Una historiadora lleva a tribunales el libro «El Papa de Hitler»

Los expertos denuncian errores garrafales al ser publicado en italiano

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ROMA, 25 sep (ZENIT.org).- Apenas llegada a las librerías la edición italiana del libro de John Cornwell «El Papa de Hitler», Emma Fattorini, profesora de Historia Contemporánea en la Universidad La Sapienza de Roma, ha anunciado que presentará una querella ante los tribunales italianos contra el autor británico.



El asunto había sido ya denunciado por el «Osservatore Romano» del 13 de octubre de 1999. Cornwell ha afirmado en su libro que los documentos por él encontrados habían sido mantenidos estrictamente en silencio hasta la publicación de su volumen. En este sentido, sostiene que ha encontrado un documento exclusivo e inédito de 1919 que probaría el antisemistimo de Pacelli. Cornwell habla de esta carta como de «una bomba de tiempo» que habría sido mantenida en secreto en el Archivo Vaticano.

En realidad, el «Osservatore Romano» hizo notar que tal carta, de la que Cornwell cita sólo algunas frases separadas del contexto, había sido ya publicada por entero en Italia, hace ocho años, en el volumen escrito por Emma Fattorini «Alemania y la Santa Sede-La nunciatura de Pacelli entre la Gran Guerra y la República Weimar» («Germania e Santa Sede-La nunziatura di Pacelli fra la Grande Guerra e la Repubblica di Weimar», Editorial «Il Mulino», 1992).

La profesora Emma Fattorini ha relatado que cuando escribió su libro «se acababan de abrir dos años antes los archivos de la Congregación vaticana para los Asuntos Eclesiásticos extraordinarios relativos a los años 1917-1922, que conservaban la correspondencia del nuncio Pacelli. Fui de las primeras que la consultó y pude reproducirla en mi volumen».

La carta, de 18 de abril de 1919, se refiere a un encuentro del auditor de la Nunciatura con un cierto Levin que era entonces «jefe de la República de los Consejos de Munich». El auditor lo describe como «ruso y judío, pálido, sucio, con los ojos inexpresivos» para acceder al cual se debe obtener un pase de su amante que es «una joven rusa, judía, divorciada, que manda como si fuera el ama». Era jefe un líder comunista en Alemania. Esta carta ha sido utilizada por Cornwell para acusar a Pacelli de alimentar «un desprecio racista estereotipado» respecto a los judíos.

En realidad --ha explicado Fattorini-- no es Pacelli quien traza aquella descripción, sino un auditor de la Nunciatura. Además la postura de Pacelli en aquellos años no esta reflejada en aquella carta».

Sobre el asunto, el padre Peter Gumpel, relator de la causa de beatificación del Papa Pacelli, ha añadido que «el encuentro con los jefes de la revolución comunista tuvo lugar y monseñor Scchioppa, el enviado de Pacelli, redactó un informe, que Pacelli firmó y envió a la Secretaría de Estado. Se trata de la carta del 18 de abril de 1919. En este documento viene descrita detalladamente la suciedad y el comportamiento de los jefes comunistas, y lo que allí esta escrito se confirma ampliamente en fuentes contemporáneas, incluida la de uno de los comandantes comunistas el cual ha admitido los hechos después espontáneamente. Es verdad que en este documento se hace referencia a algunos jefes judíos, pero lo que se dice en modo negativo al respecto se refiere a personas individuales y nunca a los judíos en general. He enseñado este documento a varios amigos míos judíos, algunos de los cuales son profesores universitarios como yo. Su respuesta ha sido que se avergonzaban de tal comportamiento por parte de algunos judíos, definidos por ellos como "terroristas y gangsters"; negaban que dicho documento contuviera afirmaciones genéricas sobre los judíos y mantenían absurda la afirmación de que Pacelli, entonces o en otras ocasiones, hubiera hecho la ecuación judío=comunista».

La denuncia de Fattorini asesta otro duro golpe a la credibilidad de Corwell, que ya había sido puesta en tela de juicio por otros pasajes de su libro. El volumen sostiene, por ejemplo, que un grupo de conservadores en el Vaticano tiene congelada la causa de beatificación de Juan XXIII mientras que acelera la del Papa Pío XII. Los hechos lo han desmentido clamorosamente porque Juan XXIII fue beatificado el pasado 3 de septiembre.