Violencia, corrupción y riqueza; ídolos que siguen seduciendo; según el Papa

Comenta el Salmo 61, «La paz en Dios», durante la audiencia general

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 noviembre 2004 (ZENIT.org).- La violencia, la corrupción, y la riqueza son tres ídolos que con frecuencia suplantan el puesto de Dios en los corazones, consideró Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles.



La confianza en Dios, por el contrario, es la única «roca» de la existencia humana, es decir, «una fortaleza y un baluarte de protección», añadió el pontífice quien dedicó el encuentro a comentar el Salmo 61, «La paz en Dios».

El pasaje poético bíblico comienza con las famosas palabras: «Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de Él viene mi salvación; sólo Él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré».

La fuerte lluvia con la que amaneció Roma en ese día impidió que el encuentro se celebrara en la plaza de San Pedro al aire libre. Dado que la afluencia de peregrinos era muy elevada, el encuentro se celebró en dos momentos y lugares.

El Santo Padre se dirigió primero a saludar a los fieles de lengua alemana e inglesa, congregados en la basílica vaticana, y posteriormente, en el Aula Pablo VI, a los demás fieles.

Con ellos continuó la serie de comentarios que viene ofreciendo desde hace meses sobre los cánticos y salmos de la Biblia que forman parte de la Liturgia de las Vísperas, la oración de la Iglesia al anochecer.

En la meditación desenmascaró los «tres ídolos» que el Salmo califica de «contrarios a la dignidad del hombre y a la convivencia social», según constató el mismo pontífice.

«El primer falso dios es la violencia a la que la humanidad sigue recurriendo por desgracia también en nuestros días ensangrentados --subrayó--. A este ídolo le acompaña un inmenso cortejo de guerras, opresiones, prevaricaciones, torturas y asesinatos execrables, cometidos sin remordimiento».

«El segundo falso dios es el robo --añadió citando el salmo--, que se manifiesta en la extorsión, en la injusticia social, en la usura, en la corrupción política y económica. Demasiada gente cultiva la "ilusión" de satisfacer de este modo su propia codicia».

«Por último --explicó--, la riqueza es el tercer ídolo al que "se apega el corazón" del hombre con la esperanza engañosa de poderse salvar de la muerte y asegurarse el prestigio y el poder».

«Al servir a esta tríada diabólica, el hombre olvida que los ídolos no tienen consistencia, es más, son dañinos. Al confiar en las cosas y en sí mismo, olvida que es "un soplo", "apariencia"», siguió comentando de la mano del pasaje bíblico.

«Si fuéramos más conscientes de nuestra caducidad y de nuestros límites como criaturas, no escogeríamos el camino de la confianza en los ídolos, ni organizaríamos nuestra vida según una jerarquía de pseudo-valores frágiles e inconsistentes», advirtió.

«Optaríamos más bien por la otra confianza, la que se centra en el Señor, manantial de eternidad y de paz. Sólo Él "tiene el poder"; sólo Él es manantial de gracia; sólo Él es plenamente justo», concluyó.

Es posible consultar la serie de meditaciones sobre los cánticos y salmos de la Liturgia de las Vísperas que ha ofrecido el Papa en la sección «Audiencia del miércoles» de la página web de Zenit (www.zenit.org).