Una Fundación para que los enfermos terminales puedan vivir en sus casas

Habla su presidente, Joaquín Navarro-Valls, portavoz vaticano

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ROMA, 27 mar 2001 (ZENIT.org).- La vida de los enfermos terminales se alarga y se hace más llevadera cuando se desarrolla en el calor de los muros del hogar y no en las blancas paredes de un hospital.



Para sostener la labor de las familias que tienen seres queridos en estas circunstancias, se celebró el sábado pasado un concierto en la Ópera de Roma, en eñ que resonaron las célebres notas de Vivaldi, interpretadas por las Orquesta del Teatro Olímpico de Vicenza. La dirección corrió a cargo de Emil Saul y contó con la participación de la soprano Cecilia Gasdia.

Ha sido una iniciativa de la Fundación Maruzza Lefebvre D´Ovidio, dedicada a una joven afectada por un tumor que definió la última etapa de su vida terrena como «la más bella de su vida», confortada por el calor humano de sus familiares.

La Fundación, constituida por los padres de la joven según su deseo, desde 1993, asiste gratuitamente a los enfermos terminales de tumor, con especial atención a la infancia, en colaboración con el Hospital Pediátrico Niño Jesús de Roma.

El director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, JoaquínNavarro Valls, presidente de la Fundación, ha explicado a los micrófonos de Radio Vaticano, cuál es el desafío que afronta esta iniciativa: «Lamentablemente, para muchos de estos enfermos llega el momento en el que el hospital ya no puede ocuparse de ellos, deben volver a casa y esto comporta un problema de asistencia para la familia. La Fundación entra en juego justamente en esta circunstancia».

La Fundación, a pesar de que acaba de nacer en Roma, ya está extendida por varias regiones de Italia y sigue expandiéndose. «Y esto quiere decir que hay una verdadera necesidad de fundaciones que desarrollen actividades como la nuestra, especialmente en la asistencia a domicilio, a estos enfermos», aclara.

Navarro-Valls, que además de periodista es médico psiquiatra, explica que la Fundación ofrece también asistencia espiritual a los enfermos terminales. «El hecho es que no se puede dividir al ser humano en cuerpo o alma --añade--. El ser humano, mientras vive, es las dos cosas. Por tanto, la asistencia a las necesidades de la naturaleza, biológicas, pero también --porque muchos de estos enfermos lo piden-- una atención a la dimensión espiritual del ser humano, sobre todo cuando está gravemente enfermo».