Veinte años de las apariciones de Medjugorje

La Iglesia pide no hacer peregrinaciones «oficiales» hasta ofrecer su juicio

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ROMA, 2 julio 2001 (ZENIT.org).- El 24 de junio se cumplieron veinte años del inicio de las «apariciones» de María en Medjugorje, pequeña aldea de Bosnia-Herzogovina.



Seis niños de reste pueblo de unas cuantas casas a veinte kilómetros de Mostar aseguraron en aquellas fechas de 1981 haber visto a la Virgen sobre una colina poco distante.

Desde entonces, la aldea ha entrado en el circuito mundial de las grandes peregrinaciones. Al menos 15 millones de personas han llegado en peregrinación y han nacido en todo el mundo movimientos de oración y asociaciones de todo tipo.

Sin embargo, en este caso, no faltan los interrogantes, tanto para el obispo de Mostar, como para la Santa Sede. En particular, hay dos elementos que han dificultado hasta ahora la aprobación eclesial de las apariciones: el comportamiento de los franciscanos que dirigían la parroquia a la que pertenecían los videntes de Medjugorje; y la cantidad y el carácter de los mensajes atribuidos a María.

Por el momento, la diócesis ni la Santa Sede han descalificado las aprobaciones, pero tampoco las han reconocido.

En septiembre de 1998, el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Tarcisio Bertone, escribía una carta ante la consulta que le presentaba un obispo francés: «Precisamos que, por lo que se refiere a la credibilidad de las presuntas apariciones, este organismo vaticano se atiene a lo que ya ha sido establecido por los obispos de la antigua Yugoslavia en la declaración de Zara del 10 de abril, de 1991»

En aquella ocasión, los prelados yugoslavos decían: «En virtud de las investigaciones realizadas hasta ahora no es posible afirmar que se trate de apariciones o revelaciones sobrenaturales».

La carta del representante vaticano reconocía también que las investigaciones no permiten excluir la veracidad de dichas apariciones, de modo que por el momento los pareceres al respecto no tendrán más que un carácter de opinión personal.

El secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe confirmaba la prohibición de organizar peregrinaciones oficiales, pero explicaba que se permiten aquellas que se celebren «en privado», a condición de que no sean consideradas como una autentificación de los hechos «que requieren todavía un examen de la iglesia». El arzobispo sugería a los obispos bosnios realizar estudio más profundo de los hechos.