declaran que prefieren el matrimonio --civil o religioso- a la convivencia. Y en Francia las encuestas revelan que el 77% de los jóvenes desea construir la propia vida de familia quedándose con la misma persona toda la vida, porcentaje que llega al 84% para los jóvenes entre 18 y 24 años”.

Nos encontramos, precisó “en una nueva situación histórica en la que el deseo de los jóvenes es decapitado por una cultura que premia más al individuo que a la familia”. Y por ello el PCF repropone la Carta de los Derechos de la Familia --que como le precisó a ZENIT- mantiene toda su actualidad aunque escrita treinta años atrás, si bien con algún añadido decidido por un congreso internacional de expertos.

La Carta de los Derechos de la Familia será “presentada en los próximos días en las Naciones Unidas en Nueva York y en la sede de Ginebra. Y también en el Parlamento Europeo -.indicó monseñor Paglia- para reivindicar en la plaza de los pueblos estos derechos fundamentales de la sociedad”. Y reiteró el empeño de la Iglesia en defender este patrimonio de la humanidad, que es un servicio para todos.

El rol social de la familia, subrayó, la Iglesia lo conoce bien, porque sabemos quien cura a los enfermos, a los discapacitados, enfermos terminales etc. Una realidad humana que la Iglesia ha querido reforzar con el sacramento del matrimonio.

Dos líneas para defender la familia

Monseñor Paglia reiteró que el Pontificio Consejo se mueve en dos líneas, una en el interior de la Iglesia, de manera que la familia retome su posición central en la sociedad porque “si dejada sola no resiste”. Y para robustecer la iniciación cristiana a la familia y al matrimonio. Y ayudar además cuando hay heridas, así como evitar ampliaciones que no facilitan su rol.

Y del campo cultural, subrayó que es importantísimo: “La cultura ha abandonado a la familia”. Los jóvenes no se casan porque la familia viene sentida más como un peso que como una perspectiva”.

Hacer entender que un amor es para siempre, y así como se escribe el nombre de un equipo de fútbol con un for ever, ¿por qué culturalmente no sucede lo mismo para mujer y marido? Indicó también otras perspectivas culturales, como la del hijo único, “decisiones que nos llevan a consecuencias dramáticas”. Porque la familia tiene una dimensión anterior al Estado y a la política.

El congreso en Milán ¿qué dejó?

Los cónyuges responsables del servicio a las familias, que participaron en la VII Jornada Mundial en Milán, indicaron que la manifestación cuyas actas es posible encontrar en el volumen La famiglia: il lavoro e la festa, recorren las etapas de dichas jornadas.

Los temas discutidos durante el congreso fueron muchos, la familia en relación al mundo y a la fiesta; como recurso para la sociedad; el deber educativo de la familia y de la escuela católica; los abuelos como testigos de la fe; el nexo entre familias y empresa; la presencia de la mujer en el mundo del trabajo; la santidad familiar; adolescentes y jóvenes entre fiesta y tiempo libre; precariedad y futuro del trabajo, separados, divorciados, casados nuevamente por civil. Así como la dimensión de los festivos y la posibilidad de dedicarlos más a la familia limitando el shopping.

Un encuentro en el que su santidad en nueve ocasiones habló sobre la realidad de la familia. “Comenzando por el primer discurso después del concierto en el Teatro de la Scala de Milán, sobre descubrir a Dios en la belleza. Y que en medio a los testimonios festivos recordó cómo la Iglesia debe tomarse el cuidado de las familias laceradas confirmándolas en la fe”.

Y con la participación de 98 relatores provenientes de todo el mundo, además de quienes participaron en las mesas redondas.

Entre los puntos de fuerza de las jornadas indicaron “la presencia del santo padre. Por lo tanto un momento de unidad con Pedro, con la conciencia de ser familias en la fe, y que la familia es el primer lugar para la fe, no solamente cronológicamente sino también el lugar en el que es posible experimentar las bendiciones de Dios”.

¿La falta de fe puede ser motivo de nulidad matrimonial?

Sobre el pedido de Benedicto XVI de estudiar como causal de nulidad matrimonial la falta de fe, monseñor Paglia indicó: “Tenemos un papa valeroso, que ha vuelto a proponer el tema y ha pedido que se estudie para entender mejor lo que sucedió en el momento del matrimonio”. Y sobre los juicios de nulidad en curso indicó que “no es bueno que se alarguen debido a tecnicismos”.

El archipiélago de las uniones afectivas

Sobre otros tipos de uniones respondió que es un terreno que la política debe recorrer, si bien es necesario aclarar con gran franqueza que el futuro de la sociedad se gesta en las familias. Importante aclarar, “porque como dijo Benedicto XVI, en la mentira perdemos todos”.

Abordando el tema de las uniones homosexuales precisó que todos los hombres tienen paridad de dignidad en cuanto hijos de Dios, pero que solamente hombre y mujer pueden hacer familia. Y no se puede llamar matrimonio al justificado solamente por el afecto: “Si cinco hombres se tienen afecto, si un padre lo tiene por una hija, esto no puede ser matrimonio”. Por lo tanto el respeto de la verdad no pide la abolición de las diferencias, ni de un igualitarismo enfermo que destruye las diferencias. Y el archipiélago de situaciones afectivas existentes “encuentra soluciones en el derecho ya existente”.

¿Y los padres tienen derecho a un hijo? No es un supermercado --respondió el obispo- pues el hijo es un don. Todo esto no puede ser destruido. La Iglesia dirá la verdad con gran sinceridad, defendiendo todos los derechos en todos los países.

La manifestación de París

Gran aprobación en cambio por parte del obispo de la manifestación contra el matrimonio entre personas homosexuales que reunió aproximadamente a un millón de personas en París: “Si una autoridad quiere cambiar alguna coma en una ley es una cosa, si pretende cambiar la civilización ¿está de broma?

Es necesario “rendir honor a los obispos franceses que abrieron el debate”. Y recordó la adhesión que tuvo la manifestación también por parte del gran rabino, de hombres de cultura incluso no creyentes, y entre otros de luteranos y musulmanes.