Urge «globalizar» la protección para decenas de millones de personas: los refugiados

Advierte la Santa Sede al ACNUR

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GINEBRA, jueves, 11 octubre 2007 (ZENIT.org).- Prestar mayor atención a 34 millones de personas --entre refugiados y desplazados-- requiere una «globalización de la protección» de sus derechos, ha advertido el observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de la ONU y de las Instituciones Internacionales en Ginebra.



El arzobispo Silvano Tomasi apuntó cifras al intervenir, el pasado 2 de octubre, en la 58ª sesión del Comité Ejecutivo del Programa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El número de refugiados se ha incrementado de nuevo hasta los diez millones aproximadamente, y el de desplazados internos supera los 24 millones.

«Millones de seres humanos corrientes son arrojados a increíbles situaciones de humillación y sufrimiento», denunció.

La tendencia estadística muestra que el desarraigo del propio hogar es «una injusticia esencial provocada por los persistentes conflictos que desencadenan esta condición inhumana», expresó monseñor Tomasi, recordando qué expulsa a las personas de sus casas y de su país de origen: «miseria extrema, degradación medioambiental, intolerancia y persecución religiosa, falta de libertad, ausencia de respeto de la actividad de defensa pro derechos humanos».

«Las personas desarraigadas deben trasladarse porque sus derechos no son reconocidos», y «en este éxodo, sus derechos se violan de nuevo», resumió.

En este contexto, el prelado recordó al ACNUR que «una aproximación que abra a nuevos compromisos y lleve a medidas prácticas de asistencia y protección se basa en el replanteamiento del lugar central que la dignidad humana y los derechos humanos deberían tener en las políticas de asilo y de refugiados».

Y «el respeto de los derechos de todos los desplazados lleva a una respuesta y a una protección global --subrayó--, de manera que de una globalización de los derechos se derive una globalización de la protección».

«Una perspectiva global de los derechos humanos --profundizó-- puede indicar criterios y medios apropiados que se deberían aplicar desde el momento en que una persona se ve obligada a abandonar su hogar y a pedir asilo hasta que logre una solución duradera».

En particular --señaló-- «debería darse nuevo énfasis a la prevención y a la construcción de la paz, al diálogo y a la reconciliación».

Y es que «la prevención de conflictos, que son siempre fuente de violaciones de los derechos humanos y de desplazamientos masivos forzosos, deben convertirse en el camino principal de los esfuerzos de la comunidad internacional para erradicar la tragedia del desplazamiento obligado», considera.

Pero las crisis que causan el drama de refugiados y desplazados ya se han convertido en una «dimensión rutinaria de la vida diaria», lamenta.

Monseñor Tomasi advierte que «la opinión pública tiende a aceptar casi como normal el hecho de que millones de seres humanos estén desarraigados y relegados a condiciones miserables y dolorosas».

Por eso --recalca-- «acoger a los refugiados y darles hospitalidad es, para cada uno, un gesto fundamental de solidaridad humana a fin de ayudarles a que se sientan menos aislados de la intolerancia y del desinterés».