Vaticano a la ONU: La religión, indispensable contra el racismo

Intervención del «embajador» del Papa sobre las conclusiones de Durban 2001

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NUEVA YORK, 30 enero 2002 (ZENIT.org).- La religión es incompatible con el racismo, afirmó con claridad la Santa Sede ante las Naciones Unidas, al tiempo que se preguntó por qué la comunidad internacional encuentra tantas dificultades para afrontar este argumento.



La intervención del «embajador» de Juan Pablo II ante el comité de la Asamblea General tuvo lugar el 28 de enero pasado para hacer un balance sobre «El informe de la Conferencia mundial contra el racismo», que se celebró en Durban (Sudáfrica) del 31 de agosto al 8 de septiembre pasado.

«La verdadera creencia religiosa es absolutamente incompatible con una actitud y una práctica racista», afirmó, citando palabras del Papa el arzobispo Renato Martino, observador permanente de la Santa Sede ante la Sede de la ONU en Nueva York.

Por este sentido, el nuncio apostólico aseguró que el diálogo interreligioso es un elemento vital para fomentar la paz y la comprensión y para superar las divisiones y las incomprensiones históricas. Este diálogo, indicó, deberá ser una fuerte contribución a la lucha contra el racismo.


«La religión puede ser una gran fuerza para la conversión individual y colectiva de los corazones, sin la cual nunca se podrá eliminar el odio, la intolerancia y al exclusión», aseguró Martino.

La Conferencia de Durban se convirtió en el otro argumento principal de la intervención del representante vaticano, para pedir que las delegaciones de los países se pregunten por qué la familia de naciones tiene tanta dificultad en tratar la cuestión del racismo.

Aquella cumbre de la ONU, que debía afrontar cuestiones como la xenofobia o la intolerancia, se convirtió en un foro en el que exponentes de algunos países árabes (el más insistente fue Siria) pidieron el que se considerara el sionismo y a Israel como Estado racista.

La cuestión de Oriente Medio, en vísperas de los atentados del 11 de septiembre, acaparó así la atención de una Conferencia en la que en ocasiones se escucharon discursos racistas. Estados Unidos e Israel abandonaron la Conferencia en pleno debate.

«Al final cada Estado ha venido aquí, a Durban, tratando de defender sus propios intereses», afirmó en declaraciones publicadas por Zenit (9 de septiembre de 2001) el arzobispo Diarmuid Martin, quien fue el jefe de la delegación Vaticana en la Conferencia.

Ante aquella experiencia, monseñor Martino pide ahora que la lucha contra el racismo sea «explícita y directa».

En su última intervención ante la ONU recordó que «con demasiada frecuencia en el pasado, las sociedades acríticas han permanecido inactivas cuando surgían nuevos signos de racismo. Si no estamos alerta, el odio y la intolerancia racial pueden reaparecer en cualquier sociedad, no importa lo avanzada que se pueda considerar a sí misma».

Al afrontar la cuestión del programa surgido en Durban, aseguró que la lucha contra el racismo debe empezar a nivel de legislación y práctica nacional.

Tal legislación, indicó, debe tratar en especial la situación de los refugiados y los inmigrantes que a menudo son víctimas de discriminación. Debe tratar también la situación de los pueblos indígenas y de los grupos minoritarios.

La legislación, añadió el representante vaticano, debe ir acompañada de la educación en la tolerancia racial a todos los niveles. Así mismo la familia debe ser escuela de apertura y aceptación de los otros. Las agencias gubernamentales nunca deben justificar un perfil racial y los medios de comunicación deben estar atentos para evitar todo tipo de estereotipos raciales.