Una exposición para conocer la Biblioteca Apostólica Vaticana

Se inaugura mañana una muestra en el Brazo Carlomagno del Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 9 de noviembre de 2010 (ZENIT.org) La historia de la “Biblioteca del Papa”, la amplísima colección de libros, entre manuscritos e impresos, los dibujos, planos, pergaminos, mapas, monedas y medallas, que son testigos de la historia del Antiguo Continente, pueden ser apreciados en la muestra “Conocer la biblioteca vaticana, una historia abierta al futuro”.

La exposición, que fue presentada esta mañana en rueda de prensa en la Santa Sede, se inaugura mañana miércoles en el Brazo de Carlomagno, en lado izquierdo de la columnata de Bernini en la Plaza de San Pedro y se extenderá hasta fines de enero.

El objetivo es dar a conocer al público en general la historia, y tesoros de la Biblioteca Vaticana, debido a que ésta es sólo reservada para un público exclusivo. La exposición se enmarca en una serie de eventos que celebran su reapertura, luego de haber permanecido cerrada durante 3 años por motivos de restauración, seguridad y modernización.

La muestra está organizada por la Obra Romana de las Peregrinaciones, dependiente del Vicariato de Roma, órgano de la Santa Sede, y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Provincia de Roma, así como de la Región del Lazio (a la que pertenece la capital italiana).

Ver y aprender

Monseñor Cesar Pasini, prefecto de la Biblioteca Apostólica destacó de la muestra “Los numerosos materiales expuestos en original, copia o reproducción (manuscritos, papeles de archivo, volúmenes impresos antiguos o más recientes, dibujos, monedas, medallas), permiten, una ‘primera degustación’”, de lo que es la biblioteca.

El visitante además de conocer la historia de la Biblioteca Apostólica Vaticana, gracias a apoyo multimedial y al servicio de audioguía disponible en diferentes idiomas, podrá apreciar algunos de los tesoros más importantes que reposan en la “Biblioteca del Papa”.

ZENIT estuvo presente en la visita que se realizó especialmente a los periodistas en la que una de las guías de la Obra Romana de Peregrinación aseguró que en la muestra se encuentra el original del Papiro Bodmer, escrito en los primeros años del siglo III que en el año 2006 fue donada al Papa Benedicto XVI por la fundación Sally and Frank Hanna Family. Se trata del manuscrito más antiguo que contiene dos evangelios (de Lucas y Juan).

También se pueden apreciar manuscritos de personajes como Miguel Ángel, Martín Lutero, así como dibujos de Botticelli sobre la Divina Comedia, textos de Dante, Petrarca, homilías marianas del siglo VII, una trascripción Biblia del siglo X, un leccionario melquita del siglo IX entre otros.

“La muestra quiere hacer conocer la Biblioteca Vaticana a quienes no tienen el privilegio de frecuentarla”, dijo el cardenal Raffaele Farina, Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana. “Pero no sólo a ellos. Quiere hacerla conocer mejor a sus usuarios habituales”, aseguró.

“Especialmente, quiere acercarla a la actividad cotidiana, que se desarrolla fuera de las salas de consulta”, indicó el purpurado.

La Biblioteca Vaticana fue fundada en 1451 por el papa Nicolás V quien quiso reunir los libros que se usaban hasta ese momento en la Santa Sede.

Hoy comprende 1.600.000 libros impresos, 80.000 manuscritos, 100.000 unidades de archivo, 8.400 libros incunables, cerca de 300.000 entre monedas y medallas, 150.000 entre impresos, dibujos mapas y unas 150.000 fotografías.

Durante los tres años de restauración, a cada libro le fue implementado un sistema de radio localización por el que cada volumen tiene un chip con los datos del libro para, que en caso de que se pierda, el sistema lo encuentre y pueda volver a su estante.

También fue reparada la planta física de la biblioteca y las estructuras que presentaban algún deterioro. Coincidiendo con la reapertura de la Biblioteca, se realizará también en Roma del 11 al 13 de noviembre el congreso “La Biblioteca Apostólica Vaticana como lugar de investigación y como institución al servicio de los investigadores”.

Por Carmen Elena Villa