Urge una Nueva Evangelización

Nos preguntamos en qué hemos fallado

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, domingo 4 diciembre 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo de monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, México, con el títuloUrge una Nueva Evangelización.

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+ Felipe Arizmendi Esquivel

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El país vive el azote de la violencia y de la inseguridad. Nos culpamos unos a otros y, quien más quien menos, ofrecemos soluciones, más impactantes en el discurso que en una efectividad real. Los enemigos políticos del presidente de la República lo juzgan único responsable de los miles de muertes ocasionadas por su inderogable y constitucional obligación de combatir a los inhumanos y abusivos narcotraficantes y llevan el caso ante instancias internacionales. Otro ofrece crear millones de empleos para los jóvenes, como si esto fuera tan sencillo. Las familias y los pueblos sufren, y ya no saben qué hacer.

Las Iglesias nos sentimos cuestionadas. La mayoría de los narcos y asesinos son bautizados y dicen ser creyentes, algunos hasta muy devotos, a su manera… Nos preguntamos en qué hemos fallado, y qué debemos hacer.

Juan Pablo II, siguiendo la inspiración del Concilio Vaticano II y de Pablo VI, nos propuso una “nueva evangelización”. Por primera vez usó esta expresión en Polonia, el 9 de junio de 1979. Después, la difundió y urgió por todas partes, sobre todo en sus múltiples viajes y mensajes a América Latina. En Santo Domingo, al inaugurar la V Conferencia General, nos dijo que debería ser “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”.

El papa Benedicto XVI ha convocado el Sínodo de los Obispos, en Roma, del 7 al 28 de octubre de 2012, precisamente sobre “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Ya han sido elegidos los obispos que nos representarán. Y “para que la Iglesia entera pueda presentar a todos un rostro más bello y creíble, reflejo más claro del rostro del Señor”, nos ha invitado a celebrar un Año de la Fe, del 11 de octubre de 2012, al 24 de noviembre de 2013.

Las tres diócesis de Chiapas nos hemos reunido para estudiar el documento preparatorio al Sínodo, ofrecer un aporte desde nuestra realidad pastoral, cuestionar y renovar la práctica evangelizadora, “pues el Evangelio no ofrece una palabra sólo de consuelo, sino que interpela, que llama a la conversión, que hace accesible el encuentro con El, por el cual florece una humanidad nueva” (29-X-2011).

JUZGAR

El mandato de evangelizar es perentorio, desde que Jesús lo encomendó a sus apóstoles. Evangelizar ha sido siempre y será la misión que da identidad a la Iglesia. Si no lo hiciera, escudándose en restricciones legislativas o amoldándose al relativismo imperante, traicionaría su misión.

El documento para el Sínodo describe algunos escenarios que debemos enfrentar: “Una profunda secularización, que ha perdido la capacidad de escuchar y de comprender la palabra evangélica como un mensaje vivo y vivificador. Una mentalidad en la cual Dios está, de hecho, ausente. La cultura del relativismo. La mentalidad hedonista y consumista. La superficialidad y el egocentrismo, que lleva a un estéril culto al individuo. Una atrofia espiritual y un vacío del corazón. Formas subrogadas de pertenencia religiosa y de vago espiritualismo. Formas de contaminación y de desmoronamiento de los puntos fundamentales de referencia de la vida. Un clima de extrema fluidez y liquidez. Un fundamentalismo que justifica la violencia y elterrorismo. La proliferación de sectas. Se difunde una progresiva alienación de la dimensión ética y política de la vida. La cultura de lo efímero, de lo inmediato, de la apariencia. Desequilibrios económicos en la distribución de recursos. El daño a la creación. La ciencia y la tecnología se presentan como los nuevos ídolos del presente. Nuevos cultos, religiones de la prosperidad y de la gratificación instantánea” A esta descripción, más de corte europeo, agregamos lo más específico de nuestra realidad.

ACTUAR

Seamos humildes y revisemos nuestra vida personal, porque a veces la gente se aleja de Dios y de la Iglesia porque no somos tan santos como deberíamos. Confrontemos nuestra práctica pastoral y no engañosamente pensemos que todo lo hacemos bien, pues los resultados no confirman nuestras afirmaciones. Apasionémonos más por Jesucristo y contagiemos esta fe, para que muchos otros encuentren en El la fuente de la vida.