Una mirada caballerosa al nuevo año

Presentada por la Orden Soberana de Malta

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Por Edward Pentin

ROMA, lunes 25 de enero de 2010 (ZENIT.org). – Hace apenas dos semanas Benedicto XVI pronunciaba su discurso anual sobre el estado del mundo.

A escasa distancia, en la colina del Aventino desde la que se domina Roma, otro jefe de un antiguo estado soberano daba su propio punto de vista anual sobre el mundo.

Fray Matthew Festing, el 79º Príncipe y Gran Maestre de la Orden Soberana de Malta, se dirigía el 12 de enero a una audiencia de diplomáticos y sus esposas – 104 embajadores en total, cada uno acreditado ante este minúsculo estado.

Hablando en francés e inglés en el todavía prestigioso lugar de la Villa Magistral – una de las dos sedes extraterritoriales de la Orden en Roma – hizo un recorrido de la labor en el 2009 de la orden de caridad laica más antigua de la Iglesia, cuya asistencia humanitaria se extiende por todo el mundo.

La historia de la Orden Militar Hospitalaria Soberana de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta (para darle su título completo) es fascinante. Llena de drama, valor y sacrificio, su pasado se remonta a 1048 cuando fue fundada en Jerusalén para atender a los peregrinos, a los enfermos y a los necesitados.

Concedida la Bula Papal por el Papa Pascual II en 1113, los caballeros se convirtieron en defensores militares de los enfermos y de los territorios cristianos durante las Cruzadas. Pero desde el principio, su independencia y su derecho a mantener y desplegar fuerzas armadas se ha traducido en que la Orden haya tenido siempre soberanía internacional. Hasta el día de hoy, tiene sus propios pasaportes, sellos, constitución y cuerpo diplomático.

En sus comienzos, la Orden tenía considerablemente más territorio. Los caballeros tomaron posesión de la isla griega de Rodas en 1310 y armaron una poderosa flota naval para proteger a los cristianos en el Mediterráneo. Aunque forzados a rendir la isla al Sultán Solimán el Magnífico 13 años después, la Orden jugaría un papel clave en la victoria sobre el poder naval otomano en la batalla de Lepanto en 1571.

Expulsados de Rodas, los caballeros se trasladaron a Malta, con el permiso del emperador Carlos V y del Papa Clemente VII, para tomar posesión de la isla Mediterránea en 1530. Pero fueron usurpados de nuevo, en 1798, cuando Napoleón Bonaparte ocupó el territorio (las fuerzas de Napoleón no encontraron ninguna resistencia porque a los caballeros les estaba prohibido luchar contra otros cristianos). La Orden terminó en la capital italiana en 1834, donde estableció sus cuarteles en la Villa Magistral y su Gran Maestrazgo en vía Condotti, en el centro de Roma.

La Orden ha abandonado hace mucho su militarismo y, en su lugar, ha vuelto a su misión original: luchar por el pobre y el enfermo para aliviar su sufrimiento. Durante las Guerras Mundiales y bajo sus posteriores Grandes Maestres, Fray Angelo de Mojana di Cologna (1962-1988) y Fray Adrew Bertie (1988-2008), la Orden experimentó una gran expansión y ahora tiene una amplitud enorme. Hoy comprende 12.500 miembros, tiene 20.000 empleados y 80.000 voluntarios permanentes. Tiene a su cargo 40 hospitales, 1.500 dispensarios y 110 hogares de ancianos. La semana pasada envió un equipo de doctores y expertos médicos a Haití. La Orden ya mantiene un hospital en el norte del país que ha ayudado a que funcionase durante los últimos 15 años.

También toma parte en defensas y mediaciones. Como estado independiente y políticamente neutral con representación diplomática, media en disputas internacionales si un estado lo requiere. La Orden también tiene una representación permanente en las Naciones Unidas y sus agencias, y delegaciones en el Consejo de Europa, el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras diversas organizaciones internacionales.

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Entrar en la Villa Magistral es un acontecimiento.

Se anda por un camino cubierto de grava, alineado a un túnel de follaje que enmarca el brumoso San Pedro que se eleva en la distancia. La vista es quizá la más hermosa de toda Roma y, como un caballero me recordaba, ofrece al visitante la posibilidad única de ver tres estados soberanos al mismo tiempo.

Visitar la Villa el 12 de enero fue visualmente como transportarse hasta el siglo XVIII. Caballeros vestidos con polainas blancas, capas y colas, amplios sombreros rematados, llevando espadas de pie en las alfombras rojas para saludar a los diplomáticos llegados vestidos de gala. Fray Festing y los altos miembros de la Orden dieron la vuelta en todo un ceremonial: uniformes rojo brillante con borlas doradas, una espada y visible en sus pechos la cruz de ocho puntas distintiva de la Orden.

Pero si la ceremonia parecía antigua, el contenido del discurso del Gran Maestre, pronunciado en la pequeña iglesia de Santa Maria del Priorato en la villa, le lleva pronto a uno al día de hoy.

Fray Festing, un inglés que fue nombrado Gran Maestre en el 2008, apuntaba que la Orden es actualmente la organización de asistencia social más importante de Hungría. Acaba de firmar un acuerdo hace poco con el Líbano donde ha estado ininterrumpidamente desde 1953, llevando adelante 12 centros sanitarios y muchos dispensarios.

Informó que la Orden de caballeros ha proporcionado ayuda humanitaria el año pasado a Indonesia, Filipinas y Vietnam tras los desastres naturales. También dio asistencia en Pakistán y Sri Lanka a los refugiados que huían de los conflictos, y han estado salvando vidas en Kenya, Congo y Sudán. Cerca de casa, construyó dos campos de tiendas para las víctimas del devastador terremoto del año pasado en la región de los Abruzos.

La Orden no hace discriminaciones entre los que reciben las ayudas. Fray Festing visitó el valle de Bekaa donde la Orden ha ayudado a cientos de miles de personas sin importar su religión o cultura. “La imagen que llevo conmigo es la de muchos médicos y enfermeras musulmanes trabajando en nuestros centros, vestidos según la tradición islámica, y llevando orgullosos en sus pechos la cruz de ocho puntas de la Orden de Malta”, afirmaba Fray Festing. “Aún son más de notar las primeras ayudas y la asistencia social que la Orden lleva adelante con una fundación humanitaria chiita, y con la que hemos servido a los necesitados durante muchos años”.

Para concluir, Fray Matthew Festing, alto, amistoso y con la figura imponente de quien una vez fuera soldado en los Guardias Granaderos, destacó que el año pasado la Orden se dirigió por primera vez al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Basándose en su experiencia de labor humanitaria, especialmente en África y Asia, la Orden aportó su punto de vista sobre la protección de civiles en conflictos armados. Los caballeros propusieron que los principios básicos del derecho humanitario internacional fueran de obligado cumplimiento universal y se procesara a aquellos que los violaran. Si eso no fuera posible, la Orden piensa que estos casos se deberían llevar ante el Tribunal Penal Internacional.

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Italia, Brasil y España están entre los más significativos de los 104 países acreditados ante la Orden de Malta. La mayoría de las naciones son católicas (aunque muchas no lo son), y 36 de ellas son de África. Pero entre las ausencias notables están Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda.

Las razones dadas para la ausencia norteamericana y británica son sus relativamente recientes lazos diplomáticos con la Santa Sede y que no son naciones de mayoría católica. También se dice que hay cierta resistencia por parte de algunos funcionarios del Foreign Office de Gran Bretaña, tradicionalmente un país protestante (extrañamente, la Reina Isabel II, como soberana de Belice, tiene lazos formales con la Orden a través de aquel país pero no a través de su propia Gran Bretaña nativa).

Una cuestión más interesante, no obstante, es porqué Irlanda no tiene un representante diplomático, cuando cada país de Europa, a excepción de Francia, tiene relaciones formales. Según un diplomático, las razones son “muy complejas y llenas de matices”.

Un portavoz de la Orden afirmó que les gustaría que más naciones como Irlanda se acreditaran, pero que están simplemente agradecidos por las muchas que ya lo están.

Por algo se les llama caballeros.

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Edward Pentin es un escritor independiente que vive en Roma. Se puede contactar con él en: epentin@zenit.org

[Traducción del inglés por Justo Amado]