Venezuela: Familia, presente y futuro de la sociedad

Presentación de la campaña episcopal

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CARACAS, viernes 4 noviembre 2011 (ZENIT.org).- La Comisión Episcopal de Familia e Infancia, a través de su Departamento Nacional de Familia se prepara a la celebración de 21 años ininterrumpidos de la campaña nacional “Abrazo en Familia”, bajo el lema: “Familia, en tus manos está el presente y el futuro de la sociedad”.

La campaña, que se lleva a cabo del 6 al 13 de noviembre, busca que las familias profundicen, a través de encuentros, en el gran compromiso de ser la primera y fundamental escuela de virtudes humanas que toda sociedad necesita para su recta convivencia y desarrollo.

Como afirman los organizadores es en “la familia donde se aprenden los deberes del compromiso y participación social” ya que “tiene en sus manos el presente y el futuro de una sociedad más humana, solidaria, respetuosa, generadora de vida y paz”.

Por tal motivo, este tiempo de celebración para las familias, es considerado muy especial para la Iglesia en Venezuela.

El Departamento Nacional de Familia e Infancia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), invita a todos: sacerdotes, religiosos, matrimonios, familias, comunidades, colegios, parroquias, movimientos laicales y familiares, etc, a que acojan con disposición el material de la campaña nacional del “Abrazo en Familia”, que pueden solicitar en los departamentos de pastoral familiar de sus diócesis, así como descargar en la web oficial: www.pastoralfamiliarvenezuela.org.

El presidente de la Comision Episcopal de Familia e Infancia de la CEV y obispo de Barinas Ramón Linares ha dirigido con este motivo un mensaje a las familias venezolanas.

“Al hablar de la familia creo que debo comenzar por dirigir una ojeada a la realidad de nuestras familias que lamentablemente viven y padecen las mismas consecuencias de cualquier familia del tercer mundo”.

El obispo lamenta que, a pesar de las riquezas con que Dios ha bendecido esta tierra, “nuestras familias viven todavía, y sin una esperanza cercana de solución, las consecuencias de una dolorosa realidad económica: carencia de alimentos, de trabajo, de vivienda, de medicinas, de ropas, de salud, de educación”.

Pero más grave que la económica, afirma el obispo, “es la pérdida de los valores familiares en lo que no cabe duda juega un papel relevante el individualismo, el subjetivismo y el relativismo moral”.

“Como la familia es la pieza fundamental del engranaje social hay que afirmar –añade- que la crisis de familia es también la crisis de la sociedad”.

Para el obispo, la crisis económica de la familia suele ser fruto tanto de errores personales como de errores políticos y sociales “debido a una pésima gestión de la acción política y de la acción social”, pero nunca se puede afirmar que sea un objetivo buscado.

En cambio, “la destrucción de la familia como un valor fundamental y como fuente primera de todos los valores que hacen la persona, es un proyecto bien programado y un veneno sutilmente inoculado que mina la misma institución familiar por ver en ella un obstáculo para el logro de sus fines”.

La familia, afirma, “es hoy más que nunca, motivo de gran preocupación por parte de la sociedad y de la Iglesia. La sociedad humana está fundada sobre la familia y en inseparable relación con el funcionamiento de la familia está el funcionamiento de la sociedad”.

Según el prelado, “la sociedad consumista y hedonista busca por diversos medios reducir la valoración de la familia a la esfera de lo personal y subjetivo, pero sin correlación alguna con el bienestar de la persona y de la sociedad. Creo que un objetivo del 'Abrazo en Familia' este año va dirigido a reafirmar una firme convicción de que la familia es la más preciosa bendición con que pueda contar una sociedad”.

A nivel personal, añade, “en la familia encuentra el hombre el lugar natural para su propia realización como hombre y como la mujer, como padre y como madre y garantía segura para el futuro de los hijos”.

“Si en la familia --subraya--: padre, madre e hijos no logran una robusta armonía organizativa, espiritual y humana, es decir, si no llega a funcionar como perfecta 'comunión de vida y de amor' , tampoco el entorno social en que se mueve vivirá en paz y armonía, sino en interminable situación de crisis personal y social”.

“En la familia nace la vida, en el seno de la familia el niño se va construyendo como persona, y se comprende como ser social y solidario. Por eso me atrevo a decir que cuando Dios dice: 'ahora vamos a hacer el hombre' debía estar pensando en la familia como forjadora de hombres y mujeres”, subraya.

Y concluye afirmando que “actuar en pro de la familia, apoyar la solidez de su estructura interna como una exigencia natural, acompañarla en su proceso de formación humana y cristiana es trabajar por el futuro de la sociedad”.