Una esclerodermia curada, gracias a células madre adultas

Testimonio de Sharon Porter y congreso en el Vaticano

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ROMA, martes 8 novembre 2011 (ZENIT.org).- Sharon Porter, curada gracias a las células estaminales adultas, ha dado testimonio de la eficacia de esta terapia contra la esclerodermia, a propósito de la presentación en el Vaticano, este martes 8 noviembre, del congreso titulado  Células madre adultas: Ciencia y futuro del hombre y de la cultura (9-11 noviembre 2011), organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura, en colaboración, desde el Vaticano, con el proyecto STOQ, con el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud y la Academia para la Vida. Se citaron otras curaciones en la rueda de prensa.

El congreso fue presentado por el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del dicasterio organizador, acompañado del padre Tomasz Trafny, responsable del departamento científico del mismo dicasterio, de Tommy G. Thompson, exministro de Salud de Estados Unidos y  Robin L. Smith, administradora delegada de NeoStem y presidenta de la fundación Stem for Life.

La terapia con células madre adultas ha dado ya resultados. Éticamente, esta terapia es satisfactoria, porque no lleva a la destrucción de la vida humana, como en el caso de la terapia con células estaminales embrionarias.

Las células madre embrionarias –que suponen la destrucción del embrión humano- presentan, junto a la objeción ética, el riesgo médico de desarrollar cánceres y por tanto no han sido utilizadas para curar a pacientes, dada su peligrosidad, subrayó la señora Smith.

En la rueda de prensa, Sharon Porter señaló que, a los 38 años, cuando era una joven madre plena de salud, le afectó una esclerodermia sistémica, una enfermedad autoinmune devastadora, que afecta a los pulmones, la piel… Sus manos empezaron a contraerse y presentar úlceras. La enfermedad afectó poco a poco a su movilidad y su calidad de vida. Sus pulmones desarrollaron hipertensión y fibrosis. Los tratamientos clásicos sólo combatían los síntomas, ralentizando la progresión de la enfermedad, pero sin tratar la causa.

Como la enfermedad progresaba, Sharon Porter recurrió al profesor Richard Burt y al departamento de Inmunoterapia del Hospital Noroccidental de Chicago, Estados Unidos. La terapia consistió en reconstruir la parte deficiente de su sistema inmunitario, y tratar la enfermedad y no sólo sus síntomas. Recibió un tratamiento de transplante “no mielo ablativo”  de células madre, usando sus propias células estaminales.

La mejoría, atestiguó, fue repentina: superó las complicaciones y no experimentó ninguna otra recaída. Su movilidad mejoró, su piel recuperó elasticidad y su tensión arterial volvió a los niveles normales. Dejó la medicación inmunosupresora y los esteroides y pudo reanudar su trabajo de enfermera a plena dedicación y una vida familiar serena. Sólo le quedan hoy algunas secuelas de la esclerodermia. Está convencida de que su restablecimiento notable se debe a la eficacia de la terapia celular a base de células madre adultas, que no trata sólo los síntomas sino, por primera vez,  la causa misma de la enfermedad: sin por tanto suprimir una vida humana naciente”, subrayó la señora Thompson.

La señora Smith dio otro ejemplo. El de una estudiante, Bethany Pappalardo, afectada de esclerosis en placas desde los 18 años, y que se sentía bajo la amenaza de una crisis fatal. Un día, sintió que sus piernas ya no la sostenían. Empezó a ponerse inyecciones pero también perdió el pelo. Entró en contacto con un equipo de terapia celular que trabaja con células madre adultas, el del doctor Richard Burt ya citado. Desde el transplante de células, hace cinco años, no ha tenido crisis y su cuerpo “funciona normalmente”: las células madre adultas han “reparado” su sistema inmunitario.  También le han dado fortaleza para sanar.

El doctor Richard Burt, que ha tratado a estas dos personas participará en el congreso en el Vaticano para dar a conocer el progreso de esta terapia celular para curar a los enfermos autoinmunes.

La señora Smith recordó también, en su intervención, la curación de Stephen Sprague, afectado a los 14 años por una leucemia mieloide crónica. Llegó con una esperanza de vida de tres a seis meses. Los médicos se habían desinteresado de su caso, cuando el doctor Andrew Pecora y el doctor Robert Preti tuvieron la autorización para someterle a una terapia celular a partir de células de cordón umbilical. Sufrió también una quimioterapia. Su sistema inmunitario se reconstruyó. Hoy, estos médicos y Stephen Sprague atestiguan este progreso de la terapia celular a partir de células estaminales adultas.

La señora Smith subrayó los “grandes progresos” de esta terapia en los últimos diez años y señaló que dentro de poco se podrán “reconstruir tejidos dañados y reparar órganos como el corazón”. Las tecnologías se desarrollan y permiten ya tratar a pacientes entre seis y diez días después de un ataque cardíaco para impedir el deterioro de la función cardíaca que lleva a una muerte prematura.

En junio último, la señora Smith había recordado otra curación, la de Bernie van Zyl –muerto en noviembre de 2009--, que se había restablecido completamente y se sentía “más joven que antes”. Escribió el libro How Adult Stem Cells Saved My Life, y dejó un legado para financiar el conocimiento de esta terapia celular adulta.

Un paso importante, dado que la terapia celular embrionaria , que implica la destrucción de embriones humanos, todavía no ha desembocado en terapias, hizo notar la señora Smith. Habla de “milagros” pero sin el “dilema ético” que suscita la destrucción de embriones humanos.

Por Anita S. Bourdin