Vivir la grandeza de los amores que aquí se respiran

Clausura del Año Santo de Gracia-Poveda

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GUADIX, miércoles 9 noviembre 2011 (ZENIT.org).- Con una solemne eucaristía, se clausuró en Guadix, España, el 30 de octubre el Año Jubilar celebrado por el cincuenta aniversario de la coronación canónica de la Virgen de Gracia y los cien años de la fundación de la Institución Teresiana en Covadonga por san Pedro Poveda, que inició aquí su ministerio sacerdotal. 

Las palabras del obispo de la diócesis Ginés García Beltrán introdujeron a los participantes en el acto: “A Cristo lo adoramos en la eucaristía, lo veneramos en sus imágenes y en tres signos habituales: el altar, el evangelio y el cirio pascual. Muy raramente, en un cuarto signo lleno de profundidad:la Puerta Santa, que abre y cierra cada Jubileo en las basílicas romanas y en muy pocos y escogidos templos de la cristiandad”.

Recordó el pastor que, en el capítulo 10 del Evangelio de san Juan, Cristo dice: “Yo soy la Puerta”. “Cada Puerta Santa Jubilar es el signo de Cristo que quiere hacernos entrar en Él”, dijo.

Fue el obispo el último de los peregrinos en arrodillarse a orar, acompañado por los sacerdotes concelebrantes.

Cada gesto litúrgico de la celebración, escondía tras de sí una significación llena de la hondura más hermosa de la fe cristiana. En la procesión de ofrendas, un ramo de rosas de múltiples colores, quiso significar la diversidad de personas que, durante 365 días ha ido desfilando sucesivamente por la iglesia jubilar. Todavía en la celebración de la clausura estaban presentes distintos  grupo de peregrinos.

Se leyó una carta de Loreto Ballester, directora general de la Institución Teresiana, fundada por san Pedro Poveda, que inició su acción evangelizadora y socioeducativa en las cuevas de Guadix.

Los asistentes se fueron con las palabras del obispo que eran un llamamiento: “Se ha cerrado la Puerta Santa pero Cristo bendito, puerta de toda santidad, continúa abierto para todos los fieles que se acercan a esta ‘cueva excavada como un pozo inagotable de la misericordia de la Virgende Gracia’. Este santuario os sigue convocando a vivir la grandeza de los amores que aquí se respiran, María Santísima y san Pedro Poveda como referentes inequívocos del amor de Cristo que nos mira desde los brazos de su Madre”.