Viaje de Benedicto XVI a América: entre la fe y la esperanza

El cardenal Ouellet analiza el significado de la visita papal

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 14 febrero 2012 (ZENIT.org).- Según el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, el papa va a México y Cuba para fortalecer la fe de un pueblo amenazado hoy por los vientos del secularismo.

En una entrevista concedida al diario vaticano L'Osservatore Romano, publicada este martes, el cardenal Ouellet afirma que “la presencia del papa en Cuba y México tendrá un significado que va más allá de cualquier valoración cultural o política, porque su finalidad principal será la de confirmar y fortalecer la fe de la inmensa mayoría de los pueblos de América Latina”.

“Por cierto –añade- que no se debe perder de vista los contextos y las circunstancias en los cuales se desarrollará esta visita pastoral. La peregrinación del Papa será sobre todo el anuncio de Cristo, esperanza del continente. En este sentido, su presencia tendrá como efecto el anticipar de alguna manera, el Año de la fe para América Latina”.

El papa ha exhortado a los pueblos latinoamericanos a renovar su vocación a la esperanza, mientras se constata que América se presenta ante el mundo con un protagonismo emergente.

El cardenal observa que ante este protagonismo de América Latina “se espera de ella una importante contribución a la superación de la grave crisis, centrada principalmente en los Estados Unidos y en algunos países europeos. La principal contribución de América Latina al mundo, sin embargo, es su originalidad histórico-cultural de una fe inculturada en la vida de los pueblos, simbolizada por excelencia en el rostro mestizo de Nuestra Señora de Guadalupe. Sin ella, no se hablaría de América Latina como continente de la esperanza”.

Sin embargo todavía queda un largo camino por recorrer para lograr una integración aceptable entre los distintos pueblos.

El cardenal Ouellet subraya que “América Latina lleva marcada en su historia una vocación de unidad, fundada en la cercanía geográfica de sus países, con un lenguaje y una cultura común, con acontecimientos históricos comunes y sobre todo con la fe católica que marca toda su vida. Esto se manifiesta en el profundo sentido de hermandad vivido entre los latinoamericanos. La integración económica y política ha dado pasos muy importantes en las últimas décadas en América Latina, pero sigue siendo insuficiente y está plagado de obstáculos y resistencias. Amenaza con empantanarse si se mantiene en el nivel de los intercambios comerciales o de las retóricas políticas.

Se necesitan bases más sólidas y una mística que sólo puede ser dada por un renovado sentido de la identidad, y por la unidad de los pueblos animados con la vitalidad de la fe católica”.

¿Cómo puede afrontar la Iglesia los desafíos de la la pobreza, el analfabetismo, la inseguridad social, las amenazas a la vida por nacer, la corrupción, la violencia o el tráfico de drogas?

El cardenal reconoce que estos son problemas sociales “ciertamente muy graves y urgentes”. “La misión de la Iglesia –añade- abarca todas las necesidades de los individuos, de las familias y pueblos. No puede faltar su compromiso en todos los niveles, especialmente en la responsabilidad que concierne a los laicos, protagonistas de los movimientos de solidaridad, de paz y de justicia, sostenidos por el testimonio evangélico de los religiosos y de las enseñanzas y orientación de sus pastores. Debemos hacer más y mejor en línea con lo trazado por la encíclica Caritas in veritate, y con la convicción de que la solución a los problemas sociales no proviene de las ideologías del mundo, siempre parciales y decepcionantes, sino con la caridad creativa, perseverante y concreta para ayudar a las personas y cambiar las estructuras injustas”.