¡Yo permanezco en Aleppo!

Dramático llamado del obispo ortodoxo en la ciudad siria

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, Viernes 17 agosto 2012 (ZENIT.org).- Agradecido por todas los mensajes de consuelo y solidaridad recibidos, el metropolita ortodoxo de Aleppo en Siria, Mar Gregorios Yohanna Abraham, ha ratificado su voluntad de permanecer al lado de la población --bombardeada en la actualidad por ambos frentes--, dado que “ese es uno de los deberes de un pastor”, según sus propias palabras.

A través de un reciente comunicado, el obispo narra los horrores de este conflicto interno en el país árabe, que a la fecha alcanza la dolorosa cifra de 30.000 muertos y cerca de 200.000 heridos, en más de 15 meses de ataques y contraofensivas. Por ello, la falta de voluntad de ambas partes por detener las acciones ha desalentado en las últimas horas a los organismos internacionales, en sus esfuerzos por la paz.

A esto habría que sumar el número de desplazados internos, que según la ONU serían aproximadamente 2,5 millones, algunos de los cuales ya han ingresado en países limítrofes como el Líbano en un número no menor de 40.000 personas. De estos, muchos son cristianos que se refugian ante una pronosticada guerra de religiones, donde solo serían víctimas del odio hacia su fe.

Panorama devastador

En su comunicación, Mar Gregorios explica el momento que le toca vivir a un pueblo que está dividido entre los que apoyan las operaciones armadas del gobierno, y otros que se identifican con las acciones del grupo rebelde autodenominado “Ejército Libre de Siria”.

El alto prelado se pregunta si “la escasez de combustibles, electricidad, agua, pan y transporte, además de la parálisis de los mercados y el desempleo, ¿eran los privilegios y los productos de la primavera árabe en Siria?” También se lamenta de la falta de seguridad y el caos reinante, que junto con una intromisión en la vida y en la propiedad privada, se han convertido “en el orden del día”, según su dramática narración.

Advierte también que se extiende un fenómeno sin precedentes en Siria, como es el secuestro de personas a plena luz del día, cuya suerte depende de lo que se negocie con los secuestradores para su rescate –vivos o muertos.

Creer contra toda esperanza

“Ya no podemos disfrutar de nuestra convivencia pacífica, de la que se podía estar orgullosos”, es la sentencia del obispo, quien agradece por la cercanía y el consuelo recibido del mundo entero. Son evidentes la tristeza y el temor en sus palabras, aunque mantiene un cierto optimismo basado en la esperanza de que la paz es un don, fruto del diálogo y la justicia.

Por eso, como líder de la iglesia ortodoxa local, ha pedido oraciones por una salida pacífica de la crisis que traiga seguridad y estabilidad al país, a fin de que Siria sea “un lugar para todos los sirios, independientemente de sus antecedentes religiosos, culturales, lingüísticos o étnicos”, auguró.