Venezuela: Compartimos el Pan de la Palabra y de la Eucaristía

II Congreso Eucarístico-Catequético en la Diócesis de San Cristóbal

San Cristóbal, (Zenit.org) Redacción | 729 hits

En la misa de apertura por el II Congreso Eucarístico-Catequético en la Diócesis de San Cristóbal, Venezuela, que se está desarrollando en el Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino, estado Táchira, el obispo de esta diócesis, monseñor Mario del Valle Moronta Rodríguez señaló que “debemos dejar que el Espíritu Santo nos guíe”. A esta celebración litúrgica asistieron fieles que participarán desde este jueves hasta el próximo domingo de este congreso, provenientes de las 86 parroquias diocesanas.

Resaltó basándose en las lecturas de la liturgia del día “con el bautismo nos convertimos en hijos de Dios, y por eso, nuestro rostro debe reflejar la presencia de Dios, debemos manifestar la gloria de Dios, que significa divinidad”. El obispo de San Cristóbal enfatizó que la Iglesia es eminentemente eucarística, “vamos a meditar y reflexionar para demostrar que no tenemos un velo que nos separa de Dios”.

Indicó que constantemente el papa Francisco señala la importancia de conocer a Dios, sin negárselo a nadie, “es por eso que debemos ser ejemplo desde donde estamos, en nuestros hogares, en el trabajo, en nuestras comunidades”. Finalmente subrayó que “la Eucaristía es mesa donde compartimos con nuestro testimonio de vida”.

La sesión inaugural del Congreso se realizó en el teatro del Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino, este jueves.

El presídium estuvo integrado por monseñor Mario del Valle Moronta Rodríguez, obispo de la Diócesis de San Cristóbal; los vicarios generales monseñor Ángel Delgado y presbítero José Boreli Arellano; presbítero Victoriano Rodríguez, rector del Seminario Diocesano; Enmanuel Pernía y Juan Carlos Gómez, organizadores del Congreso; Otto Cárdenas, en representación del presbiterio diocesano, hermana María Fernanda, en representación de las religiosos; Nelly Escalante, por los laicos; Luis Méndez, por la Educación Católica; Yuslaidy Peña, por los jóvenes y Yudeisi Ruiz, por los niños.

Se entronizó la Palabra de Dios y la Luz mientras que se hacían cantos alusivos al momento, dirigidos por el presbítero José Salvador Castillo.

En su intervención, el presbítero Juan Carlos Gómez, en representación de los sacerdotes organizadores del Congreso, indicó “hoy nos hemos reunido, no para marcar un hito en la historia de nuestra Iglesia diocesana, aunque eso ya está sucediendo; nos reunimos para compartir la fe, y con la ayuda de Dios y de este Congreso, hacerla crecer y florecer como rosas plantadas en Jericó que nunca mueren”.

La celebración del Congreso será una oportunidad para redescubrir la presencia redentora del Señor, “la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa (del altar) y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre en la Sagrada Liturgia”, como lo pone de manifiesto la Constitución Dogmática Dei Verbum, en el numeral 21.

Resaltó el padre Gómez que “nuestra Diócesis es joven, constituye para la Iglesia Venezolana, Latinoamericana y Universal, un semillero destinado a crecer en todos los ámbitos de evangelización de una manera integral y progresiva. Con la Experiencia de dos Sínodos, Asambleas diocesanas, y una historia de Evangelización siempre nueva, con proyección hacia el futuro de la Iglesia, reafirmemos nuestra fe y profundicemos cada día más en una Iglesia Viva y Ardiente, que desea abrirse en nuestra región”.

Se concluyó la sesión inaugural con el canto del himno de la Diócesis de San Cristóbal. Y posteriormente se dio inicio a las ponencias y mesas de trabajo.

La lección inaugural estuvo a cargo del obispo Mario Moronta, quien se basó en dos textos evangélicos tomados de San Juan 6 y San Lucas 24.

El capítulo 6 del Evangelio de San Juan nos va a dar pistas concretas sobre la relación Pan-Palabra. Es un capítulo extenso que comienza presentando el cuarto signo, el de la multiplicación de los panes. Al finalizar el milagro o signo, Juan da a conocer una observación histórica que sólo él presenta: la gente quiere ver en Jesús a un profeta semejante a Moisés, que viene a fundar el nuevo Israel. La gente lo que ha captado son los signos que hace y no “el signo” verdadero. Incluso quieren hacerlo rey, por lo cual se marcha a la montaña.

También resaltó el obispo que a lo largo de su Evangelio, Juan va a introducir las siete grandes revelaciones de Jesús, con las cuales se presenta y va a ser conocido y re-conocido por sus discípulos y todo creyente: “Yo Soy el Pan de Vida” (Jn 6,35); “Yo Soy la Luz del Mundo” (Jn 8,12); “Yo Soy la Puerta” (Jn 10.7-9); “Yo Soy el Buen Pastor” (Jn 10,11); “Yo Soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11,25); “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6) y “Yo Soy la Vid Verdadera” (Jn 15,1).

Por su parte, el Evangelio de San Lucas, resalta monseñor Moronta, “es un relato directo y que nos plantea de manera clara los dos temas que nos interesan; el de la Palabra y el de la Eucaristía. Aquél es presentado en el encuentro del desconocido (Resucitado) con los desconsolados discípulos. Su tristeza era tal que no lo descubrieron mientras iban por el camino, aunque sí iban experimentando el ardor de los corazones por la Palabra que les iba diciendo mientras les explicaba las Escrituras. El reconocimiento llega cuando el desconocido “parte el pan”. Sus ojos se abren: el pan eucarístico  es reconocimiento del Señor. En ese momento, la fe también reconoce el pan de la Palabra”.

El relato de los discípulos de Emaús es una muestra y comprobación de dos cosas. La primera: ellos pueden reconocer a su Señor, que les ha hablado, en la fracción del pan. Por tanto, podemos deducir que ya el Maestro, de alguna manera les había instruido al respecto. Esa instrucción llegó a su culmen durante la Última Cena cuando instituyó la Eucaristía cual memoria de su Pascua y Sacramento de la Nueva Alianza. La segunda: es la aceptación y praxis común de los primeros cristianos que se reunían para orar y compartir en caridad, en torno a la enseñanza de los Apóstoles (Palabra) y la fracción del pan (Eucaristía). Así aparece reflejado en el primero de los “sumarios” de la vida de la comunidad de Jerusalén.

El obispo de San Cristóbal dio unas recomendaciones para la Catequesis y la Evangelización como: Darle a la Catequesis la dimensión bíblica y litúrgica integral que requiere; “La Catequesis debe ser colocada en relación con la liturgia así se evita el riesgo de reducir el conocimiento de la doctrina cristiana a una bagaje intelectual inoperante o el de empobrecer la vida sacramental” (Estatuto Sinodal 426.b); por medio de la Catequesis se ha de transmitir la Palabra de Dios de modo completo e íntegro, es decir, sin falsificaciones, deformaciones o mutilaciones, en todo su significado y su fuerza.

Subrayó que los catequistas se deben formar adecuadamente en Biblia y Liturgia; en el caso de la Catequesis preparatoria a la Primera Comunión se debe educar a los catequizandos y sus padres en la dimensión integral de la Eucaristía como mesa del pan de la Palabra y de la Eucaristía; promover la formación bíblica en todos: creyentes, alejados y hombres de buena voluntad; de igual manera la formación litúrgica integral; la pedagogía catequística exige presentar la Biblia dentro de la Liturgia.

En cuanto a la liturgia Eucarística recomendó promover la auténtica formación litúrgica en el pueblo de Dios, de modo que se comprenda que se comparte la única mesa de la Palabra y de la Eucaristía; asimismo, introducir a la comunidad eclesial en el dinamismo de una eclesiología eucarística que vive, celebra y anuncia lo que vive. “La Iglesia es una Comunidad Eucarística llamada a realizarse en torno al memorial de la Pascua de Cristo para irradiar la gracia del Señor resucitado” (Estatuto Sinodal 680).

De igual forma, desarrollar los ministerios, oficios y funciones que permitan la digna celebración y la fructuosa participación de los fieles en la Eucaristía; preparar y formar a los ministros que tienen que ver con la Palabra y el servicio del altar.

Enfatizó que los sacerdotes se esfuercen por preparar, con la ayuda de los equipos parroquiales de liturgia, la celebración eucarística y que la Palabra anunciada en la celebración sea debidamente preparada y vivida, “es necesario mejorar la calidad de la homilía: que sepa ayuda a compartir el pan de la Palabra y de la Eucaristía. Ello exige que se debe preparar y que esté centrada en los textos bíblicos y litúrgicos correspondientes”.

Finalmente, monseñor Moronta recomendó para la vida de esta Iglesia: tener siempre presente la centralidad focal de la Palabra y de la Eucaristía; hacer realidad el que la Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía y tener siempre presente que la Palabra convoca a la Iglesia para la Eucaristía y que desde ésta, la misma Iglesia evoca la Palabra de Dios.