Vía Crucis en el Coliseo de Roma por los cristianos perseguidos

Guiado por las meditaciones del cardenal arzobispo de Hong Kong

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El Vía Crucis de la noche de este Viernes Santo, presidido por Benedicto XVI en el Coliseo de Roma, no sólo recorrerá el camino de la cruz de Cristo, sino también el de los cristianos perseguidos.

Dará voz a sus sufrimientos y esperanzas el cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong, a quien el Papa ha encomendado la redacción de las meditaciones y oraciones que acompañan las catorce estaciones.

Nacido en una familia católica hace 76 años en Shangai, el joven postulante entró siendo muy joven en el seminario de los salesianos en Hong Kong. Se doctoró en filosofía en Roma, en la universidad salesiana, en 1964.

Ha sido superior de la provincia china de los salesianos y, en 1989, se convirtió en el primer sacerdote de la diócesis de Hong Kong, autorizado por China popular a visitar el continente para enseñar en los seminarios «oficiales» (reconocidos por la Asociación Patriótica católica).

En la oración inicial del Vía Crucis el purpurado enmarca su propósito explicando que el Coliseo constituye un recuerdo de los primeros cristianos que «entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte por su fidelidad» a Cristo.

«Los Coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos, allí donde nuestros hermanos, como continuación de tu Pasión --dice en su oración dirigida a Cristo--, son todavía hoy perseguidos duramente en diversas partes del mundo».

En la introducción, el purpurado presenta el valor que hoy tiene este sufrimiento: «En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal», añade.

Pero este recuerdo quiere evitar todo espíritu de odio ante los perseguidores, al contrario eleva una oración por ellos.

En la undécima estación, que recuerda la promesa de Jesús al buen ladrón de acogerle en el Paraíso, los fieles reunidos en la noche de Roma con velas elevarán esta plegaria: «"Jesús, acuérdate de nosotros": digámoselo por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos».

Pero las meditaciones plantean también preguntas dramáticas: «Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales, y frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos?».

En la última estación el cardenal en su meditación responde a esta pregunta: «¿Estamos en lo cierto de tener prisa y pretender ver rápidamente una victoria de la Iglesia? ¿Acaso no es nuestra victoria la que tenemos ansia de ver? Señor, haznos perseverantes para estar junto a la Iglesia del silencio y aceptar desaparecer y morir como el grano de trigo».

«Haznos escuchar tu palabra, Señor: "No tengáis miedo. Yo he vencido al mundo. No falto nunca a la cita. Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Señor, aumenta nuestra fe», concluye.

En la sección de documentos de la página web de Zenit pueden leerse las oraciones y meditaciones compuestas por el cardenal para el Vía Crucis: http://www.zenit.org/article-26732?l=spanish

Por Jesús Colina