Vaticano II, ni ruptura ni continuidad a ultranza

Presentados en la Lateranense tres nuevos libros de investigación sobre el Concilio

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ROMA, miércoles 30 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- A las puertas de los cincuenta años del Concilio Vaticano II se realizó hoy en la Pontificia Universidad Lateranense, un encuentro promovido por el Centros de Estudios sobre el Vaticano II, con el título “Hacia el 50 aniversario de la apertura del Concilio. Desde Pío XII a Juan Pablo II”.

En el ateneo romano fueron presentados tres libros realizados por el Centro de Estudios: ‘La herencia del magisterio de Pio XII’; 'La Iglesia Croata' y el Concilio Vaticano II; y ‘Juan Pablo II y en Concilio. Un desafío y un deber’.

El rector magnífico de la pontificia universidad, monseñor Enrico Dal Covo, precisó que “estos tres libros contribuirán a un ulterior estudio, y se insertan en lo que es el empeño del centro de estudios en el Laterano”.

O sea el de “favorecer una nueva síntesis interpretativa del Concilio Ecuménico Vaticano II, que pueda superar las parálisis de interpretación o hermeneutica parcial, sea de una parte desequilibrada totalmente sobre la discontinuidad, sea de la otra parte, la que insiste en manera única y unilateral en la continuidad”.

Por lo tanto explicó el obispo “se trata de recuperar con un paciente trabajo histórico de documentación todos los elementos para poder ir más allá de dicha parálisis”.

Los conferencistas fueron el director del Centro de Estudios, Philippe Chenaux; monseñor Bernard Arudura, presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas; monseñor Jure Bogdam, rector del Pontificio Colegio Croata de San Jerónimo; Gilfredo Marengo, docente del Instituto Juan Pablo II, y fue leído un texto del vicedecano de la Facultad de teología de la Lateranense, Lubomir Zak.

Philippe Chenaux indicó que “los tres libros más allá de los documentos del Concilio Vaticano II, profundizan las fuentes locales como los textos de los padres y teólogos que participaron y conservaron los materiales”.

Esto porque los históricos han pensado muchas veces al Concilio como un evento, “pero no se lo puede reducir a los dieciseis documentos aprobados” y por lo tanto se trata de “reconstruir un evento histórico considerando que existe un espíritu del Concilio”.

La importancia de Pío XII

Cheneaux recordó que “leer el Concilio como una ruptura con el pasado” es equivocado como “la hermeneutica de la continuidad” hechos que se encuentran en la “diferencia ente la escuela belga” y aquella apegada solamente “a la letra de los documentos”.

Además porque desde el punto de vista histórico el Concilio “marca el final de la época de la Contrarreforma sin negar la continuidad” no tanto “porque han cambiado los hombres sino el juicio sobre ellos”, dijo.

La pregunta entonces es “¿cómo conciliar estas visiones? Retomando la investigación histórica y evitando la instrumentalización de la historia misma del Concilio” y la visión monopolística según la cual es necesario ir más allá de los documentos porque éstos “habrían sido fruto de un compromiso entre las diversas corrientes”.

Monseñor Ardura por su parte profundizó el segundo volumen presentado, en el cual se estudia la relación con los países del Este europeo en el Vaticano II, recordando los cambios históricos, la civilización cristiana, la II Guerra Mundial, el comunismo, y el período post guerra. Evento que llevan a Pío XII a interesarse en la cuestión política y en la armonía entre fe y cultura.

“Pio XII autoriza en Francia la creación de los curas obreros – indica Ardura – experiencia suspendida en 1954 tras el informe del nuncio de París, Roncalli”, pero posteriormente autoriza la experiencia con la creación de la prelatura de la Mision de Francia”

En el recorrido histórico entra también el tema de la evangelización y de la invitación a los fieles a ser heraldos del evangelio; la Lumen Gentium, y la aparición de conceptos históricos innovadores para la época y sin los cuales hoy no se podría pensar a las relaciones humanas. 

Con Pío XII, indica Ardura “se verifica un cambio de mentalidad”. Los  laicos son invitados primero a colaborar y después a participar “hasta reconocerles una particular misión en la Iglesia y en el mundo”.

Y concluyó citando a Benedicto XVI sobre la “gran amplitud y la alta calidad del magisterio de Pío XII.

Iglesia del Este

En vicedecano de la facultad de teología, Lubomir Zak, indicó en el texto que fue leído, el aporte de la Iglesia del este europeo, en particular la de Croacia y algunas pistas. Entre ellas la situación política extrema que vivían y que a pesar de ello lograron participar al Concilio. 

Como a pesar de las almas progresista y conservadora existentes promovieron las enseñanzas del Vaticano II de manera ejemplar.

El vicedecano recordó en el texto, que después del Concilio se verificó una renovación y como reducir el Vaticano II a una rotura con el pasado “era un vulgar error”.

El volumen indica además como “con una concepción positivista e ideológica no es posible una interpretación objetiva del Concilio ni una interpretación eclesialmente compartida de sus profundas intuiciones” porque “el Concilio fue un don del Espíritu”.

Monseñor Jure Bogdan, por su parte recordó la participación al Concilio de la Iglesia del este europeo y del inicio de la Ostpolitik vaticana; la situación de Hungría, Checoslovaquia, Polonia y el diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo. 

Las presiones hasta el final de los años 50 contra la Iglesia y los seminarios mayores y menores y contra la jerarquía eclesiástica. Y como intentaron infiltrar la Iglesia a través del caballo de troya de las asociaciones profesionales de sacerdotes controladas por las autoridades comunistas.

El libro cuenta como al Vaticano II participaron 28 obispos, la mayoría de Croacia y de sus intervenciones en las sesiones del Concilio. También sobre la influencia del Vaticano II en los países vecinos y la voluntad de contribuir a la renovación conciliar.

El profesor Marengo presentó su volumen, precisando que el método buscado fue el de “tener juntos dos registros manteniendo la distinción cuando habla el Papa y cuando Karol Wojtyla, pero al mismo tiempo de nutrir la interpretación de los actos magisteriales y los textos anteriores que son de la misma persona y son raíces sobre las cuales el magisterio se enraíza y toma su linfa”.

Y como palabras tales como “evento, nueva pentecostés, renovación real de la Iglesia” son claves y explican de que manera Juan Pablo II vivió y vio el Concilio”. Para el papa polaco “más que una enseñanza que deber permanecer en la vida de la Iglesia, el Concilio es la novedad que él llama la escuela del Espíritu Santo”. 

Por ello en el sínodo de 1985 quiso hacer conocer a los  cardenales que no habían participado al Concilio, el espíritu del evento”.

Los textos integrales de los conferencistas serán publicados en breve en la web de la Universidad Lateranense.