Y Jesús subió a la barca...

Entrevista al arzobispo italiano de Agrigento ante el viaje del papa a Lampedusa

Roma, (Zenit.org) Redacción | 618 hits

Con motivo de la reciente visita pastoral del papa Francisco a las islas sicilianas de Lampedusa y de Linosa, en la diócesis de Agrigento, y ante la cercanía del "Domingo del Mar" que se celebra mañana en todo el mundo, ofrecemos a nuestros lectores la entrevista realizada por el Pontificio Consejo para la Familia a monseñor Francesco Montenegro, arzobispo metropolitano de Agrigento, sede que acoge la realidad que el papa "fue a tocar con su mano", como le gusta recomendar al santo padre.

El dicasterio vaticano recuerda que con motivo de la visita ad limina de los obispos de Sicilia, el también presidente de la Comisión de la Conferencia Episcopal Italiana que se ocupa de las migraciones, le dio al pontífice una cruz realizada en madera de las barcas de los emigrantes arribados a Lampedusa.

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Muchos extranjeros llegan con peligro a Italia, por buscar una posibilidad de vida y dejando a sus seres queridos, la familia, en el país de origen. Una dolorosa erradicación…

- Arzobispo Montenegro: Esta es la herida más grande, la ruptura psicológica, moral y espiritual, más lacerante, que deja señal para toda la vida; la separación de la propia tierra, de los seres queridos, de la propia familia. Esta erradicación del ambiente afectivo y familiar es la mayor causa de sufrimiento y la razón de tantas dificultades de integración en el nuevo contexto. Son personas heridas del corazón y del alma, que tienen la necesidad de un abrazo de la comunidad que les acoge, para sentirse una familia.

¿Qué significa esta visita del papa a Lampedusa, la isla de mayor desembarco de países del sur del Mediterráneo, que vive el mayor drama de la migración y al mismo tiempo es un ejemplo de solidaridad?

- Arzobispo Montenegro: La visita del papa es una gracia especial para la Iglesia Agrigentina y para toda la comunidad cristiana. Su esperanza nos ayuda a mirar la realidad y la historia con ojos de Dios. El papa Francisco ha dicho que la vida se comprende mejor en la periferia y es allí donde debemos comprometernos y estar con el amor de Cristo. Lampedusa es la periferia de Europa. La presencia de este papa, que aparece al balcón de la pobreza para abrazar al mundo, nos ayudará a comprender mejor el sufrimiento de tantos hijos de Dios y que la migración no es una emergencia, sino una condición ordinaria. Es una invitación a conocer mejor nuestra comunidad, la familia, los jóvenes, los inmigrantes, los emigrantes, y también para abrir los horizontes de nuestra capacidad de dar. La solidaridad y la acogida fraterna de la gente de Lampedusa, generosa, a través de tantas dificultades, son un ejemplo de cómo podemos estar cercanos los unos junto a los otros, con los brazos abiertos para dar cabida a otros en nuestros corazones y en nuestras vidas.

Crecen las familias de inmigrantes... ¿Cómo deberían adecuarse la sociedad y nuestra cultura?

- Arzobispo Montenegro: No se trata de un problema de "adecuación". La integración es poner en común la riqueza de la vida y de la cultura que cada uno tiene. Juntos, debemos aprender el camino de la convivencia, el uno junto al otro, el uno con el otro y no en contra del otro. Las necesidades de las personas son universales. La preferencia de Lampedusa para el primer viaje pastoral es un mensaje fuerte del papa Francisco a la Iglesia y al mundo: no se pueden ignorar más los gritos de dolor de tantos hijos de Dios, es una cuestión de justicia. Su presencia es un don especial para ayudar a comprender como sube Jesús a nuestra barca, y hacerle un espacio en nuestra vida juntos, porque sin Él nunca apoyaremos mas los pies sobre la tierra prometida. Jesús no nos abandona y con Él no estaremos más solos.

¿Hay una pastoral familiar con los migrantes? ¿Cuales son las necesidades de estas familias?

- Arzobispo Montenegro: son pocas las personas que salen desesperadas de su tierra natal a otras tierras, que pueden hacer familia. Unos se llevan a algún familiar, a una parte de su familia, pero la mayor parte están aquí solos. Los encuentros son muy difíciles. La pastoral tiene la tarea de escuchar las necesidades de las personas e ir a su encuentro. Se trata, entonces, de encontrar nuevas raíces en esta tierra en la cual viven. Vivir la familia junto a las otras familias, sintiéndose una familia con la comunidad. No hay una regla preconcebida de pastoral familiar. La pastoral de la familia está en el estrechar la mano y la sonrisa que sabemos dar, y hacer sentir a cada persona digna de ser amada, para decir a quien es inmigrante: Yo soy como tú. La pastoral es estar con el corazón en la mano, cerca de las ovejas, sobre todo las más heridas y las más frágiles.

Está en aumento la migración femenina, también de países árabes. ¿Cuáles son los problemas que encuentran las mujeres inmigrantes y cómo puede favorecerse la integración?

- Arzobispo Montenegro: La mujer tiene un precio siempre más alto que pagar, un esfuerzo para vivir de mejor manera, en un mundo que siempre es machista. Este discurso vale para las mujeres inmigrantes como para nuestras mujeres, hijas de la sociedad considerada civilizada. Muchas mujeres inmigrantes son obligadas a caer en compromisos para sobrevivir y tomar el mejor camino de vida. Ser mujer es una pobreza, y a veces una pobreza mayor. La lucha por el respeto de las mujeres es una prioridad en el trabajo pastoral.

Los niños son el futuro, la esperanza y la realización de todos los sacrificios de los que abandonan el país de origen, perdiendo una parte de sí. De qué modo la Iglesia puede colaborar con las Instituciones civiles para cuidar de los niños, de manera que se sientan plenamente hijos de la comunidad que los acoge y en cual crecen?

- Arzobispo Montenegro: La Iglesia hace su trabajo, con el amor y la dedicación de los cristianos empeñados con las numerosas estructuras de acogida y formación, "de la mano" - en sentido positivo - con las instituciones civiles, para ayudar a los niños a convertirse en adultos en la comunidad. La Iglesia es la familia de Dios. Cada bebé es el rostro de Dios, con una historia, con necesidades, materiales y espirituales. Es ayudado a convertirse en hombre bajo un cielo, que es para todos.