Videomensaje del Papa a la Universidad Santo Tomás de Manila

A los 400 años de su fundación

| 1397 hits

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 31 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el videomensaje que el Santo Padre Benedicto XVI grabó con ocasión del 400º aniversario de la fundación de la Universidad Pontificia de Santo Tomás, en Manila (Filipinas).

La celebración del aniversario se realizó el pasado 28 de enero, en la memoria litúrgica de santo Tomás, en presencia del Enviado Especial del Papa, el eminentísimo cardenal Zenon Grocholewski:

* * * * *

Eminencias, excelencias, queridos amigos,

estoy encantado de enviaros mis cálidas felicitaciones a los estudiantes, personal y alumnos de la Universidad Pontificia de Santo Tomás en vuestra celebración del 400 aniversario de su fundación.

Es un evento importante en la vida de la Iglesia y, a pesar de que no puedo estar físicamente con vosotros, estoy contento de poder, al menos, hablaros de esta manera, para unirme a vosotros espiritualmente, y dirigiros mis cariñosas felicitaciones en esta feliz ocasión.

Recuerdo con agradecimiento a muchos sacerdotes, religiosos y laicos que, en la Santo Tomás, han transmitido a generaciones de filipinos, la fe, el conocimiento y la sabiduría que se encuentran en las ciencias religiosas y seculares. En particular quiero recordar a su fundador, el obispo Miguel de Benavides, y el gran compromiso de los dominicanos que han dirigido la institución a través de los muchos desafíos vividos durante los pasados cuatro siglos.

Como sabéis, la Universidad de Santo Tomás es la institución más antigua de la educación superior católica en el lejano oriente y que continua ejerciendo un importante papel en la Iglesia de la región.

Confío en que, con la fe y la razón que siempre forman parte integrante la educación, vuestra Universidad continúe contribuyendo al enriquecimiento intelectual, espiritual y cultural de Filipinas y más allá.

Rezo también para que busquéis el conocimiento de lo humano y lo divino siempre a la luz de la claridad máxima que encontramos en la persona de Jesucristo (cf. Jn 8, 12).

Invocando la sabia intercesión de vuestro celestial patrono, Santo Tomás de Aquino, imparto gustoso mi Bendición Apostólica como prenda de gracia y de paz.

[Traducción del original inglés por Carmen Álvarez

©Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]