Vaticano: El hombre no puede convertirse en material para la investigación

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CIUDAD DEL VATICANO, 24 agosto (ZENIT.org).- Pocas horas después de que el gobierno de Estados Unidos anunciara la decisión de destinar fondos públicos a la experimentación con embriones humanos, la Academia Pontificia para la Vida ha publicado un documento en el que define como inaceptables desde el punto de vista ético estas investigaciones, pues no consideran al embrión como «un ser humano que tiene que ser respetado y tratado como persona». Y el primero de los derechos de una persona es la vida.



En particular, el documento de esta institución de la Santa Sede confirma que la producción de embriones humanos y su consiguiente destrucción con el fin de obtener las células madre (o estaminales), que tienen el potencial de convertirse en casi cualquier tejido humano, nunca puede ser lícita, pues ningún fin --por más atractivo que sea desde el punto de vista científico-- puede justificar la eliminación de un ser humano.

Pero el documento no se queda en la simple condena. Es extraordinariamente positivo: constata, como un dato comprobado científicamente, la posibilidad de utilizar las células madre adultas para alcanzar los mismos objetivos médicos. Este camino es indicado como auténticamente respetuoso de la dignidad del hombre y, por tanto, como el más adecuado para acceder a las grandes promesas que presenta la investigación científica en esta manera.

Intereses económicos
En declaraciones ofrecidas a los micrófonos de «Radio Vaticano», el obispo Elio Sgreccia, vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida, considera que la decisión de la Administración Clinton de financiar la experimentación con embriones humanos se debe «a las presiones de la industria que quiere comercializar el material humano, pues existen ya investigaciones prometedoras para obtener los mismos resultados a través de la utilización del células madre presentes en el organismo del adulto: se pueden extraer ya de la sangre o del cordón umbilical. Existen perspectivas de investigación muy serias en este sentido, apoyadas por las revistas científicas. Entonces, surge la pregunta, ¿por qué no alentar a la investigación para que vaya en esta dirección? ¿Por qué no apoyar la investigación que respeta la vida humana desde su inicio?»

--Quienes apoyan la decisión del gobierno de Bill Clinton piensan en que estos experimentos podrían ser la solución de graves enfermedades. Hablan de una promesa extraordinaria para quien sufre...

--¡No se puede aceptar el hecho de enfatizar el fin para justificar cualquier medio! Sabemos que la moral exige que se persigan los fines adecuados con los medios adecuados. De lo contrario, cuando el ser humano es utilizado como medio para alcanzar fines que pueden parecer incluso nobles se abrirían posibilidades que la historia ya ha condenado. Además, hay que considerar que estos fines pueden alcanzarse por otros caminos, aunque sean más costosos y comprometedores. Esto nos hace comprender con claridad que existen finales comerciales y que el dinero es la auténtica razón; y no la salud del hombre. Si se puede alcanzar la salud del hombre por otros caminos, ¿por qué no se trata de recorrer esos caminos?

--De todos modos, la normativa prevista por los Estados Unidos debería mantener la prohibición de financiar con fondos públicos operaciones de destrucción de embriones humanos.

--¡Eso es una hipocresía! Cuando se toman embriones congelados, se están destruyendo para poder hacer estas investigaciones. Se trata de embriones verdaderamente humanos. Se quiere dar a entender que los embriones que son fruto de la procreación artificial, almacenados y congelados, no son embriones humanos y, por tanto, que no tienen que ser tratados como seres humanos. La Iglesia ya considera como un delito el congelar seres vivientes como resultado de técnicas de procreación humana. Utilizarlos como objeto de investigación, destruyéndolos, no puede ser ni mucho menos algo indiferente.

--Hoy la Academia Pontificia para la Vida, de la que usted es el vicepresidente, ha dado indicaciones en esta materia, pero el mundo parece ir por otro camino...

--Indudablemente parece que está prevaleciendo la así llamada «libertad de investigación», que en el fondo no es más que una libertad de la ética, es decir, una libertad de cualquier valor ético. Está prevaleciendo, al igual que en otros campos, el principio de la utilidad sobre el respeto incondicional del ser humano. El hecho de que esto sea una realidad no debe desalentarnos, sino más bien motivarnos a tomar una posición clara y neta: la historia nos recuerda quién es el que ha hablado y el que se ha quedado callado, el que no ha hecho nada. Detrás de estas propuestas, se encuentra el interés financiero; la despreocupada utilización del ser humano; la admisión implícita de que el embrión no es un ser humano digno de respeto. ¡ No podemos quedarnos callados en este punto, aunque no fuéramos más que una pequeña minoría!