Weigel: no hay nada comparable a la teología del cuerpo

Contrasta con la visión actual de “sexo como deporte”

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BALTIMORE, martes 21 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Las enseñanzas sobre la teología del cuerpo de Juan Pablo II ofrecen una visión curativa de la sexualidad humana, con la que la cultura hoy dominante no puede estar de acuerdo, afirma el autor y pensador católico norteamericano George Weigel.

El escritor hizo esta afirmación en el discurso de apertura de la 77ª Conferencia Educativa Anual de la Asociación Médica Católica sobre la aplicación de la teología del cuerpo de Juan Pablo II a la práctica de la medicina.

306 médicos y 18 estudiantes de Medicina se reunieron del 9 al 12 de octubre en Baltimore (Maryland, Estados Unidos) para reflexionar sobre el tema “Teología del Cuerpo: Desafíos Modernos a la Salud, la Conciencia y la Dignidad Humana”.

La conferencia anual, que se ha celebrado bajo el patrocinio de la mujer, madre y médico italiana santa Gianna Beretta Molla, se abrió con una Misa presidida por el cardenal William Keeler, arzobispo emérito de Baltimore. El arzobispo monseñor Edwin O'Brien, que actualmente está al frente de la sede episcopal de esta ciudad estadounidense, presidió en cambio la misa de clausura.

Weigel, autor de la biografía del Papa Juan Pablo II “Testigo de Esperanza”, afirmó que el siglo XXI se caracteriza por la cuestión del ser o de la nada: “estamos siendo testigos de un nuevo gnosticismo, en el que se cree que el mundo material, incluso el cuerpo humano, es totalmente maleable y modificable”.

Este nuevo gnosticismo, observa, sostiene que “todo lo que puede ser modificado debería serlo”, y que esta tendencia se nota sobre todo en el campo de la sexualidad humana.

Cuando en este campo nada se considera como un don, se llega a una “dictadura del relativismo”, afirmó el autor, citando el discurso del entonces cardenal Joseph Ratzinger en el cónclave que trajo su elección como Benedicto XVI.

Colisión de verdades


Cuando “mi verdad y tu verdad colisionan”, afirmó Weigel, estas realidades inconciliables se resuelven a través del poder coercitivo del Estado.

El escritor puso esta visión de la “sexualidad convertida en un deporte” en contraste con las enseñanzas de Juan Pablo II en su teología del cuerpo, sobre la que el difunto Pontífice ya estaba trabajando durante el cónclave que le llevó a ser elegido Papa.

La respuesta cristiana a este nuevo gnosticismo se encuentra en la “teología del cuerpo”, declaró Weigel, y ofrece una visión ampliada de la historia bíblica presente en el libro del Génesis.

Juan Pablo II, explicó, miraba a los inicios, a cuando Dios llamó a la vida al primer hombre, y después a la primera mujer. El Papa había descubierto que antes del pecado original existían la soledad original del primer hombre (Adán), la unidad original del hombre con la mujer (Eva) y de ambos con Dios y la original desnudez sin vergüenza.

Juntos descubrieron el amor de Dios a través de un don libre de sí mismos, y de la apertura al donde la fertilidad, añadió. Juan Pablo II consideraba que la unidad original de Adán y Eva -y de ambos con Dios- se rompió cuando estos se utilizaron recíprocamente en lugar de donarse libremente el uno a la otra.

El don de sí en el santo matrimonio, con la plena apertura del uno al cuerpo de la otra, es un icono del amor de Dios, observa Weigel.

Según él, esta enseñanza nueva, ahora disponible para toda la Iglesia católica, desde los escritos originales de Juan Pablo II a las publicaciones de otros autores, ofrece a la cultura dominante, que considera el sexo como un deporte, una visión curativa que no tiene comparación con nada de lo que esta cultura pueda ofrecer.

Por Robert F. Conkling, traducción de Inma Álvarez