Violencia contra la cristianos paquistaníes

Continúan los problemas para esta pequeña minoría

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ROMA, domingo, 30 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- Para muchos en el hemisferio Norte, las pasadas semanas han sido de vacaciones y descanso. Para los cristianos en Pakistán, por el contrario, han sido un tiempo de violencia y muerte.

El 30 de julio, una multitud de miembros de una organización prohibida de musulmanes extremistas, Sipah-e-Sahaba, comenzó a prender fuego los hogares cristianos en una aldea cercana a la ciudad penjabi de Gojra, informaba el 1 de agosto Associated Press. El ataque tuvo lugar por acusaciones de que un ejemplar del Corán había sido roto.

Se quemaron cerca de 40 casas que pertenecían a cristianos, seis cristianos fueron asesinados atrapados en una de ellas.

“Los alborotos religiosos… son espantosos, puesto que los defensores religiosos islámicos se han tomado la justicia por su mano”, afirmaba en una declaración citada por Associated Press Mehdi Hassan, subdirector de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.

Según un reportaje publicado el 31 de julio por agencia de noticias católica asiática UCAN, la violencia se desató tras un ataque a la cercana aldea cristiana de Korian el 30 de julio. Korian era el hogar de cerca de 100 familias cristianas, la mayoría trabajadores.

El reportaje de UCAN elevaba el número de hogares destruidos en Korian a 60 y también afirmaba que dos iglesias pertenecientes a la Iglesia de Pakistán y a la Nueva Iglesia Apostólica habían sido destruidas.

Políticos cristianos y sacerdotes católicos condenaron los ataques y exigieron una investigación de los asaltos. UCAN informaba que un grupo de siete sacerdotes católicos había visitado el lugar.

“Uno no puede si no llorar ante el rastro de destrucción dejado atrás”, declaraba a la agencia el padre Aftab James Paul, director de la Comisión de Diálogo Interreligioso de la diócesis de Faisalabad.

Mensaje papal

Benedicto XVI envió un telegrama a la Iglesia de Pakistán tras los asesinatos, informó Radio Vaticano el 4 de agosto. La información del Vaticano elevaba a 8 el número de muertes. Al enviar sus condolencias, el Papa pedía a los obispos que respaldaran a la comunidad diocesana y a todos los cristianos en Pakistán.

El pontífice pidió que los cristianos no cesaran en sus esfuerzos por ayudar a construir una sociedad que, con sentido profundo de confianza en los valores religiosos y humanos, esté marcada por el respeto mutuo entre todos sus miembros.

En un reportaje el 3 de agosto, el New York Times daba más detalles sobre los asesinados. Murieron siete miembros de la familia Hameed, seis quemados vivos, y uno golpeado por la multitud. Cuando ardió la casa, la multitud que estaba fuera amenazó a la familia con la muerte si intentaba salir.

Según el New York Times, fueron incendiadas y saqueadas más de 100 casas de cristianos en un lapso de tiempo de ocho horas.

El artículo también llamaba la atención sobre la discriminación contra los cristianos en Pakistán. Con pocas excepciones, la mayoría de ellos estás relegados a las tareas más ínfimas, como barrer.

Otro problema es la ley contra la blasfemia, que suele usarse para provocar el odio a los cristianos.

“La ley contra la blasfemia se está usando para aterrorizar a las minorías en Pakistán”, afirmaba Shahbaz Bhatti, ministro para las minorías de Pakistán, en una entrevista en Gojra, informaba el New York Times.

Minorías

De hecho, los acontecimientos en los meses anteriores a los alborotos de Gojra dan testimonio de las palabras del ministro. El 13 de mayo, Associated Press informaba que estaban aumentando los asaltos violentos contra las minorías religiosas, debido a la influencia creciente de los talibanes.

El artículo afirmaba que en docenas de entrevistas a lo largo del país las minorías hablaban de los ataques y amenazas y expresaban su terrible miedo.

Según el CIA World Factbook, las minorías religiosas representan cerca del 5% de los 160 millones de habitantes de Pakistán.

Un caso ilustrativo fue tema de un reportaje el 6 de mayo de una agencia especializada en noticias de persecución contra cristianos, Compass News Direct. Hector Aleem, un cristiano paquistaní, fue acusado de incitar a la blasfemia contra el Islam, se le negó la fianza por su propia seguridad, después de que un abogado islamista amenazara supuestamente su vida en una audiencia judicial.

“Si el juez no castiga a Aleem según la ley, entonces lo mataremos nosotros mismos”, afirmó Tariq Dhamal, abogado de un demandante sin nombre. Según el artículo, incluso el juez temió por su vida ante los extremistas si no condenaba a Aleem.

Reacciones

Los cristianos paquistaníes reaccionaron al último ataque declarando que cerrarían sus escuelas y colegios a lo largo del país durante tres días, según informó Associated Press el 3 de agosto.

El artículo también mencionó que Gojra está en la región paquistaní  de Faisalabad, que tiene colegios islamistas de la línea dura. El grupo Sipah-e-Sahaba, que se declaró responsable de los desenfrenos, tiene un grupo afiliado, Lashkar-e-Jhangvi, que está ligado a los talibanes y a al-Qaeda, según Associated Press.

Sin embargo, además de las protestas, la Iglesia está haciendo esfuerzos por traer la paz, informaba la agencia UCAN el 3 de agosto.

La Iglesia católica ha creado un comité compuesto por dos obispos, tres sacerdotes católicos y varios consejeros, que se están reuniendo con políticos y clérigos musulmanes para parar cualquier ulterior violencia.

El 6 de agosto, UCAN informaba que los obispos católicos de Pakistán están pidiendo al gobierno que abrogue las leyes contra la blasfemia, afirmando que se están empleando mal y causan problemas a las minorías en Pakistán.

Durante una rueda de prensa el 4 de agosto en el Karachi Press Club, el arzobispo de Karachi, Monseñor Evarist Pinto, exigió al gobierno abolir las leyes contra la blasfemia, hacer públicos los hallazgos de su comisión de investigación y proporcionar compensación inmediata a las víctimas del ataque a la aldea de Gojra del 1 de agosto.

Estas leyes hacen del insulto al Corán un delito castigado con hasta cadena perpetua, además de condenar a pena de muerte a cualquier persona condenada por insultar al profeta Mahoma, según UCAN.

El 10 de agosto, UCAN informaba que una de las misas tras los sucesos de Gojra tuvo lugar en la iglesia del Sagrado Corazón de la localidad.

Durante la misa, el obispo de Faisalabad, Monseñor John Samuel, comentaba: “Aunque creemos que los que mueren por su fe van al cielo, hay quienes asesinan a otros por la promesa del cielo”.

“Sólo la Palabra de Dios puede traer consuelo a nuestros doloridos corazones”, añadió.

UCAN también informó que, según fuentes de la Iglesia, las agresiones causaron 10 muertos, incluyendo a tres niños y tres mujeres. La policía ha arrestado a 80 musulmanes por estos ataques y se ha establecido una comisaría de policía en Gojra.

Necesidad de un nuevo modelo

El 13 de agosto, L’Osservatore Romano publicaba una entrevista con el nuncio de la Santa Sede en Pakistán, el arzobispo Adolfo Tito Yllana.

El nuncio abogó  por un nuevo modelo cultural en Pakistán. No es sólo una cuestión de cambio de leyes, afirmó, aunque criticó la ley contra la blasfemia. A nivel más profundo, hay necesidad de un diálogo que transforme la sociedad conduciéndola a la reconciliación y la paz, explicó.

El representante vaticano también apuntaba que en Pakistán no sólo se persigue a los cristianos. Otras minorías, como los sijs, también están sufriendo violencia o discriminación.

Este diálogo no es sólo tarea de los líderes religiosos, añadía el nuncio, sino que debe implicar también a toda la población si se quiere una transformación de la sociedad. El diálogo debe llevar a un cambio de mentalidad, para que haya una cultura de tolerancia, comentaba.

No se trata de arrebatos violentos ocasionales como las matanzas en Gojra, añadía el nuncio. Hay muchos episodios de intolerancia en las aldeas y en las ciudades de Pakistán, pero los medios no los denuncian.

Necesitamos ayudar a los musulmanes a cambiar su percepción de los cristianos, concluía el nuncio. Una meta que será ciertamente difícil de lograr dada la actual situación en Pakistán.

Por el padre John Flynn, L. C.. traducción de Justo Amado