Una misionera en Sudán, y su santa

Entrevista con la hermana canosiana Severina Motta

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ROMA, domingo 3 de abril de 2011 (ZENIT.org). – La hermana Severina Motta es una Misionera Canosiana que ha pasado más de 40 años en África. Ha pasado más de doce años viviendo en Sudán, donde llegó a conocer a “su santa”, Santa Bakhita.

Bakhita es la primera santa de Sudán, y ha adquirido fama internacional sobre todo después de que Benedicto XVI la mencionara en su encíclica “Spe Salvi”.

También inspiró la conversión de un preso del corredor de la muerte en Oregon, que ha comenzado un proyecto de apoyo a las canosianas.

En esta entrevista concedida al programa de televisión “Dios llora en la Tierra” de la Catholic Radio and Television Network (CRTN) en colaboración con Ayuda a la Iglesia Necesitada, la hermana Severina habla de su propia vocación misionera y de la santa que ha enseñado a los sudaneses cómo prevalecer sobre sus enemigos.

- ¿Siempre quiso ser una religiosa misionera?

Hermana Severina: Siempre quise ser religiosa, aunque no concretamente misionera.

- ¿Quiso ser religiosa aquí?

Hermana Severina: Quise ser religiosa en Italia. Pasé por una lucha muy grande. Accedí cuando supe que era lo que Jesús me pedía de verdad, ir en medio de la juventud que no tiene a nadie que la cuide.

- ¿Cuál fue el momento en que dijo “Sí, Señor, iré”?

Hermana Severina: Fue en un momento especial de oración en el noviciado. En la capilla había un gran crucifijo que señala a algunas ovejas y, bajo la imagen, estaban las palabras: Euntes in Universum Mundum – Id al mundo entero. El dedo parecía señalarme a mí, era mi turno de ir a unirme a los misioneros. Por eso accedí. Fue una experiencia muy dura, pero tengo que decir que fue muy gratificante.

- Mirando hacia atrás en su vida, ¿habría hecho algo diferente?

Hermana Severina: No, habría hecho lo mismo de nuevo.

- ¿Por qué eligió África?

Hermana Severina: En realidad no elegí África. Vamos adonde se nos envía, pero, después de que dije que sí al Señor, mi mayor deseo fue estar entre los más pobres, compartir su vida y trabajo con ellos para encontrar los medios y las formas de mejorarla. Tengo que decir que he sido privilegiada porque en todos los lugares en que he estado, todas las cosas esenciales de la vida no existían. Sin medios de comunicación, sin carreteras en condiciones, sin agua potable, sin electricidad, sólo la riqueza de la gente.

- Querría hablar un poco sobre la Hermana Bakhita, Santa Bakhita Ahor, que en la comunidad es llamada “la Madre marrón”.

Hermana Severina: Sí, Bakhita era una niña de Darfur, Sudán, que a la edad de 7 años fue secuestrada y vendida como esclava. Pero ella no aceptó su situación. Se escapó con otra niña, pero fue capturada y revendida, y esta situación se repitió cinco veces. Pasó de un amo a otro peor, hasta que cayó en manos de un funcionario turco muy cruel. Este hombre le hizo 114 cortes profundos en su cuerpo echando sal en ellos, lo que la dejó agonizando durante semanas. Después de esto fue comprada por el cónsul italiano en Jartum que se la llevó a su país. La entregó como niñera a la esposa de un amigo. Ya en Italia, Bakhita no sólo encontró la libertad, sino respeto y amor, pero, sobre todo, descubrió a Dios. Más tarde se bautizó y pidió entrar en nuestra congregación. En ella vivió un vida muy simple – murió en 1947 en Schio – pero una vida de bondad, humildad, ternura y profunda espiritualidad. El Papa Juan Pablo II la reconoció comos santa el 1 de octubre de 2000.

- Santa Bakhita ha tocado las vidas de personas de todo el mundo. He oído una historia sobre un preso norteamericano en el corredor de la muerte que se convirtió por Santa Bakhita. ¿Nos puede hablar sobre esto?

Hermana Severina: Sí, hay un preso en el corredor de la muerte, en Oregon. Este hombre estaba desesperado, y un día se encontró en la puerta de su celda una carta de una señora suiza que, como hobby, buscaba en Internet los nombres de personas condenadas a muerte. Les escribía para darles un poco de ánimo. El preso, Jeffrey, vio la carta y, durante un tiempo, no se ocupó de ella, pero, al final, la recogió con la idea de tirarla a la papelera. Pero cayó fuera. Así que la recogió de nuevo, la abrió y leyó que esta señora le quería y que Santa Bakhita también lo quería. Comenzó a preguntarse quién sería esta Bakhita. Intentó ignorarla de nuevo pero no hallaba la paz, así que escribió a esta señora preguntándole por Bakhita. Le envió un folleto con la historia de Bakhita. Quedó tan impresionado por lo que esta niña tuvo que pasar, su capacidad de perdonar y ser capaz de tener éxito en su vida que, poco a poco, algo cambió en él. Pidió ser bautizado y ahora quiere hacer algo por Sudán. Y de esta forma desde su pequeña celda escribe carta. Ha comenzado un proyecto que fomenta las ayudas para los niños de Sudán.

- ¿Creo que ha escrito unas 600 cartas?

Hermana Severina: Ha escrito más de 600 cartas. También es un artista. Así que está creando obras de arte para venderlas con este fin. También está ayudando a convertir a reclusos y está teniendo éxito de verdad. Yo creo que este es uno de los mayores milagros obrados por la hermana Bakhita.

- ¿Qué importancia tiene Santa Bakhita para el pueblo sudanés?

Hermana Severina: Santa Bakhita es, en primer lugar, un signo y un motivo de orgullo tanto para Sudán como para su pueblo. Bakhita es la primera sudanesa santa. Fue una esclava. Fue una mujer. Su fama se ha extendido por todo el mundo. Reveló al mundo lo mejor de su pueblo y atrajo la atención del mundo sobre los problemas y la situación de Sudán.

- ¿Cuándo habla usted al pueblo sudanés sobre la hermana Bakhita y el perdón a sus enemigos, es algo que puedan acoger en su corazón a la luz de todas las dificultades que han sufrido en Sudán?

Hermana Severina: Creo que sí, porque Bakhita es de verdad sudanesa. Los sudaneses la aman tanto porque reveló lo mejor de su pueblo. Cuando llegué a Sudán, era una época de terrible lucha y sufrimiento. Yo mismo no podía soportarlo y cuando preguntaba a la gente: “¿Cómo pueden soportar esta situación?”. Ellos decían: “Hermana, no creo que seamos los derrotados. Somos los vencedores porque podemos sufrir sin buscar venganza. Esta fuerza interior que mostramos es lo que vence a sus enemigos”. Esta es la fuerza que encontramos en la hermana Bakhita, y ahora en su pueblo.

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Esta entrevista fue realizada por Mark Riedemann para “Dios llora en la Tierra” un programa radiotelevisivo semanal producido por Catholic Radio & Televisión Network en colaboración con la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.

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Más información en: www.ain-es.orgwww.aischile.cl

“Hermana Bakhita: Una Canción de Libertad”, trailer: www.youtube.com/watch?v=NiVe3S3tnuU